miércoles, noviembre 18, 2009

SOCIOLOGÍA Y LITERATURA EN EL ECUADOR

Una relación bajo sospecha

Pablo Yépez Maldonado

Quito, octubre del 2009

En los nuevos tiempos, en esta era de cambios y fogosos discursos sobre la revolución y el poder de los ciudadanos; en esta época en la cual la incertidumbre da paso a la esperanza, a la posibilidad de concretar por lo menos la racionalidad del aparato estatal, la consolidación de un proyecto nacional (discutible, pero por lo menos existe una propuesta a ser discutida); en estos momentos en que se inaugura una nueva época (otra) con todos los vientos a favor a pesar de que existe un vacío de la participación de los ciudadanos en la construcción concreta o por lo menos en una base social de apoyo efectiva para concretar los cambios; preciso es hacer un breve recuento de las diversas etapas por las cuales nos ha tocado atravesar para llegar a donde estamos. Tanto desde el punto de vista de los personajes como de los actores, de los tramoyistas, de los iluminadores, de los guionistas, de los cronistas, de los que en definitiva han actuado y siguen actuando en el escenario de lo que es el actual Ecuador. Es el tiempo de la reflexión para evitar llegar a Puerto de Palos, nuevamente.

Debajo de todos los discursos, de las experimentaciones formales, de los manifiestos y de los ensayos; lo que se discute es la reubicación del poder político y cultural, como siempre que existen movimientos agitados en el decurrir de la historia. Debajo de los discursos relamidos de algunos literatos y crípticos de la mayoría de sociólogos o investigadores sociales se oculta esta realidad; en esencia cuál es el discurso que prevalece en los meandros del poder. Más allá de las repetitivas y manidas discusiones; lo que subyace en la polémica, es la construcción del discurso político recogido por los sociólogos y la construcción del canon por parte de los literatos. ¿Hasta qué punto es válida esta percepción y esta relación? Al parecer la historia actual justifica este paralelismo pues, como se demostrará en el transcurso de la presente, los personajes de novela de la décadas de los 70 y 80’s son los protagonistas de la historia real. Es posible, según los intelectuales que ocupan el Palacio de Zoonderet, construir una nueva nación –aquella permanentemente en ciernes- a partir de la edificación racional, ordenada y aséptica determinada por Senplades –que se asemeja a la versión orwelliana de la institución encargada de normar los sueños y ¡hacerlos realidad!-.

No es casual, o podría ser nada más la constatación de que debajo de la pretendida escritura científica acerca de la realidad se encubre la fantasía más delirante, que nuestro mayor sociólogo –es decir para trasladar a él alguna de las valoraciones que realizó acerca de la aceptación de las obras: pues ha sido publicado en varias editoriales y su circulación ha trascendido las fronteras patrias-, se bautizó como hombre de teatro y mantuvo una relación muy estrecha con la literatura en su intento de explicar –ya no de captar- la realidad. La fina línea divisoria entre literatura (es decir ficción) y sociología (es decir un permanente ensayo) va de la mano de la realidad cambiante, vertiginosa, a veces inasible de esta historia que se construye a golpe de forajidos, vándalos, aventureros, príncipes, marginales, políticos de caricatura, seres de carne y hueso que son retratados ficcionalmente o descritos científicamente en un esquizofrénico intento por asir la realidad, como pretendían aquellos escritores de la generación del 30, o evadirla como lo hicieron a su manera literaria y literalmente la generación que se decapitó, o aquella más actual que se retrató sí misma en su tránsito del más completo optimismo hacia su desencanto. Se arguye que los sociólogos de antaño, así como los cronistas son a los antropólogos, son los narradores; de la misma manera los ficcionalistas de hoy parecen ser los sociólogos pues no se deja de ver su impronta tras todos los proyectos de desarrollo ante una realidad que se resiste a torcer su cuello de cisne.

Esa permanente construcción del discurso, de la trama, de los personajes y de la voz narrativa son la realidad o nada más una realidad soñada; es decir personajes que se sueñan sociólogos o sociólogos que se piensan personajes[1].

CÓMO EMPIEZA EL CUENTO DE LA PATRIA

La historia tiene fracturas, fases que impelen a los actores sociales a hacer su destino aún a pesar de no tener la conciencia suficiente como para detallar todos sus aportes en los manuales oficiales que explican esos pasajes turbulentos y aún esas épocas de tranquilo discurrir de los hechos. La construcción de la añorada “identidad nacional” ha constituido el eje de reflexión de muchos pensadores; por eso no es extraño hablar de la literatura como parte importante en la configuración de las propuestas, tanto hegemónicas como contra hegemónicas.

Si se toma los mapas de circulación para arribar a la época contemporánea siempre se transita por los mismos hitos; la mirada es la distinta: Velasco o la reconstrucción del imaginario Reyno de Quito antes y durante la llegada de los sedientos de oro; Espejo y el problema de la identidad, o cómo acceder al instrumental discursivo oficial para disputar en el plano de lo erudito y/o científico los espacios del poder y del conocimiento; Mera y Montalvo son una expresión bifronte que se descuadra en el escenario pues si bien es cierto que el liberal se (con)dolió de la situación de los indios prefirió el lenguaje castizo para ser aceptado dentro de la elite de prosistas; mientras que el Mera[2] conservador y romántico hasta el desparpajo de la imitación es el que recupera cierta poesía y narraciones orales populares o los restos de la memoria colectiva luego de la larga permanencia de los españoles y la no menos devastadora acción de los marqueses y criollos en los espacios de la administración de la ya república del Ecuador. Figuras que se hicieron a sí mismas en el (des)concierto de la constitución de la república, en el imaginario de lo que podría ser el nuevo mundo; bajo la vigilancia de la iglesia dogmática, explotadora y obscurantista y en contra del anodino acontecer del quehacer intelectual de la época.

Luego de los años de configuración de ese imaginario colectivo desdibujado en un simple nombre vaciado de toda significación; la narrativa se encuentra a bocajarro con la presencia de las voces propias, las disidentes, las que buscan construir su propio lenguaje, sus propios personajes y su propia razón de ser como escritores. Emerge la literatura del montuvio, la del negro, la del cholo, la del indio (visto de lejos, pero al fin como personaje fundamental pero indescifrable); la del obrero y la narrativa de la ciudad. Con todos los desafueros que se pudieran haber cometido, dentro de una sociedad que lo que reclamaba era la “buena” literatura y esa (como hasta ahora) es la que viene de afuera, la de Francia, la de la Europa mítica, la de EE.UU. y su fabulosa capacidad para inventarse y automitificarse además de flagelarse y flagelar por supuesto. Una generación que parte del rechazo de la poesía de los decapitados al reto de constituir un proyecto nacional; una apuesta con diversos senderos y propuestas desde aquella del realismo social hasta la del realismo abierto como aquellos que constituyeron en sí mismos una escuela sin seguidores como Hugo Mayo y Pablo Palacio.

Una revisión a trancas y barrancas para llegar a lo que nos interesa; luego de la paulatina desaparición de escena de los escritores del realismo en todas sus vertientes y después de un largo silencio llegamos más o menos a la inauguración de la modernidad y su filón de oro el petróleo. Una época en la que se inaugura por decir lo menos el Ecuador actual, que sobrevivirá incluso a la debacle más grande y a la apropiación más descarada de la riqueza social por parte de la oligarquía voraz y no filantrópica.

No sé si constan las novelas a ser comentadas en el ranking de las mejores[3] pero creo que son las más significativas para el tema que nos convoca, desde la década de los 70; Entre Marx y una mujer desnuda (1976) de Jorge Enrique Adoum; El desencuentro (1976; reeditada con cambios profundos en 1983) de Fernando Tinajero[4]; Teoría del desencanto[5][6] (1989) de Raúl Pérez Torres y El devastado Jardín del Paraíso (1990) de Alejandro Moreano[7] y; en ese orden de aparición; dentro de un contexto más amplio que no pretende agotar el análisis de la narrativa del Ecuador sino poner en tela de duda, como hace la literatura y como pone en evidencia la sociología, la realidad tanto la ficcional como la realidad real ahora que podemos hablar de las múltiples realidades y universos paralelos si se quiere ser cuántico.

DE LA DESTRUCCIÓN A LA RECONSTRUCCIÓN DE LO NACIONAL

Arrasados los mitos fundacionales, derribados todos los ídolos (en la actualidad coleccionados y mercadeados por los descendientes de aquellos que los destruyeron), era necesario inventarse una patria, un concepto que abarque a todos pero sin eliminar los privilegios. El proyecto emancipador no constituye sino la parte culminante del despojo. La entrada en la historia con derechos propios (conculcados con violencia a la mayoría de los habitantes de la región); la elaboración de la Carta de Constitución de la República del Ecuador no es nada más que la consumación del sistemático atropello y desvalijamiento[8]. Nos inventamos una patria[9] para que la administren, en derecho exclusivo, los hacendados y dueños de plantaciones desconociendo la calidad de ciudadanos a la mayoría de sus habitantes y poniendo a los “venerables” curas párrocos como protectores de los ‘inocentes, abyectos y miserables’ indígenas. ¡He ahí un modelo de república!; situación que únicamente se corregirá, de alguna manera, 168 años más tarde con la irrupción del movimiento indígena en el escenario político y el reconocimiento de los derechos sociales y colectivos en la Constitución de 1998.

La subordinación del Estado a la Iglesia Católica[10] determinará en gran parte el derrotero que toman las letras y las artes en el recientemente fundado Ecuador. Tutelaje que se romperá con la revolución liberal de 1895 a pesar de que la influencia de la iglesia católica, en gran parte de la educación, la ha mantenido hasta nuestros días.

Este es el escenario donde se despliega la imaginación, los actores, los personajes y la tragedia-parodia-drama-paradoja y simulación de los ecuatorianos. En un permanente proceso de búsqueda y construcción (no es casual que algunos de los trabajos de “renombrados” cuentistas y cientistas sociales se refieran a la búsqueda de lo perdido[11]); de reconocimiento y fuga, de ampliación de los estrechos linderos patrios y retornos permanentes; de ansia de nuevos horizontes y nostalgia por el terruño –por la pacha mama-; de recuperación urbanística y olvido de aquellos que construyeron las iglesias, las catedrales, las casas coloniales y las republicanas; recuperación de los espacios de construcción de la ciudadanía sin mencionar que en aquellas plazas fueron quemados, ajusticiados, asesinados líderes indígenas. Es decir un proceso general de blanqueamiento sin que se tome en cuenta la voz de aquellos excluidos, marginados, olvidados por el poder quienes únicamente aparecen como objetos de políticas públicas o de beneficencia, objetos de estudio por parte de sociólogos y antropólogos; en el mejor de los casos, como personajes en la narrativa ecuatoriana y, en el peor, como causantes de la situación de atraso y dependencia del Ecuador actual.[12]

DÓNDE HABITA EL PUEBLO REAL, AQUEL QUE ES BUSCADO AFANOSAMENTE POR LOS SOCIOLÓGOS, ANTROPOLÓGOS Y LITERATOS

La reconstitución del escenario

Más de quinientos años después los elementos de la historia se mantienen; el mismo Dios que acompañó a los españoles en la conquista de América, ahora debidamente acuñado en papeles verdes, y las mismas y desgastadas palabras para tratar de imponer el discurso de la “modernidad” y el “progreso”, el “desarrollo” y el “futuro” y, para darle un tinte pluricultural de “sumak kawsay”.

Más allá de las expresiones de los sectores dominantes y de su desconcierto; el "levantamiento indígena"[13] constituye la irrupción de aquellos sectores "inviables" en el concierto de la historia. A la vez es la abolición de la dicotomía entre "el Norte, donde reinan el instrumentalismo y el poder, y el Sur, que se cierra en la angustia de su identidad perdida", que según Alain Touraine, no está debidamente delimitada y, precisamente, es en "los límites de un discurso -de qué se habla- (los que) convierten a éste, en un discurso sobre límites -cómo debe hablarse y hasta dónde-". Lo que impulsa la movilización de los desposeídos y excluidos, precisamente, son los límites de lo establecido, la incapacidad de traducir las normas constitucionales en realidades y en un nuevo orden económico.

La aparición de los nuevos movimientos y sectores sociales en el escenario nacional ocurre a fines de la década de los 80 y a comienzos de la de los 90. De estos grupos de la “sociedad civil”[14], se destacan: el movimiento de mujeres con la incorporación de varios puntos reglamentados en la Ley para su participación política y su denodado esfuerzo por construir la equidad de género –que luego de institucionalizarse aquel movimiento desapareció de la escenario político para constituirse en una agrupación normativa-; el de los niños que logró el reconocimiento de su calidad de ciudadanos y la incorporación de su nuevo estatuto en la Constitución Política del Estado ya en 1998; el movimiento GLBT que logró la despenalización de la homosexualidad y que lucha en la actualidad por la eliminación de la discriminación y el auténtico ejercicio de sus derechos sin temor a las represalias; y, el más importante, el movimiento indígena, montuvio y de afrodescendientes que ha logrado interpelar al Estado nacional de manera recurrente en su papel excluyente, discriminatorio e inequitativo logrando grandes avances tanto en la Constitución de 1998 como en la del 2008.

Los acontecimientos de enero del 2.000 y la subsiguiente huida de Mahuad a su refugio académico en Harvard; constituyeron el resquebrajamiento de la imagen del poder en lo simbólico con la presencia inconsulta de otros signos y de otros presagios. Fue un anuncio de la necesidad de re interpretar la historia, tratar de leer aquellos arcanos de los que están construidos los clímax de todo movimiento; un indio en el Palacio de Gobierno desestructuró la lejanía del poder, la inaccesibilidad, la distancia; permitió consolidar, en el imaginario indígena y popular, que el ejercicio del gobierno sí era posible, confirmando toda aquella práctica y conocimiento adquiridos en los espacios del poder local hacia el "buen gobierno" y dejando, seriamente resentido, el referente real construido con violencia y exclusión por los sectores dominantes de lo que es: poder y gobernar.

Si existe una disociación entre la imagen psíquica (representación o significado) y el referente real es que está en proceso de construcción o deconstrucción –precisamente ese espacio reservado a los elegidos, a los “patriotas”, a aquellos que construyeron este país sobre las manos, los huesos, la rabia y el trabajo de los indios, de los explotados-; otra concepción de poder y de gobierno compuesta de ingredientes reales e imaginarios a contrapelo de los discursos de los intelectuales –convertidos a la vez en "consejeros del Príncipe modernizador y (en) defensores del pueblo oprimido"[15]- que no logran comprender una dinámica que fluye por fuera de la racionalidad occidental; discurso -apropiado pero ajeno- de la razón, de la racionalidad, de la funcionalidad, de la subordinación, del orden y la cordura. Hay que meter, a como dé lugar, la realidad en el saco de las teorías de occidente.

El levantamiento indígena, que finaliza con la incorporación del concepto de plurinacionalidad[16] en la Constitución más reciente además de obligarle a sentarse a conversar sobre la nueva ley de aguas confirma que la construcción de la identidad es posible únicamente desde la irrupción, desde la ruptura; demostración que ha conllevado quinientos años y más. A pesar de las “bondades de la democracia” y de los esfuerzos estatales para "integrar" al desarrollo al sector indígena; no ha sido posible impedir su incursión en el escenario de la democracia –no en los términos elaborados por los tecnócratas de los años 70 ni de los de la actual administración, sino en las condiciones que los indígenas desean- para modificar el todo político más allá de las conquistas coyunturales obtenidas. Las innumerables rebeliones del pueblo indígena son una expresión concreta de creación colectiva de su visión del porvenir en su enfrentamiento permanente con aquellas fuerzas que actúan en su contra ¿Qué se esconde detrás del nuevo escenario, qué fórmula secreta se maneja debajo de los ponchos para que puedan doblegar la soberbia de los gobernantes de turno; qué ilusión galvanizada por el aire de los páramos permite la destrucción de los límites del discurso oficial, de la academia y de los medios de comunicación? ¿Está el código andino más allá del marco jurídico heredado de las polis griegas y romanas?[17]

Es necesario mirar a todo el proceso como un ejercicio condensado de construcción de identidad (y diferenciación). Es cierto que las condiciones económicas constituyen el detonante, es también evidente que el atraco cínico a los dineros del Estado y de la ciudadanía en @os@general es un acto que convoca a la acción y a la lucha; pero no son suficientes elementos para explicar, por sí mismos, la movilización creciente y el poder de convocatoria demostrado por el movimiento indígena a pesar de todos los intentos por dividirlo y manipularlo.

El viraje hacia la izquierda experimentado por América latina desde hace ya una década permite desmentir la audaz aseveración de que no teníamos nada qué decir,[18] en un escenario que estaba dispuesto para dar el gran paso hacia la globalización determinada por las metrópolis. En la actualidad está en cuestión todo y estamos obligados a discutir los conceptos, nociones y categorías científicas creadas desde la modernidad occidental e impuestas como verdades absolutas, por obra y gracia de la colonización del pensamiento, bajo una forma de pensar etnocéntrica. El Ecuador a pesar de las aseveraciones[19] que desconocen la riqueza del conocimiento ancestral guarda una enorme gama de lenguajes iconográficos y orales que contienen un amplio saber acerca que, del desarrollo, tenían los pueblos originarios, concepto que de los términos vernáculos se la podría traducir como saber criar la vida. No es una disputa por el poder entendido en los términos occidentales, es una puesta en práctica de una forma de concebir la vida la que está en juego.

El movimiento indígena logra descolocar el discurso, cuestiona su construcción, sus constructores y sus límites; desmonta aquel sutil proceso que obliga a decantarse entre Ser, es decir expresar en toda su potencialidad la naturaleza humana -con sus distintos niveles de espiritualidad y animalidad- y Parecer, es decir asumir aquella razón objetiva que le deja inerme ante la realidad aplastante; además, y como si fuera poco, el movimiento indígena desarma el discurso de relojería de las clases sociales delimitadas de manera casi matemática, portadoras de su propia ideología lo que les impide construir una visión general de mundo. Entonces, es el momento de preguntarnos ¿cuál es la esencia que provoca esta catástrofe; cuál es la potencialidad de aquellos excluidos que dejan fuera de juego a los constructores de sentido en el ámbito del poder, de la filosofía, de las leyes y de la economía?

"El tiempo extraordinario ya sea como el tiempo de la catástrofe o de la plenitud, es el tiempo en que la identidad o la existencia misma de una comunidad entra en cuestión; es el tiempo de la posibilidad efectiva del aniquilamiento, de la destrucción de la identidad del grupo o es también el tiempo de la plenitud, es decir, el tiempo de la realización paradisíaca, en el que las metas y los ideales de la comunidad pueden cumplirse."[20] Es el momento de proponer un cambio; de manera radical (y, a su manera, exclusiva), transformar la visión lineal marcada por la racionalidad occidental hacia una cosmovisión que permita incluir los postulados ancestrales como principios fundamentales para garantizar la vida lejos de una concepción antropocentrista sino cósmica y mágica[21]; con lo cual se cerraría el círculo entre los pueblos que están fuera del proyecto histórico de occidente y que constituyen las tres cuartas partes de la humanidad.

QUÉ PAPEL JUEGAN LOS FORAJIDOS

La ciudad (más que el país), como un reptil dividido se movilizó armada de pitos, vehículos, banderas; en un verdadero carnaval de la cordura para descabezar aquello que no hacía juego con sus vitrinas de alto coturno; con aquellas formas de expresión del poder que muchas veces fueron aceptadas pero no acatadas –otra manera de aceptar a los virreyes pero no a los mishos ni a los longos-; una gran carga de sensibilidad y de indignación por la pérdida de sus representantes en la Corte suprema de Justicia, acto ilegal e inconstitucional según los tratadistas que luego darían su bendición absolutoria a la destitución del, en ese entonces, presidente Gutiérrez con 61 votos de 100 legisladores; es decir sin cumplir las 2/3 partes que obliga la constitución. Pero ello no constituye óbice para dar paso a un nuevo reacomodo del poder. Es preciso volver a poner las cosas en orden, es decir en el mismo sitio donde estuvieron siempre.

La otra parte del reptil; indiferente, escéptico y desmovilizado miraba cómo se hacía lo que se hizo en su nombre y en representación suya. El resto del país; a pesar de las proclamas para que se movilizara en contra del Dictócrata, no se desperezaba ni tomaba partido ni a favor ni en contra. Una abulia absoluta al centro político y un desprecio al centro económico como rechazo al conocido manoseo efectuado por las élites políticas tradicionales.

Pero ¿qué significó la presencia de “los forajidos” en el escenario político local, más que regional o nacional, cómo se gestó y llegó a tener la fuerza suficiente como para cambiar de titular del gobierno. Qué valores enarbolaron y cómo llegaron a constituir el movimiento social que echó del poder a un presidente elegido por los votantes de las zonas periféricas. Tiene la capacidad suficiente un medio de comunicación como para convertirse en el canal de (auto) convocatoria para coordinar la movilización de ciudadanos y ciudadanas que se congregó en las calles de Quito.

El espíritu forajido, movimiento clase mediero toma la posta al movimiento de los obreros, maestros y estudiantes y de los indígenas; y, los supera, los desplaza y, en cierto sentido, hasta los emplaza.

El espíritu no se constituye de la noche a la mañana, la movilización contestataria e insubordinacional no es producto de la pasión radiofónica de un solo locutor, agitador, comunicador social y analista (todo en uno); no es el resultado de la indignación contra la corrupción a secas, pues, la pequeña burguesía a pesar de que antepone grandes consignas (prohibido prohibir; por ejemplo) construye el escenario y se desenvuelve en él con soltura pero debajo del entarimado (no solo de los adoquines) subyacen las grandes razones por las cuales lucha y se moviliza, se constituye en movimiento social, en actor político, en clase (categorías utilizadas dependiendo de la vertiente político-ideológica del enfoque).

Asumiendo que la caída de Gutiérrez respondió a un movimiento urbano de Quito, ciudad clara y groseramente dividida en dos sectores: el norte de la pequeña burguesía y al sur los sectores populares (esta división grosera, no excluye la diversidad y heterogeneidad que encierra solamente las simplifica al máximo, simplificación basada en la forma de existir en el imaginario urbano, de auto representarse y asumirse). Que además contó con el respaldo de los pobladores y pobladoras de los valles circundantes donde se asientan principalmente la burguesía y la pequeña burguesía alta con pujos. En el resto de las ciudades del país el movimiento fue minoritario, disperso o nulo.

Aceptando este antecedente como cierto (con todas las limitaciones y simplificaciones expuestas); Quito se convierte en la cuna de los forajidos más allá de lo anecdótico (la frase afortunada –pues dio pie para consolidar una identidad en los manifestantes—emitida por el dictócrata pretendiendo descalificar a quienes rechazaban su gobierno) y también su límite pues más allá del reducido círculo de la pequeña burguesía informada no existió mayor movilización ni rechazo ni aceptación alguna al hecho en sí.

El movimiento de enero de 1997, que derrocó a Bucaram, también movilizó a Quito en su conjunto –y a otras ciudades del país-; pero por notorias diversas razones: el norte se indignó por la forma[22] de conducir la nación, la chabacanería, la ridiculez, la guachafería, la actitud servil frente al enemigo histórico del Ecuador; el sur en cambio, por la pretendida elevación del precio del gas de consumo doméstico. El Norte dirigido por la pequeña burguesía ilustrada (Mahuad, Arrobo, la Iglesia); el Sur por los dirigentes populares y sindicales. Aquella multitudinaria manifestación que confluyó en el Congreso Nacional nunca se mezcló, más bien recalcó la gran división de la ciudad. En ese entonces se contó con el apoyo de la gran prensa que azuzó los ánimos y magnificó los hechos discordantes del entonces presidente. Más allá de estos detonantes la burguesía financiera puso en tensión todos sus resortes para derrocar a quien pretendía evitar que el Banco Central dejase de funcionar como la caja de auxilio permanente y recurrente de los bancos privados y declarar, además, la convertibilidad de la moneda en apenas cinco mil sucres. Todo el proceso de desregulación financiera, iniciada por Sixto Durán Ballén, no habría tenido sentido si no se concretaba –como sucedió apenas dos años más tarde— en el mayor desfalco efectuado en el país.

La Constitución no es nada más que un parapeto legal para legitimar los grandes negocios de la burguesía; eso ha quedado demostrado en este corto pero lucrativo –para los beneficiarios— período de despojo y de concentración de la riqueza hasta niveles nunca vistos. Bucaram fue cesado en su cargo por el Congreso debido a “incapacidad mental”; y, las Fuerzas Armadas, dirimieron el asunto de la sucesión presidencial a favor de un interino talla única cuya única función fue evitar que sea demasiado evidente la retoma del control del estado nuevamente por parte de los grupos financieros del Ecuador y que, efectivamente, continuaran haciendo sus fructíferos y grandes negocios.

Satisfechos todos. El Congreso efectuó una parodia de auto depuración, el Gobierno realizó un referéndum para ratificar lo actuado por el Congreso y convocó a una Asamblea Constituyente para refundar la república. El movimiento nacional de repudio a una fracción de la burguesía informal[23] consolidó una forma de gobierno de corte presidencialista y restó atributos al Congreso. Una movilización multiclasista no podía parir más que una Asamblea que reconociera, en el papel, los derechos sociales y de las minorías pero que dejara intacta la estructura fundamental de la nación: la inequidad, la acumulación, la explotación, la subordinación a los organismos financieros internacionales y la supremacía de la burguesía financiera.

En la ruptura del período constitucional más largo de la Historia; los elementos subjetivos primaron y dieron visos de legalidad a las verdaderas razones para la caída de Bucaram. La pequeña burguesía, con su movilización, ganó el protagonismo de la escena política y creyó haber contribuido al proceso de cambio del país; pero, la burguesía financiera[24], sobre todo aquella que desarrolló su lucrativo negocio durante este período de crisis, pronto la sacaría de su ilusión.

UNA NUEVA SITUACIÓN POLÍTICA

La presencia en las calles de los autodenominados forajidos constituyó el despertar de una nueva forma de hacer política. La demanda de la mayoría de los manifestantes de que se vayan todos es el momento más alto de reivindicación política para sentar las bases de un nuevo Estado. El desplazamiento de los sectores de izquierda constituye el fin de la lucha organizada a través de los partidos políticos como portadores de propuestas de sectores sociales plenamente identificados. La revalorización de los símbolos patrios, más allá de las banderas político-partidarias constituye la configuración del espíritu nacional tantas veces anhelado por diversos sectores sociales –tanto los de avanzada, como en los años 30 o de los desarrollistas en los 70-- y la concesión de la demanda de la plurinacionalidad pero bajo los parámetros establecidos por los intelectuales del nuevo régimen.

Es el momento de los movimientos sociales y de la ciudadanía en esa relación bilateral frente al Estado; además, es la hora de pensar en las reformas como límite deseable. Qué cada quién coja su morral de ilusiones, los archivos de sus pasiones secretas para buscar el grupo social adecuado como para ponerlas a marchar en el asfalto del reacomodo del poder que, luego de la ebullición, viene la calma, por no habernos atrevido a soñar lo imposible, lo tantas veces ansiado aún a costa de muchas vidas (ajenas por supuesto, como condición sine qua non para seguir soñando).

QUÉ SUCEDE CON LA LITERATURA EN ESTE LARGO PROCESO

En la literatura existe una preocupación permanente e inacabada por construir la "identidad" nacional[25]; esa es su tragedia -a pesar de no contar con una tradición teatral-, su grandeza -a despecho de no poseer grandes gestas históricas-, y su casi inexistente presencia a nivel latinoamericano si exceptuamos a Marcelo Chiriboga, único escritor ecuatoriano mencionado por los del boom.

El 16 de enero de 1994, con grandes titulares, Raúl Pérez Torres, en el diario El Comercio, describió las características y las circunstancias de "La generación del desencanto". A pesar del bautizo masivo nadie -hasta el momento-, ha renegado del nombre ni de sus connotaciones. "Una Literatura de la ambigüedad, de la angustia, de la incertidumbre, del desencanto del hombre y de sus instituciones, una literatura que, sin embargo, busca la identidad perdida, la inocencia, el gesto, el otro rostro de una existencia urbanizada y encementada."

¿De dónde proviene el desencanto? La condición desencantada se presenta como una posición extrema, la única factible entre el decoro, la honestidad y el oficio del intelectual. Parece imposible, para la generación que teorizó la revolución, dejarse de mirar en el espejo de la derrota, les resultó más fácil recrearse como personajes de novela o escribir prólogos, o disculpas que asimilar sus engendros:

"Pero no, el tiempo no ha vuelto; ha girado, sí, pero en una espiral. Hoy parece lo mismo pero es diferente. Alfredo, el ideólogo, el caracterizado representante de la cordura y el saber revolucionario, el que apoyaba a Fabián en el propósito de organizar un movimiento popular, de verdad popular; el que había luchado hasta el fin contra los exaltados que desconfiaban del pueblo y abogaban por las guerrillas; el que se oponía a los soñadores de poemas afirmando que la palabra cultura sólo tiene sentido cuando es coreada por las masas; el que mil veces había hecho oír su voz de barítono sobre el aullido insensato de las asambleas desenfrenadas y noveleras; el sabedor de todos los vericuetos de la dialéctica y de las trampas de la estrategia, él tampoco es el mismo: el tiempo y el cansancio le han hecho otro; ha devenido sociólogo, experto en textos consagrados e inquisidor de falacias, desvíos y herejías. (...) Ha terminado detrás de un escritorio, arrimado en el respaldo de su sillón, con aire de tonto solemne, revolucionario jubilado, leyendo y escribiendo Informes Importantes, dictando cátedra de materialismo histórico en la Universidad y creyéndose capaz de diagnosticar el error táctico de los que pregonan su hambre exhibiendo carteles en la puerta de la fábrica cerrada; ex-defensor de la vinculación con los obreros, ex-opositor de la alternativa terrorista, ex-orador de motines y asambleas; ex-disidente, ex-preso, ex-liberado, ex-sinempleo, es ahora funcionario de alto nivel técnico, con libre acceso al despacho del señor ministro, asesor y hombre de confianza, intelectual de izquierda, solemne porquería." Fernando Tinajero. El desencuentro.

El escritor se arrogó funciones de Demiurgo, se convirtió en el Dios inmisericordioso capaz de arrojar del paraíso a sus criaturas más amadas; pero en realidad (se) estaba retratando al intelectual orgánico atrapado entre el deseo de cambiar el mundo y su condición de militante que más que la revolución estaba constreñido a construir “el partido”:

“La gana de actuar de Gálvez, tenía algo de lujuria, por obsesiva y excluyente, y lo que le ataba las piernas o se las costaba, su verdadera impotencia, no era, como en nuestro caso la comodidad, sino su disciplina, El problem está, decía, en que hablamos de revolución pero ellos hablan de partido y, por desgracia, todavía no es lo mismo, por lo menos aquí. Mantienen una actitud de resignación y acatamiento, casi un complejo de inferioridad, como el de los negros norteamericanos antes del Black Power, como el de nuestra pequeñita clase obrera: no piensan alterar el orden sino entrar en él, no se proponen liquidar un sistema sino ser admitidos, no se trata del odio sino de la reconciliación” Jorge Enrique Adoum. Entre Marx y una mujer desnuda.

La literatura se convirtió en el campo virtual de la revolución donde fue posible instalar a los existencialmente atormentados héroes, incapacitados para romper su dependencia vital e intelectual. A falta de héroes reales, la novela se alimentó de la imagen del intelectual-puro y lo convirtió en mártir que siempre osciló entre la incomprensión de las masas, del partido, de la familia, del mundo en general.

"No hemos sabido perseverar, nos hemos dejado llevar por la comodidad, por lo más fácil, hemos buscado pretextos para dejar de actuar, hemos caído en la trampa y muchos hemos abandonado el país porque era un país de cerdos y hemos viajado a Europa porque allí sí nos entienden y alaban nuestra finura y nuestra inteligencia, e inclusive podemos pescar una francesita descuidada para elevar nuestro status. (...) No hemos roto nada. Generación de la pose. Hemos salido de los brazos de mamita para buscar otros más débiles. Seguimos siendo tan mediocres como nuestros padres. La vida del mediocre es lineal, simple, incapaz de transgredir normas (a lo más enmascararlas) de romper reglas, huele a devocionario, a pan guardado, no tiene alternativas, se va engordando de las vulgaridades cotidianas, de su falta de pasión, de esa monotonía asquerosa de tres comidas diarias y pasta dentífrica, suprimiendo quizá la pasta dentífrica, a fin de demostrar que no somos iguales. De comunistas hemos pasado a consumistas." Raúl Pérez Torres. Teoría del desencanto.

No es nada extraño que los héroes abandonen su papel (o el país), aspiren estar más maduros para comprender este país iridiscente o a la espera de que cambie la realidad para que tengan cabida todos sus sueños. El desaliento y la derrota constituyen la estatura de sus sueños; esa incapacidad para la acción, esa imposibilidad de romper la historia, la familia, la comodidad constituyen el cerco de su drama:

"Elegimos un camino pero no llegamos a recorrerlo, ni siquiera dimos el primer paso, nunca llegamos a existir. Todo fue un simulacro, entiendes; una representación que sustituyó a lo real y que la vivimos como si fuera la propia vida... la tragedia de los actores que ensayan una, dos, tres, cien mil veces la gran epopeya y mueren el día anterior a la primera representación real... (...) Fuimos los héroes, los mártires anónimos de una guerra que nunca se dio, de una causa que nadie llegó a conocer... No, no existió la dinamita social... Fuimos la pólvora que explotó solitaria... Oh, el doble ascetismo de la muerte... Morir sin haber existido jamás. Somos los nonatos (...) los nonatos de la revolución." Alejandro Moreano. El devastado jardín del paraíso.

La autodenominada "Generación del desencanto"; manejó una propuesta estética desde la derrota, reforzó la constatación de la imposibilidad de cambiar la historia. La mayoría de sus integrantes participó o simpatizó con los movimientos denominados revolucionarios que luego cayeron en la orfandad al derrumbarse el Muro de Berlín. Una literatura de la nostalgia y el recuento, de la lamentación hecha novela. Los géneros preferidos fueron la novela, el cuento y el ensayo; en los inicios de su actividad literaria se sumaron a la corriente transformadora que recorría América Latina, en sus estertores, su discurso lo desarrollan desde el recuerdo. Su grandilocuencia se ha convertido en una suerte de expiación de culpas. Entablaron a la literatura con una serie de reflexiones filosóficas y la trataron de abordar, esencialmente, como construcción de la dicotomía entre reforma y revolución; constituyendo, lo revolucionario, el mundo de las ideas encarnadas en el intelectual-mártir, capaz de cuestionarlo todo y de cuestionarse entero pero incapaz de convertir los sueños en realidad; su lucha es un enfrentamiento desigual con sus fantasmas y sus progenitores; una literatura de la derrota a pesar de estar coqueteando (en la actualidad salvo raras excepciones) con el poder y sus meandros[26].

Pero en contra de todas las evidencias "... quienes se instalan en el desencanto y lo racionalizan como un nuevo valor. Aparentemente radical, esta actitud es profundamente conservadora: prefiere adaptarse al curso supuestamente natural del mundo. Parece que el temor a las desgracias en que desembocaron nuestros sueños nos censura en los deseos. El desencanto genera hastío y nos acosa la fatiga. Basta mirarnos y recordar al poeta:

Os digo que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte (...) Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quien quiera diría que, no siendo ahora en otros tiempos fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino"[27]

CÓMO SE LIGA TODO

En los camerinos, cuando es posible ver a los actores de este teatro; se pone de manifiesto el cambio de escenario, del vestuario, de las luces. Los protagonistas se suceden unos a otros frente al público; cada quien con sus proclamas, cada cual con sus secretas intenciones. Los forajidos constituyen en definitiva el desplazamiento en la escena política del movimiento indígena, el recambio de la wipala por el símbolo patrio, la reivindicación de lo nacional frente al redimensionamiento de los sueños. Los intelectuales en medio de la disputa por protagonizar los actos del drama, en un inicio exponen al público sus limitaciones, sus incapacidades, su timorata condición de soñadores a tiempo completo e ineficaces en la acción; en un segundo acto se proclaman los artífices del cambio, los que pueden señalar el derrotero de las transformaciones; a medio camino entre el pensamiento occidental pues ahora se jactan de sus títulos obtenidos en Europa, y su tímida y escasa relación con los pueblos y comunidades del Ecuador.

Es notoria la inexistencia de la literatura que coadyuve a construir la identidad nacional pues está en cuestión la diversidad y la pluriculturalidad. El discurso totalizador se desplaza hacia el desarrollo de la anécdota; la única posibilidad de ser auténticos sin que se corra el riesgo de ser acusados de impostores es la construcción del mismo personaje con distintas voces y diferentes nombres[28]. Es decir se pretende llevar a la literatura al extremo de hablar para los idénticos, para los miembros de la comunidad de apoyo, para aquellos que conocen a la perfección los códigos para su desciframiento. Mientras tanto la sociología escarba en los cada vez más minuciosos microcasos de la realidad, con la mayor cantidad de datos a ser utilizados para diseccionar un fenómeno específico que le atañe a un particular grupo social. Constreñidos todos a elaborar los sueños y los discursos a la medida del mercado.

¿Es posible salir de la encrucijada; es posible la comprensión del otro sin dejar de ser uno mismo; el diálogo con el otro sin por eso enajenarse?

Superar los cálculos econométricos y estadísticos, incorporar la dimensión simbólica, la ritualidad, la magia, la capacidad de soñar. Se trata de construir una mirada sobre nosotros mismos, a partir de revalorar los recursos cognoscitivos con que cuenta el pueblo (aquel que nunca se perdió) del Ecuador, sus sociedades y comunidades. Es el momento de incorporar nuevos discursos sin pretender erigir un canon, es preciso construir nuevas variables para conocer la realidad a partir de la percepción de la gente y su aporte en la construcción del conocimiento en desmedro de la visión e intervención del especialista que pretende conocer a fondo una realidad pero opera con un instrumental que no le es propio.

Dejar de interpretar el tradicional papel de influyentes y omnisapientes intelectuales, portadores y reproductores del saber, formados bajo la égida del pensamiento racionalista y clasificador; pues "hay realidades simbólicas y concretas a un tiempo solo accesibles al músico, al poeta, y por tanto, verdaderas, con otra verdad distinta a la de la experiencia o a la de los conceptos



[1] “Bien: no sé si entonces era un hombre que soñaba que era mariposa, / o si ahora soy una mariposa que sueña que es hombre". Lao Tse.

[2] Cumandá o un drama entre salvajes (1879). En 1865 escribió la letra del Himno nacional del Ecuador. Algunas de sus obras más sobresalientes son: La virgen del sol (1861), leyenda extraída del folclore; Antología ecuatoriana: cantares del pueblo (1892). Ojeada Histórico crítica de la poesía ecuatoriana (1868). Cantares del pueblo ecuatoriano (1892); Miguel de Santiago (1892)

[3] Al respecto véase 14 novelas claves de la literatura Ecuatoriana, de Antonio Sacoto o El nuevo realismo de Miguel Donoso Pareja

[4] De ella dice Raúl Vallejo: "(...) es la novela de las formulaciones éticas de un intelectual que procura asumir su responsabilidad frente a la historia. En ella está presente la búsqueda de sentidos que los individuos particulares y anónimos realizan en una sociedad profundamente clasista y decadente (Dios, la muerte, el amor, etc.) y la búsqueda de caminos que los individuos insertados en la dinámica de la historia realizan para la consecución de las utopías."

[5] “nos fuimos apagando, descorazonados por la abulia del medio, por el grito al vacío, por la falta de imaginación, por el egoísmo, la falsedad, la cobardía, la división de las organizaciones de izquierda ...” (17); “Se instaló [sic] en nosotros la soledad y la vergüenza ...” Raúl Pérez Torres; Teoría del desencanto,

[6] Michael Handelsman dice de “Pérez Torres busca una especie de purgación espiritual del desencanto generado por los fracasos del idealismo revolucionario de los años 60”

[7] “La dialéctica de la libertad y el destino, de la épica y la tragedia, de la contingencia y el absoluto va tejiendo una vasta urdimbre de situaciones límites. "Para probar mi vida no tengo sino mi muerte", el verso de Vallejo es una de las claves de esta novela de múltiples símbolos. La experiencia guerrillera supone una cotidianeidad gobernada por la amenaza y la tentación de la muerte que magnifica la plenitud contradictoria de la vida. Es, además, la situación excepcional que potencia las relaciones del individuo con la especie, del hombre con la historia. En la derrota final del grupo guerrillero, la libertad se transforma en destino, la épica en tragedia, el héroe en mártir.” Editorial El Conejo

[8] Artículo 68.- Este Congreso constituyente nombra a los venerables curas párrocos por tutores y padres naturales de los indígenas, excitando su ministerio de caridad en favor de esta clase inocente, abyecta y miserable. Constitución de Ecuador de 1830

[9] El concepto de “patria” es definido así por distintos diccionarios hispanos: “La tierra

donde uno ha nacido” (Covarrubias, 1611), “El lugar o país en que se ha nacido” (Diccionario de autoridades, 1726), “El país en que uno ha nacido” (Diccionario de Terreros y Pando, 1787). Estas definiciones suponían también un sentimiento de lealtad al lugar de nacimiento. Por tanto “patria” aparece en la tradición hispana como una lealtad filial, localizada y territorializada. En Nación y Patria: las Lecturas de los Comentarios Reales y el patriotismo criollo emancipador; Jesús Díaz-Caballero. www.dartmouth.edu

[10] En la Constitución de 1869 se llegó a establecer que para ser ciudadano se debía ser católico.

[11] En busca del pueblo perdido, Adrián Bonilla; En busca del cuento perdido, Eskeletra Editorial

[12] Hurtado, Osvaldo; Las costumbres de los ecuatorianos. Editorial Planeta. 2007

[13] Proceso iniciado en 1990 con la movilización exigiendo el reconocimiento de la plurinacionalidad y de la territorialidad y que no ha cesado hasta la actualidad.

[14] Aquellas formas de vida social de los hombres que están más allá de las formas de vida reguladas por las funciones del Estado, es decir, que tienen carácter privado

[15] Touraine, Alain. Crítica de la modernidad. Temas de hoy. Ensayo.

[16] Antes, la historia de esos pueblos eran muchas historias. Después de la "conquista" comienza la historia de esa creación europea que es "el indio". Mires, Fernando. El discurso de la indianidad.

[17] “El código andino quichua gira en torno a seis valores básicos. Los tres primeros AMA QUILLA (no haraganear), AMA LLULLA (no mentir) y el AMA SHUA (no robar); en tanto que los otros tres valores son amor por la tierra, reciprocidad y presencia de lo sagrado” Rosero, Fernando. Levantamiento indígena: tierra y precios. CEDIS. 1990

[18] Schmidt, Wolfgang “Mientras Europa y Estados Unidos se han enclaustrado en el relativismo desencantador del ‘postmodernismo’, América Latina no tiene nada que decir. Los discursos de los 60 y 70 se quebraron frente a la revolución informática y al ‘boom’ económico de los centros de acumulación”. En los límites de la modernidad. En: Debates sobre Modernidad y postmodernidad. Nariz del Diablo. 1991

[19] Al respecto véanse las visiones de Jorge Enrique Adoum: Ecuador, señas particulares (“Creo que no tuvimos el comienzo que habríamos querido...no hubo aquí nada equivalente, aunque fuera de menores dimensiones, a lo que tuvieron mayas, aztecas, incas...); la de Miguel Donoso Pareja: Ecuador, identidad o esquizofrenia (...pienso que a estas alturas de nuestra existencia como país, tenemos que asumir el nombre que tiene, darle toda la dimensión que podamos y sumarla a la que, a pesar de todo, tenemos y nos permite sentirnos ecuatorianos).

[20] Echeverría, Bolívar. Ceremonia festiva y drama escénico. Ponencia del autor en la mesa redonda "el arte y la vida cotidiana" efectuada en la UNAM el 27 de noviembre de 1992.

[21] Concretar los esfuerzos por redescubrirnos y resignificarnos en el proceso de construcción de la Casa Común de los ecuatorianos. “Mostrar la visión cualitativa de la buena vida de la civilización occidental moderna, basada en la escisión sujeto / objeto y la visión amerindia basada en lo contrario: el continuo biosférico”, es clave para el nuevo diseño de políticas públicas que pueden sacarnos de situaciones tercer mundistas, hacia un estilo de vida convivial y equilibrado.

[22] “... la corrupción, el nepotismo, el favoritismo sobre la base de lealtades personalistas, el desprecio por las formalidades del estado de derecho, etc., no son atributo exclusivo de los ‘populistas rudos’, mas en ellos se representan sin maquillaje ni agradables modales del disimulo.” Fernando Bustamente, La política y la picaresca: reflexiones sobre el no tan nuevo orden de la “sociedad patriótica”. Revista Ecuador Debate Nº 61.

[23] Burguesía informal pues está ligada a los mecanismos de acumulación del comercio no formal, el contrabando, y alejada de los círculos tradicionales donde se reúnen y se identifican los burgueses formales: el Club La Unión y la Junta Cívica en Guayaquil y, en Quito, el rancho San Francisco y el club Los arrayanes además de ser admitidos cada cierto tiempo en la Sala Capitular de San Francisco.

[24] “La aristocracia financiera, lo mismo en sus métodos de adquisición, que en sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpenproletariado en las cumbres de la sociedad burguesa.” Carlos Marx, Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. Akal Editores.

[25].- Examínense las visiones de Jorge Enrique Adum: Ecuador, señas particulares; la de Miguel Donoso Pareja: Ecuador, identidad o esquizofrenia; o la del ilustrado anarquista Jijón y Chiluisa en Longos.

[26].- El caso más conocido es el de Jorge Enrique Adum, quien, en palabras de Alejandro Moreano, demuestra la decadencia de un excelente poeta -autor de Los cuadernos de la Tierra-, tradicionalmente comprometido con los partidos de izquierda (en el gobierno de Mahuad) participando de las "sabatinas del poder".

[27].- Norbert Lechner. Un desencanto llamado posmodernismo. Debates sobre modernidad y postmodernidad. El poema es de César Vallejo: Trilce, LXXV.

[28] “El novelista urbano, llevado por una honesta visión de la realidad social total o por las exigencias del argumento, hace intervenir en sus obras a algunos obreros y, generalmente, le sucede lo mismo que le acontecía con los campesinos: los ve de afuera y de lejos, cuando más los muestra en su trabajo, pero los hace pensar, reaccionar y hablar como él mismo: puro disfraz exterior, en el fondo”. Jorge Enrique Adoum; en el prólogo a Las cruces sobre el agua, de Joaquín Gallegos Lara.

SOCIOLOGÍA Y LITERATURA EN EL ECUADOR

SOCIOLOGÍA Y LITERATURA EN EL ECUADOR

Una relación bajo sospecha

Pablo Yépez Maldonado

Quito, octubre del 2009

En los nuevos tiempos, en esta era de cambios y fogosos discursos sobre la revolución y el poder de los ciudadanos; en esta época en la cual la incertidumbre da paso a la esperanza, a la posibilidad de concretar por lo menos la racionalidad del aparato estatal, la consolidación de un proyecto nacional (discutible, pero por lo menos existe una propuesta a ser discutida); en estos momentos en que se inaugura una nueva época (otra) con todos los vientos a favor a pesar de que existe un vacío de la participación de los ciudadanos en la construcción concreta o por lo menos en una base social de apoyo efectiva para concretar los cambios; preciso es hacer un breve recuento de las diversas etapas por las cuales nos ha tocado atravesar para llegar a donde estamos. Tanto desde el punto de vista de los personajes como de los actores, de los tramoyistas, de los iluminadores, de los guionistas, de los cronistas, de los que en definitiva han actuado y siguen actuando en el escenario de lo que es el actual Ecuador. Es el tiempo de la reflexión para evitar llegar a Puerto de Palos, nuevamente.

Debajo de todos los discursos, de las experimentaciones formales, de los manifiestos y de los ensayos; lo que se discute es la reubicación del poder político y cultural, como siempre que existen movimientos agitados en el decurrir de la historia. Debajo de los discursos relamidos de algunos literatos y crípticos de la mayoría de sociólogos o investigadores sociales se oculta esta realidad; en esencia cuál es el discurso que prevalece en los meandros del poder. Más allá de las repetitivas y manidas discusiones; lo que subyace en la polémica, es la construcción del discurso político recogido por los sociólogos y la construcción del canon por parte de los literatos. ¿Hasta qué punto es válida esta percepción y esta relación? Al parecer la historia actual justifica este paralelismo pues, como se demostrará en el transcurso de la presente, los personajes de novela de la décadas de los 70 y 80’s son los protagonistas de la historia real. Es posible, según los intelectuales que ocupan el Palacio de Zoonderet, construir una nueva nación –aquella permanentemente en ciernes- a partir de la edificación racional, ordenada y aséptica determinada por Senplades –que se asemeja a la versión orwelliana de la institución encargada de normar los sueños y ¡hacerlos realidad!-.

No es casual, o podría ser nada más la constatación de que debajo de la pretendida escritura científica acerca de la realidad se encubre la fantasía más delirante, que nuestro mayor sociólogo –es decir para trasladar a él alguna de las valoraciones que realizó acerca de la aceptación de las obras: pues ha sido publicado en varias editoriales y su circulación ha trascendido las fronteras patrias-, se bautizó como hombre de teatro y mantuvo una relación muy estrecha con la literatura en su intento de explicar –ya no de captar- la realidad. La fina línea divisoria entre literatura (es decir ficción) y sociología (es decir un permanente ensayo) va de la mano de la realidad cambiante, vertiginosa, a veces inasible de esta historia que se construye a golpe de forajidos, vándalos, aventureros, príncipes, marginales, políticos de caricatura, seres de carne y hueso que son retratados ficcionalmente o descritos científicamente en un esquizofrénico intento por asir la realidad, como pretendían aquellos escritores de la generación del 30, o evadirla como lo hicieron a su manera literaria y literalmente la generación que se decapitó, o aquella más actual que se retrató sí misma en su tránsito del más completo optimismo hacia su desencanto. Se arguye que los sociólogos de antaño, así como los cronistas son a los antropólogos, son los narradores; de la misma manera los ficcionalistas de hoy parecen ser los sociólogos pues no se deja de ver su impronta tras todos los proyectos de desarrollo ante una realidad que se resiste a torcer su cuello de cisne.

Esa permanente construcción del discurso, de la trama, de los personajes y de la voz narrativa son la realidad o nada más una realidad soñada; es decir personajes que se sueñan sociólogos o sociólogos que se piensan personajes[1].

CÓMO EMPIEZA EL CUENTO DE LA PATRIA

La historia tiene fracturas, fases que impelen a los actores sociales a hacer su destino aún a pesar de no tener la conciencia suficiente como para detallar todos sus aportes en los manuales oficiales que explican esos pasajes turbulentos y aún esas épocas de tranquilo discurrir de los hechos. La construcción de la añorada “identidad nacional” ha constituido el eje de reflexión de muchos pensadores; por eso no es extraño hablar de la literatura como parte importante en la configuración de las propuestas, tanto hegemónicas como contra hegemónicas.

Si se toma los mapas de circulación para arribar a la época contemporánea siempre se transita por los mismos hitos; la mirada es la distinta: Velasco o la reconstrucción del imaginario Reyno de Quito antes y durante la llegada de los sedientos de oro; Espejo y el problema de la identidad, o cómo acceder al instrumental discursivo oficial para disputar en el plano de lo erudito y/o científico los espacios del poder y del conocimiento; Mera y Montalvo son una expresión bifronte que se descuadra en el escenario pues si bien es cierto que el liberal se (con)dolió de la situación de los indios prefirió el lenguaje castizo para ser aceptado dentro de la elite de prosistas; mientras que el Mera[2] conservador y romántico hasta el desparpajo de la imitación es el que recupera cierta poesía y narraciones orales populares o los restos de la memoria colectiva luego de la larga permanencia de los españoles y la no menos devastadora acción de los marqueses y criollos en los espacios de la administración de la ya república del Ecuador. Figuras que se hicieron a sí mismas en el (des)concierto de la constitución de la república, en el imaginario de lo que podría ser el nuevo mundo; bajo la vigilancia de la iglesia dogmática, explotadora y obscurantista y en contra del anodino acontecer del quehacer intelectual de la época.

Luego de los años de configuración de ese imaginario colectivo desdibujado en un simple nombre vaciado de toda significación; la narrativa se encuentra a bocajarro con la presencia de las voces propias, las disidentes, las que buscan construir su propio lenguaje, sus propios personajes y su propia razón de ser como escritores. Emerge la literatura del montuvio, la del negro, la del cholo, la del indio (visto de lejos, pero al fin como personaje fundamental pero indescifrable); la del obrero y la narrativa de la ciudad. Con todos los desafueros que se pudieran haber cometido, dentro de una sociedad que lo que reclamaba era la “buena” literatura y esa (como hasta ahora) es la que viene de afuera, la de Francia, la de la Europa mítica, la de EE.UU. y su fabulosa capacidad para inventarse y automitificarse además de flagelarse y flagelar por supuesto. Una generación que parte del rechazo de la poesía de los decapitados al reto de constituir un proyecto nacional; una apuesta con diversos senderos y propuestas desde aquella del realismo social hasta la del realismo abierto como aquellos que constituyeron en sí mismos una escuela sin seguidores como Hugo Mayo y Pablo Palacio.

Una revisión a trancas y barrancas para llegar a lo que nos interesa; luego de la paulatina desaparición de escena de los escritores del realismo en todas sus vertientes y después de un largo silencio llegamos más o menos a la inauguración de la modernidad y su filón de oro el petróleo. Una época en la que se inaugura por decir lo menos el Ecuador actual, que sobrevivirá incluso a la debacle más grande y a la apropiación más descarada de la riqueza social por parte de la oligarquía voraz y no filantrópica.

No sé si constan las novelas a ser comentadas en el ranking de las mejores[3] pero creo que son las más significativas para el tema que nos convoca, desde la década de los 70; Entre Marx y una mujer desnuda (1976) de Jorge Enrique Adoum; El desencuentro (1976; reeditada con cambios profundos en 1983) de Fernando Tinajero[4]; Teoría del desencanto[5][6] (1989) de Raúl Pérez Torres y El devastado Jardín del Paraíso (1990) de Alejandro Moreano[7] y; en ese orden de aparición; dentro de un contexto más amplio que no pretende agotar el análisis de la narrativa del Ecuador sino poner en tela de duda, como hace la literatura y como pone en evidencia la sociología, la realidad tanto la ficcional como la realidad real ahora que podemos hablar de las múltiples realidades y universos paralelos si se quiere ser cuántico.

DE LA DESTRUCCIÓN A LA RECONSTRUCCIÓN DE LO NACIONAL

Arrasados los mitos fundacionales, derribados todos los ídolos (en la actualidad coleccionados y mercadeados por los descendientes de aquellos que los destruyeron), era necesario inventarse una patria, un concepto que abarque a todos pero sin eliminar los privilegios. El proyecto emancipador no constituye sino la parte culminante del despojo. La entrada en la historia con derechos propios (conculcados con violencia a la mayoría de los habitantes de la región); la elaboración de la Carta de Constitución de la República del Ecuador no es nada más que la consumación del sistemático atropello y desvalijamiento[8]. Nos inventamos una patria[9] para que la administren, en derecho exclusivo, los hacendados y dueños de plantaciones desconociendo la calidad de ciudadanos a la mayoría de sus habitantes y poniendo a los “venerables” curas párrocos como protectores de los ‘inocentes, abyectos y miserables’ indígenas. ¡He ahí un modelo de república!; situación que únicamente se corregirá, de alguna manera, 168 años más tarde con la irrupción del movimiento indígena en el escenario político y el reconocimiento de los derechos sociales y colectivos en la Constitución de 1998.

La subordinación del Estado a la Iglesia Católica[10] determinará en gran parte el derrotero que toman las letras y las artes en el recientemente fundado Ecuador. Tutelaje que se romperá con la revolución liberal de 1895 a pesar de que la influencia de la iglesia católica, en gran parte de la educación, la ha mantenido hasta nuestros días.

Este es el escenario donde se despliega la imaginación, los actores, los personajes y la tragedia-parodia-drama-paradoja y simulación de los ecuatorianos. En un permanente proceso de búsqueda y construcción (no es casual que algunos de los trabajos de “renombrados” cuentistas y cientistas sociales se refieran a la búsqueda de lo perdido[11]); de reconocimiento y fuga, de ampliación de los estrechos linderos patrios y retornos permanentes; de ansia de nuevos horizontes y nostalgia por el terruño –por la pacha mama-; de recuperación urbanística y olvido de aquellos que construyeron las iglesias, las catedrales, las casas coloniales y las republicanas; recuperación de los espacios de construcción de la ciudadanía sin mencionar que en aquellas plazas fueron quemados, ajusticiados, asesinados líderes indígenas. Es decir un proceso general de blanqueamiento sin que se tome en cuenta la voz de aquellos excluidos, marginados, olvidados por el poder quienes únicamente aparecen como objetos de políticas públicas o de beneficencia, objetos de estudio por parte de sociólogos y antropólogos; en el mejor de los casos, como personajes en la narrativa ecuatoriana y, en el peor, como causantes de la situación de atraso y dependencia del Ecuador actual.[12]

DÓNDE HABITA EL PUEBLO REAL, AQUEL QUE ES BUSCADO AFANOSAMENTE POR LOS SOCIOLÓGOS, ANTROPOLÓGOS Y LITERATOS

La reconstitución del escenario

Más de quinientos años después los elementos de la historia se mantienen; el mismo Dios que acompañó a los españoles en la conquista de América, ahora debidamente acuñado en papeles verdes, y las mismas y desgastadas palabras para tratar de imponer el discurso de la “modernidad” y el “progreso”, el “desarrollo” y el “futuro” y, para darle un tinte pluricultural de “sumak kawsay”.

Más allá de las expresiones de los sectores dominantes y de su desconcierto; el "levantamiento indígena"[13] constituye la irrupción de aquellos sectores "inviables" en el concierto de la historia. A la vez es la abolición de la dicotomía entre "el Norte, donde reinan el instrumentalismo y el poder, y el Sur, que se cierra en la angustia de su identidad perdida", que según Alain Touraine, no está debidamente delimitada y, precisamente, es en "los límites de un discurso -de qué se habla- (los que) convierten a éste, en un discurso sobre límites -cómo debe hablarse y hasta dónde-". Lo que impulsa la movilización de los desposeídos y excluidos, precisamente, son los límites de lo establecido, la incapacidad de traducir las normas constitucionales en realidades y en un nuevo orden económico.

La aparición de los nuevos movimientos y sectores sociales en el escenario nacional ocurre a fines de la década de los 80 y a comienzos de la de los 90. De estos grupos de la “sociedad civil”[14], se destacan: el movimiento de mujeres con la incorporación de varios puntos reglamentados en la Ley para su participación política y su denodado esfuerzo por construir la equidad de género –que luego de institucionalizarse aquel movimiento desapareció de la escenario político para constituirse en una agrupación normativa-; el de los niños que logró el reconocimiento de su calidad de ciudadanos y la incorporación de su nuevo estatuto en la Constitución Política del Estado ya en 1998; el movimiento GLBT que logró la despenalización de la homosexualidad y que lucha en la actualidad por la eliminación de la discriminación y el auténtico ejercicio de sus derechos sin temor a las represalias; y, el más importante, el movimiento indígena, montuvio y de afrodescendientes que ha logrado interpelar al Estado nacional de manera recurrente en su papel excluyente, discriminatorio e inequitativo logrando grandes avances tanto en la Constitución de 1998 como en la del 2008.

Los acontecimientos de enero del 2.000 y la subsiguiente huida de Mahuad a su refugio académico en Harvard; constituyeron el resquebrajamiento de la imagen del poder en lo simbólico con la presencia inconsulta de otros signos y de otros presagios. Fue un anuncio de la necesidad de re interpretar la historia, tratar de leer aquellos arcanos de los que están construidos los clímax de todo movimiento; un indio en el Palacio de Gobierno desestructuró la lejanía del poder, la inaccesibilidad, la distancia; permitió consolidar, en el imaginario indígena y popular, que el ejercicio del gobierno sí era posible, confirmando toda aquella práctica y conocimiento adquiridos en los espacios del poder local hacia el "buen gobierno" y dejando, seriamente resentido, el referente real construido con violencia y exclusión por los sectores dominantes de lo que es: poder y gobernar.

Si existe una disociación entre la imagen psíquica (representación o significado) y el referente real es que está en proceso de construcción o deconstrucción –precisamente ese espacio reservado a los elegidos, a los “patriotas”, a aquellos que construyeron este país sobre las manos, los huesos, la rabia y el trabajo de los indios, de los explotados-; otra concepción de poder y de gobierno compuesta de ingredientes reales e imaginarios a contrapelo de los discursos de los intelectuales –convertidos a la vez en "consejeros del Príncipe modernizador y (en) defensores del pueblo oprimido"[15]- que no logran comprender una dinámica que fluye por fuera de la racionalidad occidental; discurso -apropiado pero ajeno- de la razón, de la racionalidad, de la funcionalidad, de la subordinación, del orden y la cordura. Hay que meter, a como dé lugar, la realidad en el saco de las teorías de occidente.

El levantamiento indígena, que finaliza con la incorporación del concepto de plurinacionalidad[16] en la Constitución más reciente además de obligarle a sentarse a conversar sobre la nueva ley de aguas confirma que la construcción de la identidad es posible únicamente desde la irrupción, desde la ruptura; demostración que ha conllevado quinientos años y más. A pesar de las “bondades de la democracia” y de los esfuerzos estatales para "integrar" al desarrollo al sector indígena; no ha sido posible impedir su incursión en el escenario de la democracia –no en los términos elaborados por los tecnócratas de los años 70 ni de los de la actual administración, sino en las condiciones que los indígenas desean- para modificar el todo político más allá de las conquistas coyunturales obtenidas. Las innumerables rebeliones del pueblo indígena son una expresión concreta de creación colectiva de su visión del porvenir en su enfrentamiento permanente con aquellas fuerzas que actúan en su contra ¿Qué se esconde detrás del nuevo escenario, qué fórmula secreta se maneja debajo de los ponchos para que puedan doblegar la soberbia de los gobernantes de turno; qué ilusión galvanizada por el aire de los páramos permite la destrucción de los límites del discurso oficial, de la academia y de los medios de comunicación? ¿Está el código andino más allá del marco jurídico heredado de las polis griegas y romanas?[17]

Es necesario mirar a todo el proceso como un ejercicio condensado de construcción de identidad (y diferenciación). Es cierto que las condiciones económicas constituyen el detonante, es también evidente que el atraco cínico a los dineros del Estado y de la ciudadanía en @os@general es un acto que convoca a la acción y a la lucha; pero no son suficientes elementos para explicar, por sí mismos, la movilización creciente y el poder de convocatoria demostrado por el movimiento indígena a pesar de todos los intentos por dividirlo y manipularlo.

El viraje hacia la izquierda experimentado por América latina desde hace ya una década permite desmentir la audaz aseveración de que no teníamos nada qué decir,[18] en un escenario que estaba dispuesto para dar el gran paso hacia la globalización determinada por las metrópolis. En la actualidad está en cuestión todo y estamos obligados a discutir los conceptos, nociones y categorías científicas creadas desde la modernidad occidental e impuestas como verdades absolutas, por obra y gracia de la colonización del pensamiento, bajo una forma de pensar etnocéntrica. El Ecuador a pesar de las aseveraciones[19] que desconocen la riqueza del conocimiento ancestral guarda una enorme gama de lenguajes iconográficos y orales que contienen un amplio saber acerca que, del desarrollo, tenían los pueblos originarios, concepto que de los términos vernáculos se la podría traducir como saber criar la vida. No es una disputa por el poder entendido en los términos occidentales, es una puesta en práctica de una forma de concebir la vida la que está en juego.

El movimiento indígena logra descolocar el discurso, cuestiona su construcción, sus constructores y sus límites; desmonta aquel sutil proceso que obliga a decantarse entre Ser, es decir expresar en toda su potencialidad la naturaleza humana -con sus distintos niveles de espiritualidad y animalidad- y Parecer, es decir asumir aquella razón objetiva que le deja inerme ante la realidad aplastante; además, y como si fuera poco, el movimiento indígena desarma el discurso de relojería de las clases sociales delimitadas de manera casi matemática, portadoras de su propia ideología lo que les impide construir una visión general de mundo. Entonces, es el momento de preguntarnos ¿cuál es la esencia que provoca esta catástrofe; cuál es la potencialidad de aquellos excluidos que dejan fuera de juego a los constructores de sentido en el ámbito del poder, de la filosofía, de las leyes y de la economía?

"El tiempo extraordinario ya sea como el tiempo de la catástrofe o de la plenitud, es el tiempo en que la identidad o la existencia misma de una comunidad entra en cuestión; es el tiempo de la posibilidad efectiva del aniquilamiento, de la destrucción de la identidad del grupo o es también el tiempo de la plenitud, es decir, el tiempo de la realización paradisíaca, en el que las metas y los ideales de la comunidad pueden cumplirse."[20] Es el momento de proponer un cambio; de manera radical (y, a su manera, exclusiva), transformar la visión lineal marcada por la racionalidad occidental hacia una cosmovisión que permita incluir los postulados ancestrales como principios fundamentales para garantizar la vida lejos de una concepción antropocentrista sino cósmica y mágica[21]; con lo cual se cerraría el círculo entre los pueblos que están fuera del proyecto histórico de occidente y que constituyen las tres cuartas partes de la humanidad.

QUÉ PAPEL JUEGAN LOS FORAJIDOS

La ciudad (más que el país), como un reptil dividido se movilizó armada de pitos, vehículos, banderas; en un verdadero carnaval de la cordura para descabezar aquello que no hacía juego con sus vitrinas de alto coturno; con aquellas formas de expresión del poder que muchas veces fueron aceptadas pero no acatadas –otra manera de aceptar a los virreyes pero no a los mishos ni a los longos-; una gran carga de sensibilidad y de indignación por la pérdida de sus representantes en la Corte suprema de Justicia, acto ilegal e inconstitucional según los tratadistas que luego darían su bendición absolutoria a la destitución del, en ese entonces, presidente Gutiérrez con 61 votos de 100 legisladores; es decir sin cumplir las 2/3 partes que obliga la constitución. Pero ello no constituye óbice para dar paso a un nuevo reacomodo del poder. Es preciso volver a poner las cosas en orden, es decir en el mismo sitio donde estuvieron siempre.

La otra parte del reptil; indiferente, escéptico y desmovilizado miraba cómo se hacía lo que se hizo en su nombre y en representación suya. El resto del país; a pesar de las proclamas para que se movilizara en contra del Dictócrata, no se desperezaba ni tomaba partido ni a favor ni en contra. Una abulia absoluta al centro político y un desprecio al centro económico como rechazo al conocido manoseo efectuado por las élites políticas tradicionales.

Pero ¿qué significó la presencia de “los forajidos” en el escenario político local, más que regional o nacional, cómo se gestó y llegó a tener la fuerza suficiente como para cambiar de titular del gobierno. Qué valores enarbolaron y cómo llegaron a constituir el movimiento social que echó del poder a un presidente elegido por los votantes de las zonas periféricas. Tiene la capacidad suficiente un medio de comunicación como para convertirse en el canal de (auto) convocatoria para coordinar la movilización de ciudadanos y ciudadanas que se congregó en las calles de Quito.

El espíritu forajido, movimiento clase mediero toma la posta al movimiento de los obreros, maestros y estudiantes y de los indígenas; y, los supera, los desplaza y, en cierto sentido, hasta los emplaza.

El espíritu no se constituye de la noche a la mañana, la movilización contestataria e insubordinacional no es producto de la pasión radiofónica de un solo locutor, agitador, comunicador social y analista (todo en uno); no es el resultado de la indignación contra la corrupción a secas, pues, la pequeña burguesía a pesar de que antepone grandes consignas (prohibido prohibir; por ejemplo) construye el escenario y se desenvuelve en él con soltura pero debajo del entarimado (no solo de los adoquines) subyacen las grandes razones por las cuales lucha y se moviliza, se constituye en movimiento social, en actor político, en clase (categorías utilizadas dependiendo de la vertiente político-ideológica del enfoque).

Asumiendo que la caída de Gutiérrez respondió a un movimiento urbano de Quito, ciudad clara y groseramente dividida en dos sectores: el norte de la pequeña burguesía y al sur los sectores populares (esta división grosera, no excluye la diversidad y heterogeneidad que encierra solamente las simplifica al máximo, simplificación basada en la forma de existir en el imaginario urbano, de auto representarse y asumirse). Que además contó con el respaldo de los pobladores y pobladoras de los valles circundantes donde se asientan principalmente la burguesía y la pequeña burguesía alta con pujos. En el resto de las ciudades del país el movimiento fue minoritario, disperso o nulo.

Aceptando este antecedente como cierto (con todas las limitaciones y simplificaciones expuestas); Quito se convierte en la cuna de los forajidos más allá de lo anecdótico (la frase afortunada –pues dio pie para consolidar una identidad en los manifestantes—emitida por el dictócrata pretendiendo descalificar a quienes rechazaban su gobierno) y también su límite pues más allá del reducido círculo de la pequeña burguesía informada no existió mayor movilización ni rechazo ni aceptación alguna al hecho en sí.

El movimiento de enero de 1997, que derrocó a Bucaram, también movilizó a Quito en su conjunto –y a otras ciudades del país-; pero por notorias diversas razones: el norte se indignó por la forma[22] de conducir la nación, la chabacanería, la ridiculez, la guachafería, la actitud servil frente al enemigo histórico del Ecuador; el sur en cambio, por la pretendida elevación del precio del gas[23] de consumo doméstico. El Norte dirigido por la pequeña burguesía ilustrada (Mahuad, Arrobo, la Iglesia); el Sur por los dirigentes populares y sindicales. Aquella multitudinaria manifestación que confluyó en el Congreso Nacional nunca se mezcló, más bien recalcó la gran división de la ciudad. En ese entonces se contó con el apoyo de la gran prensa que azuzó los ánimos y magnificó los hechos discordantes del entonces presidente. Más allá de estos detonantes la burguesía financiera puso en tensión todos sus resortes para derrocar a quien pretendía evitar que el Banco Central dejase de funcionar como la caja de auxilio permanente y recurrente de los bancos privados y declarar, además, la convertibilidad de la moneda en apenas cinco mil sucres. Todo el proceso de desregulación financiera, iniciada por Sixto Durán Ballén, no habría tenido sentido si no se concretaba –como sucedió apenas dos años más tarde— en el mayor desfalco efectuado en el país.

La Constitución no es nada más que un parapeto legal para legitimar los grandes negocios de la burguesía; eso ha quedado demostrado en este corto pero lucrativo –para los beneficiarios— período de despojo y de concentración de la riqueza hasta niveles nunca vistos. Bucaram fue cesado en su cargo por el Congreso debido a “incapacidad mental”; y, las Fuerzas Armadas, dirimieron el asunto de la sucesión presidencial a favor de un interino talla única cuya única función fue evitar que sea demasiado evidente la retoma del control del estado nuevamente por parte de los grupos financieros del Ecuador y que, efectivamente, continuaran haciendo sus fructíferos y grandes negocios.

Satisfechos todos. El Congreso efectuó una parodia de auto depuración, el Gobierno realizó un referéndum para ratificar lo actuado por el Congreso y convocó a una Asamblea Constituyente para refundar la república. El movimiento nacional de repudio a una fracción de la burguesía informal[24] consolidó una forma de gobierno de corte presidencialista y restó atributos al Congreso. Una movilización multiclasista no podía parir más que una Asamblea que reconociera, en el papel, los derechos sociales y de las minorías pero que dejara intacta la estructura fundamental de la nación: la inequidad, la acumulación, la explotación, la subordinación a los organismos financieros internacionales y la supremacía de la burguesía financiera.

En la ruptura del período constitucional más largo de la Historia; los elementos subjetivos primaron y dieron visos de legalidad a las verdaderas razones para la caída de Bucaram. La pequeña burguesía, con su movilización, ganó el protagonismo de la escena política y creyó haber contribuido al proceso de cambio del país; pero, la burguesía financiera[25], sobre todo aquella que desarrolló su lucrativo negocio durante este período de crisis, pronto la sacaría de su ilusión.

UNA NUEVA SITUACIÓN POLÍTICA

La presencia en las calles de los autodenominados forajidos constituyó el despertar de una nueva forma de hacer política. La demanda de la mayoría de los manifestantes de que se vayan todos es el momento más alto de reivindicación política para sentar las bases de un nuevo Estado. El desplazamiento de los sectores de izquierda constituye el fin de la lucha organizada a través de los partidos políticos como portadores de propuestas de sectores sociales plenamente identificados. La revalorización de los símbolos patrios, más allá de las banderas político-partidarias constituye la configuración del espíritu nacional tantas veces anhelado por diversos sectores sociales –tanto los de avanzada, como en los años 30 o de los desarrollistas en los 70-- y la concesión de la demanda de la plurinacionalidad pero bajo los parámetros establecidos por los intelectuales del nuevo régimen.

Es el momento de los movimientos sociales y de la ciudadanía en esa relación bilateral frente al Estado; además, es la hora de pensar en las reformas como límite deseable. Qué cada quién coja su morral de ilusiones, los archivos de sus pasiones secretas para buscar el grupo social adecuado como para ponerlas a marchar en el asfalto del reacomodo del poder que, luego de la ebullición, viene la calma, por no habernos atrevido a soñar lo imposible, lo tantas veces ansiado aún a costa de muchas vidas (ajenas por supuesto, como condición sine qua non para seguir soñando).

QUÉ SUCEDE CON LA LITERATURA EN ESTE LARGO PROCESO

En el la literatura del existe una preocupación permanente e inacabada por construir la "identidad" nacional[26]; esa es su tragedia -a pesar de no contar con una tradición teatral-, su grandeza -a despecho de no poseer grandes gestas históricas-, y su casi inexistente presencia a nivel latinoamericano si exceptuamos a Marcelo Chiriboga, único escritor ecuatoriano mencionado por los del boom.

El 16 de enero de 1994, con grandes titulares, Raúl Pérez Torres, en el diario El Comercio, describió las características y las circunstancias de "La generación del desencanto". A pesar del bautizo masivo nadie -hasta el momento-, ha renegado del nombre ni de sus connotaciones. "Una Literatura de la ambigüedad, de la angustia, de la incertidumbre, del desencanto del hombre y de sus instituciones, una literatura que, sin embargo, busca la identidad perdida, la inocencia, el gesto, el otro rostro de una existencia urbanizada y encementada."

¿De dónde proviene el desencanto? La condición desencantada se presenta como una posición extrema, la única factible entre el decoro, la honestidad y el oficio del intelectual. Parece imposible, para la generación que teorizó la revolución, dejarse de mirar en el espejo de la derrota, les resultó más fácil recrearse como personajes de novela o escribir prólogos, o disculpas que asimilar sus engendros:

"Pero no, el tiempo no ha vuelto; ha girado, sí, pero en una espiral. Hoy parece lo mismo pero es diferente. Alfredo, el ideólogo, el caracterizado representante de la cordura y el saber revolucionario, el que apoyaba a Fabián en el propósito de organizar un movimiento popular, de verdad popular; el que había luchado hasta el fin contra los exaltados que desconfiaban del pueblo y abogaban por las guerrillas; el que se oponía a los soñadores de poemas afirmando que la palabra cultura sólo tiene sentido cuando es coreada por las masas; el que mil veces había hecho oír su voz de barítono sobre el aullido insensato de las asambleas desenfrenadas y noveleras; el sabedor de todos los vericuetos de la dialéctica y de las trampas de la estrategia, él tampoco es el mismo: el tiempo y el cansancio le han hecho otro; ha devenido sociólogo, experto en textos consagrados e inquisidor de falacias, desvíos y herejías. (...) Ha terminado detrás de un escritorio, arrimado en el respaldo de su sillón, con aire de tonto solemne, revolucionario jubilado, leyendo y escribiendo Informes Importantes, dictando cátedra de materialismo histórico en la Universidad y creyéndose capaz de diagnosticar el error táctico de los que pregonan su hambre exhibiendo carteles en la puerta de la fábrica cerrada; ex-defensor de la vinculación con los obreros, ex-opositor de la alternativa terrorista, ex-orador de motines y asambleas; ex-disidente, ex-preso, ex-liberado, ex-sinempleo, es ahora funcionario de alto nivel técnico, con libre acceso al despacho del señor ministro, asesor y hombre de confianza, intelectual de izquierda, solemne porquería." Fernando Tinajero. El desencuentro.

El escritor se arrogó funciones de Demiurgo, se convirtió en el Dios inmisericordioso capaz de arrojar del paraíso a sus criaturas más amadas; pero en realidad (se) estaba retratando al intelectual orgánico atrapado entre el deseo de cambiar el mundo y su condición de militante que más que la revolución estaba constreñido a construir “el partido”:

“La gana de actuar de Gálvez, tenía algo de lujuria, por obsesiva y excluyente, y lo que le ataba las piernas o se las costaba, su verdadera impotencia, no era, como en nuestro caso la comodidad, sino su disciplina, El problem está, decía, en que hablamos de revolución pero ellos hablan de partido y, por desgracia, todavía no es lo mismo, por lo menos aquí. Mantienen una actitud de resignación y acatamiento, casi un complejo de inferioridad, como el de los negros norteamericanos antes del Black Power, como el de nuestra pequeñita clase obrera: no piensan alterar el orden sino entrar en él, no se proponen liquidar un sistema sino ser admitidos, no se trata del odio sino de la reconciliación” Jorge Enrique Adoum. Entre Marx y una mujer desnuda.

La literatura se convirtió en el campo virtual de la revolución donde fue posible instalar a los existencialmente atormentados héroes, incapacitados para romper su dependencia vital e intelectual. A falta de héroes reales, la novela se alimentó de la imagen del intelectual-puro y lo convirtió en mártir que siempre osciló entre la incomprensión de las masas, del partido, de la familia, del mundo en general.

"No hemos sabido perseverar, nos hemos dejado llevar por la comodidad, por lo más fácil, hemos buscado pretextos para dejar de actuar, hemos caído en la trampa y muchos hemos abandonado el país porque era un país de cerdos y hemos viajado a Europa porque allí sí nos entienden y alaban nuestra finura y nuestra inteligencia, e inclusive podemos pescar una francesita descuidada para elevar nuestro status. (...) No hemos roto nada. Generación de la pose. Hemos salido de los brazos de mamita para buscar otros más débiles. Seguimos siendo tan mediocres como nuestros padres. La vida del mediocre es lineal, simple, incapaz de transgredir normas (a lo más enmascararlas) de romper reglas, huele a devocionario, a pan guardado, no tiene alternativas, se va engordando de las vulgaridades cotidianas, de su falta de pasión, de esa monotonía asquerosa de tres comidas diarias y pasta dentífrica, suprimiendo quizá la pasta dentífrica, a fin de demostrar que no somos iguales. De comunistas hemos pasado a consumistas." Raúl Pérez Torres. Teoría del desencanto.

No es nada extraño que los héroes abandonen su papel (o el país), aspiren estar más maduros para comprender este país iridiscente o a la espera de que cambie la realidad para que tengan cabida todos sus sueños. El desaliento y la derrota constituyen la estatura de sus sueños; esa incapacidad para la acción, esa imposibilidad de romper la historia, la familia, la comodidad constituyen el cerco de su drama:

"Elegimos un camino pero no llegamos a recorrerlo, ni siquiera dimos el primer paso, nunca llegamos a existir. Todo fue un simulacro, entiendes; una representación que sustituyó a lo real y que la vivimos como si fuera la propia vida... la tragedia de los actores que ensayan una, dos, tres, cien mil veces la gran epopeya y mueren el día anterior a la primera representación real... (...) Fuimos los héroes, los mártires anónimos de una guerra que nunca se dio, de una causa que nadie llegó a conocer... No, no existió la dinamita social... Fuimos la pólvora que explotó solitaria... Oh, el doble ascetismo de la muerte... Morir sin haber existido jamás. Somos los nonatos (...) los nonatos de la revolución." Alejandro Moreano. El devastado jardín del paraíso.

La autodenominada "Generación del desencanto"; manejó una propuesta estética desde la derrota, reforzó la constatación de la imposibilidad de cambiar la historia. La mayoría de sus integrantes participó o simpatizó con los movimientos denominados revolucionarios que luego cayeron en la orfandad al derrumbarse el Muro de Berlín. Una literatura de la nostalgia y el recuento, de la lamentación hecha novela. Los géneros preferidos fueron la novela, el cuento y el ensayo; en los inicios de su actividad literaria se sumaron a la corriente transformadora que recorría América Latina, en sus estertores, su discurso lo desarrollan desde el recuerdo. Su grandilocuencia se ha convertido en una suerte de expiación de culpas. Entablaron a la literatura con una serie de reflexiones filosóficas y la trataron de abordar, esencialmente, como construcción de la dicotomía entre reforma y revolución; constituyendo, lo revolucionario, el mundo de las ideas encarnadas en el intelectual-mártir, capaz de cuestionarlo todo y de cuestionarse entero pero incapaz de convertir los sueños en realidad; su lucha es un enfrentamiento desigual con sus fantasmas y sus progenitores; una literatura de la derrota a pesar de estar coqueteando (en la actualidad salvo raras excepciones) con el poder y sus meandros[27].

Pero en contra de todas las evidencias "... quienes se instalan en el desencanto y lo racionalizan como un nuevo valor. Aparentemente radical, esta actitud es profundamente conservadora: prefiere adaptarse al curso supuestamente natural del mundo. Parece que el temor a las desgracias en que desembocaron nuestros sueños nos censura en los deseos. El desencanto genera hastío y nos acosa la fatiga. Basta mirarnos y recordar al poeta:

Os digo que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte (...) Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quien quiera diría que, no siendo ahora en otros tiempos fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino"[28]

CÓMO SE LIGA TODO

En los camerinos, cuando es posible ver a los actores de este teatro; se pone de manifiesto el cambio de escenario, del vestuario, de las luces. Los protagonistas se suceden unos a otros frente al público; cada quien con sus proclamas, cada cual con sus secretas intenciones. Los forajidos constituyen en definitiva el desplazamiento en la escena política del movimiento indígena, el recambio de la wipala por el símbolo patrio, la reivindicación de lo nacional frente al redimensionamiento de los sueños. Los intelectuales en medio de la disputa por protagonizar los actos del drama, en un inicio exponen al público sus limitaciones, sus incapacidades, su timorata condición de soñadores a tiempo completo e ineficaces en la acción; en un segundo acto se proclaman los artífices del cambio, los que pueden señalar el derrotero de las transformaciones; a medio camino entre el pensamiento occidental pues ahora se jactan de sus títulos obtenidos en Europa, y su tímida y escasa relación con los pueblos y comunidades del Ecuador.

Es notoria la inexistencia de la literatura que coadyuve a construir la identidad nacional pues está en cuestión la diversidad y la pluriculturalidad. El discurso totalizador se desplaza hacia el desarrollo de la anécdota; la única posibilidad de ser auténticos sin que se corra el riesgo de ser acusados de impostores es la construcción del mismo personaje con distintas voces y diferentes nombres[29]. Es decir se pretende llevar a la literatura al extremo de hablar para los idénticos, para los miembros de la comunidad de apoyo, para aquellos que conocen a la perfección los códigos para su desciframiento. Mientras tanto la sociología escarba en los cada vez más minuciosos microcasos de la realidad, con la mayor cantidad de datos a ser utilizados para diseccionar un fenómeno específico que le atañe a un particular grupo social. Constreñidos todos a elaborar los sueños y los discursos a la medida del mercado.

¿Es posible salir de la encrucijada; es posible la comprensión del otro sin dejar de ser uno mismo; el diálogo con el otro sin por eso enajenarse?

Superar los cálculos econométricos y estadísticos, incorporar la dimensión simbólica, la ritualidad, la magia, la capacidad de soñar. Se trata de construir una mirada sobre nosotros mismos, a partir de revalorar los recursos cognoscitivos con que cuenta el pueblo (aquel que nunca se perdió) del Ecuador, sus sociedades y comunidades. Es el momento de incorporar nuevos discursos sin pretender erigir un canon, es preciso construir nuevas variables para conocer la realidad a partir de la percepción de la gente y su aporte en la construcción del conocimiento en desmedro de la visión e intervención del especialista que pretende conocer a fondo una realidad pero opera con un instrumental que no le es propio.

Dejar de interpretar el tradicional papel de influyentes y omnisapientes intelectuales, portadores y reproductores del saber, formados bajo la égida del pensamiento racionalista y clasificador; pues "hay realidades simbólicas y concretas a un tiempo solo accesibles al músico, al poeta, y por tanto, verdaderas, con otra verdad distinta a la de la experiencia o a la de los conceptos



[1] “Bien: no sé si entonces era un hombre que soñaba que era mariposa, / o si ahora soy una mariposa que sueña que es hombre". Lao Tse.

[2] Cumandá o un drama entre salvajes (1879). En 1865 escribió la letra del Himno nacional del Ecuador. Algunas de sus obras más sobresalientes son: La virgen del sol (1861), leyenda extraída del folclore; Antología ecuatoriana: cantares del pueblo (1892). Ojeada Histórico crítica de la poesía ecuatoriana (1868). Cantares del pueblo ecuatoriano (1892); Miguel de Santiago (1892)

[3] Al respecto véase 14 novelas claves de la literatura Ecuatoriana, de Antonio Sacoto o El nuevo realismo de Miguel Donoso Pareja

[4] De ella dice Raúl Vallejo: "(...) es la novela de las formulaciones éticas de un intelectual que procura asumir su responsabilidad frente a la historia. En ella está presente la búsqueda de sentidos que los individuos particulares y anónimos realizan en una sociedad profundamente clasista y decadente (Dios, la muerte, el amor, etc.) y la búsqueda de caminos que los individuos insertados en la dinámica de la historia realizan para la consecución de las utopías."

[5] “nos fuimos apagando, descorazonados por la abulia del medio, por el grito al vacío, por la falta de imaginación, por el egoísmo, la falsedad, la cobardía, la división de las organizaciones de izquierda ...” (17); “Se instaló [sic] en nosotros la soledad y la vergüenza ...” Raúl Pérez Torres; Teoría del desencanto,

[6] Michael Handelsman dice de “Pérez Torres busca una especie de purgación espiritual del desencanto generado por los fracasos del idealismo revolucionario de los años 60”

[7] “La dialéctica de la libertad y el destino, de la épica y la tragedia, de la contingencia y el absoluto va tejiendo una vasta urdimbre de situaciones límites. "Para probar mi vida no tengo sino mi muerte", el verso de Vallejo es una de las claves de esta novela de múltiples símbolos. La experiencia guerrillera supone una cotidianeidad gobernada por la amenaza y la tentación de la muerte que magnifica la plenitud contradictoria de la vida. Es, además, la situación excepcional que potencia las relaciones del individuo con la especie, del hombre con la historia. En la derrota final del grupo guerrillero, la libertad se transforma en destino, la épica en tragedia, el héroe en mártir.” Editorial El Conejo

[8] Artículo 68.- Este Congreso constituyente nombra a los venerables curas párrocos por tutores y padres naturales de los indígenas, excitando su ministerio de caridad en favor de esta clase inocente, abyecta y miserable. Constitución de Ecuador de 1830

[9] El concepto de “patria” es definido así por distintos diccionarios hispanos: “La tierra

donde uno ha nacido” (Covarrubias, 1611), “El lugar o país en que se ha nacido” (Diccionario de autoridades, 1726), “El país en que uno ha nacido” (Diccionario de Terreros y Pando, 1787). Estas definiciones suponían también un sentimiento de lealtad al lugar de nacimiento. Por tanto “patria” aparece en la tradición hispana como una lealtad filial, localizada y territorializada. En Nación y Patria: las Lecturas de los Comentarios Reales y el patriotismo criollo emancipador; Jesús Díaz-Caballero. www.dartmouth.edu

[10] En la Constitución de 1869 se llegó a establecer que para ser ciudadano se debía ser católico.

[11] En busca del pueblo perdido, Adrián Bonilla; En busca del cuento perdido, Eskeletra Editorial

[12] Hurtado, Osvaldo; Las costumbres de los ecuatorianos. Editorial Planeta. 2007

[13] Proceso iniciado en 1990 con la movilización exigiendo el reconocimiento de la plurinacionalidad y de la territorialidad y que no ha cesado hasta la actualidad.

[14] Aquellas formas de vida social de los hombres que están más allá de las formas de vida reguladas por las funciones del Estado, es decir, que tienen carácter privado

[15] Touraine, Alain. Crítica de la modernidad. Temas de hoy. Ensayo.

[16] Antes, la historia de esos pueblos eran muchas historias. Después de la "conquista" comienza la historia de esa creación europea que es "el indio". Mires, Fernando. El discurso de la indianidad.

[17] “El código andino quichua gira en torno a seis valores básicos. Los tres primeros AMA QUILLA (no haraganear), AMA LLULLA (no mentir) y el AMA SHUA (no robar); en tanto que los otros tres valores son amor por la tierra, reciprocidad y presencia de lo sagrado” Rosero, Fernando. Levantamiento indígena: tierra y precios. CEDIS. 1990

[18] Schmidt, Wolfgang “Mientras Europa y Estados Unidos se han enclaustrado en el relativismo desencantador del ‘postmodernismo’, América Latina no tiene nada que decir. Los discursos de los 60 y 70 se quebraron frente a la revolución informática y al ‘boom’ económico de los centros de acumulación”. En los límites de la modernidad. En: Debates sobre Modernidad y postmodernidad. Nariz del Diablo. 1991

[19] Al respecto véanse las visiones de Jorge Enrique Adoum: Ecuador, señas particulares (“Creo que no tuvimos el comienzo que habríamos querido...no hubo aquí nada equivalente, aunque fuera de menores dimensiones, a lo que tuvieron mayas, aztecas, incas...); la de Miguel Donoso Pareja: Ecuador, identidad o esquizofrenia (...pienso que a estas alturas de nuestra existencia como país, tenemos que asumir el nombre que tiene, darle toda la dimensión que podamos y sumarla a la que, a pesar de todo, tenemos y nos permite sentirnos ecuatorianos).

[20] Echeverría, Bolívar. Ceremonia festiva y drama escénico. Ponencia del autor en la mesa redonda "el arte y la vida cotidiana" efectuada en la UNAM el 27 de noviembre de 1992.

[21] Concretar los esfuerzos por redescubrirnos y resignificarnos en el proceso de construcción de la Casa Común de los ecuatorianos. “Mostrar la visión cualitativa de la buena vida de la civilización occidental moderna, basada en la escisión sujeto / objeto y la visión amerindia basada en lo contrario: el continuo biosférico”, es clave para el nuevo diseño de políticas públicas que pueden sacarnos de situaciones tercer mundistas, hacia un estilo de vida convivial y equilibrado.

[22] “... la corrupción, el nepotismo, el favoritismo sobre la base de lealtades personalistas, el desprecio por las formalidades del estado de derecho, etc., no son atributo exclusivo de los ‘populistas rudos’, mas en ellos se representan sin maquillaje ni agradables modales del disimulo.” Fernando Bustamente, La política y la picaresca: reflexiones sobre el no tan nuevo orden de la “sociedad patriótica”. Revista Ecuador Debate Nº 61.

[24] Burguesía informal pues está ligada a los mecanismos de acumulación del comercio no formal, el contrabando, y alejada de los círculos tradicionales donde se reúnen y se identifican los burgueses formales: el Club La Unión y la Junta Cívica en Guayaquil y, en Quito, el rancho San Francisco y el club Los arrayanes además de ser admitidos cada cierto tiempo en la Sala Capitular de San Francisco.

[25] “La aristocracia financiera, lo mismo en sus métodos de adquisición, que en sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpenproletariado en las cumbres de la sociedad burguesa.” Carlos Marx, Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. Akal Editores.

[26].- Examínense las visiones de Jorge Enrique Adum: Ecuador, señas particulares; la de Miguel Donoso Pareja: Ecuador, identidad o esquizofrenia; o la del ilustrado anarquista Jijón y Chiluisa en Longos.

[27].- El caso más conocido es el de Jorge Enrique Adum, quien, en palabras de Alejandro Moreano, demuestra la decadencia de un excelente poeta -autor de Los cuadernos de la Tierra-, tradicionalmente comprometido con los partidos de izquierda (en el gobierno de Mahuad) participando de las "sabatinas del poder".

[28].- Norbert Lechner. Un desencanto llamado posmodernismo. Debates sobre modernidad y postmodernidad. El poema es de César Vallejo: Trilce, LXXV.

[29] “El novelista urbano, llevado por una honesta visión de la realidad social total o por las exigencias del argumento, hace intervenir en sus obras a algunos obreros y, generalmente, le sucede lo mismo que le acontecía con los campesinos: los ve de afuera y de lejos, cuando más los muestra en su trabajo, pero los hace pensar, reaccionar y hablar como él mismo: puro disfraz exterior, en el fondo”. Jorge Enrique Adoum; en el prólogo a Las cruces sobre el agua, de Joaquín Gallegos Lara.

miércoles, junio 24, 2009

AHÍ LOS VIDRIOS O LA POESÍA BEBIENDO DE SUS FUENTES ORIGINARIAS


Pablo Yépez Maldonado


La historia es un hatillo de coincidencias, proyectos fallidos, sueños inconclusos, violentas esperanzas puestas en el congelador, silencios prolongados, azares y reencuentros. Esta historia, en particular, tiene mucho de lo mencionado. Ahí los vidrios es un acto teatral donde el poeta se recuesta como un fakir en una larga cama asfáltica llena de cristales corto punzantes y lanza al viento proclamas encendidas y esquizofrénicos llamados a la utopía y a las marchas. De toda esta historia no quedan sino los poemas, las imágenes que nos estremecen o nos hacen sonreír; no se puede permanecer indiferente ante estos textos desplegados con fuerza, con procaz cinismo y creativa alevosía. Es que la poesía, además de pretender que nos quieran o nos reconozcan –como últimamente se ha argumentado-, tiene la virtud de desnudar y desnudarnos, de ponernos frente al espejo para mirarnos de frente sin compasiones, sin las acostumbradas máscaras, para que descubramos aquel mapa cifrado que es la existencia, para revelar los puntos que dejamos inexplorados, las acciones que pretendemos ocultar, los hechos que nos abochornan y nos inquietan, los recuerdos que nos atormentan y no nos dejan vivir en paz.


Hace mucho tiempo conocí al autor; tantos años que nos miramos en orillas distintas; el agua, los derrumbes y la vida nos han acercado de tal manera que navegamos ahora en la misma barca y en el mismo sentido; tiempos remotos y heroicos como para pensar en transformar el mundo, tiempos de insobornable terquedad para creer que nuestras banderas eran las únicas que nos podían llevar a la toma de Zoonderet –como lo denominó al palacio presidencial, aquel que ya no nos acompaña pero que siempre regresa: Marco Núñez Duque-; el Alfredo en la cofradía de la Pequeñalulupa y su troupe de evasores a tiempo completo; nosotros (en el sentido estricto de un colectivo de escarabajos utópicos) en el Matapiojo pretendiendo incorporar el arte y la literatura en la cotidianidad; ellos en su apuesta permanente por la transgresión, nosotros por la construcción subversiva no de uno sino de diez mil talleres; ellos en la bohemia permanente conversando con los fantasmas y el Oscar Montalvo que tuvo a bien descubrir el otro lado de la luna, nosotros pretendiendo construir la asociación de talleres. ¿En qué momento la cascada de la vida nos juntó? Creo que la caída del muro, el hacernos a un lado de la generación del desencanto, el descubrimiento de la magia de la cosmovisión andina, el descrédito del desarrollo como reflejo de aquella parte del mundo que ya no tiene nada más que proponer además de su locura armada; la constatación de que estábamos vivos y con ganas de seguir conspirando así sea en contra de nosotros mismos.


Creo que eso somos en el fondo: conspiradores de las reglas y las buenas costumbres, de la moral y su visión light y antiecológica de la vida; de la sexualidad y su rito cansino que nos ahoga y nos aprisiona; de los modelos (no de las modelos) y los marcos lógicos, de los buenos negocios y las fechorías; conspiramos en contra del canon y de los iluminados, de los vanidosos y los proxenetas de la literatura; estamos siempre atentando contra aquello que se debe decir para triunfar en la vida. Y, paradoja de paradojas, ahora que la revolución ya es de todos, no somos parte de esta revolución de académicos y músicos de hace fú; porque crecimos en todos los lugares y no nos acomodamos a la nostalgia, y no se nos derraman lágrimas con antiguos cantos a la bandera, a la patria sagrada, porque no hemos hecho negocio de la palabra.

Por eso estos textos del Alf, donde fundamentalmente socaba su piel y su aparente seriedad; camina solo, descubriendo los nuevos destellos del arco iris, las nuevas formas de entender la vida auscultando en las piedras milenarias y en los sonidos ancestrales porque creo, al igual que él, que allí se encuentra alguna clave y, si no fuese así, seguro que nos la inventamos, porque de eso se trata, no de creer sino de crear. Y en eso se nos va la vida, que es una permanente contradicción entre el bienestar y el bienvivir, adoptado este último concepto –fuera de contexto- por la constitución; pero que Alfredo conoce su profundo significado; a pesar de todos los intentos por uniformar la imaginación insistimos, procuramos construir aquel nuevo orden en el cual cada quien será libre de todo orden.


Me voy a remitir a los hechos, que son en definitiva las palabras, porque en contra de los escritores profesionales creemos en el ser humano que se dedica a vivir en comunión consigo mismos; y, por eso deambulan por sus páginas los marginales, los locos y los ebrios, aquellos que se debaten entre el deber ser y la demencia de ser felices aún a pesar de ellos mismos, y nos dice: Leo el libro de la obscuridad / Esa horrible turbulencia / escapando de todo orden / Estoy solo sobrio / y sin embargo convulsivo / hasta el amanecer; con ese asombro que ensordece nuestra monomanía de ajustar el reloj, subordinarnos a los horarios y a las costumbres porque no hay peor tirano que el que llevamos dentro, aquel que nos impide alterar y alterarnos; ¿qué es un poeta?, sino la virtud del vicio / la manera de jugarse la ruleta rusa / antes de que le atraviese el plomo; porque de escapar de la muerte se trata, de condensar en el acto toda la experiencia y la toda rabia. La búsqueda del lugar de origen o de las raíces y la identidad o las identidades con las cuales deambula por la existencia, como esas cédulas falsas que nos permite vanagloriarnos de que somos alguien: fui concebido en la imaginación / de una madre furtiva / quizás era un tubo de ensayo / por medio del cual / debí ser un osado astronauta; la posibilidad de recrearnos, de rehacernos a pesar de las insistencia en la realidad para definirnos, para enmarcarnos. Una osadía de aquellos que no están satisfechos con la realidad plana de lo establecido; la desmesura es una de las características del poemario, esa desmesura que intenta abarcarlo todo: solo sé que he mirado el cielo / y apenas he alcanzado a tocar / el timbre de tu casa; la ironía, el antilirismo, el tono coloquial en contraposición a la solemnidad y a la trascendencia; la construcción permanente del universo a partir de las simples cosas; porque quien es consciente de nuestra pequeñez si no mantiene en su mapa mental la inmensidad del universo; y, quien no reconoce la inmensidad de los seres humanos si no delimita el universo.


El poeta mantiene una irremediable vocación para amar; El amor es mi adicción / y doy la frente / así que son tuyos mis testículos / arrasa con ellos / te peinaré el cabello / con los dientes / o me masturbaré hasta morir de frío / soltando mis huesos / como un Nijinski en el sanatorio; con ese amor unilateral, desempolva las mejores fintas aprendidas en esos lugares prohibidísimos de antaño, donde la sed de venganza o de amor que tenía / aquí está mi alma infecta / lista para los últimos rounds. Es esa pasión por el amor, ese desencanto que siente ante el abandono, frente a la imposibilidad de concretar los sueños prefiere dejar libre al ser que ama para que se mantenga en el recuerdo; en aquel sitio nunca hollado por la traición ni la desesperanza. Porque si bien es cierto el amor es subversivo pues trastoca el orden de las cosas y las prioridades, el amor carnal es llamativo, reverberante, urgente y no repara en los daños colaterales o en las víctimas de la mutua posesión: me fui a la cama con tu esposa / no hacía falta que sea viernes / encontramos la forma de engañarte / ella habló de su mal pasado / yo de Leonard Cohen / No la acuses / ella nunca leyó ese libro / pero sí hace con su cuerpo mejores versos. El poeta se sueña invencible, incólume en su manía de esperar y construir ese amor creativo, ese que rompa las convenciones y los deberes, ese amor que sobrepase los dogmas y la ética: puñal de pókares jugados / entre santos y profetas / carcajadas blasfemas / las putas arrojan la / simiente / de sus hombres que más huérfanos mean / y dibujan en los muros / enormes letras; en medio de este Quito prostibulario, en medio de esta ciudad rescatada para el turismo pero vaciada de la vida, del riesgo, de las pequeñas criaturas que asombran las estadísticas por su terquedad para sobrevivir; como un cáncer que se propaga en numerosos pólipos persisten ahora hasta en los barrios residenciales para horror de sus moradores, subsisten en las principales avenidas de esta ciudad murcielagario. Ciudad que palpita, que constituye una personaje más de los múltiples que recorren el poemario; porque, dónde más se pueden encontrar el Templo de las quimeras, Las flores del califa, El palacio de las medias cantadas en las voces de Roberto Calero, Aladino, Tito Cortés, Julio Jaramillo, paladines del desaliento y la soledad, requiebros para hacer de la existencia un muestrario de desencuentros.


Pero el poemario avanza en medio del mismo escenario, ahora con el rock y las desapariciones de amigos y compañeros, por ello el poeta exclama ¡ESTOY VIVO! / ¡ESTOY VIVO! entre transeúntes / entre el ruido / la polución maravillosa / de los destartalados carros; sorprendido por haber sobrevivido indemne al cambio de los tiempos. ¡Hermano! / ya no soy yo el que te habla / son los sueños / las utopías / el albedrío / más que las reglas de la sedición / que nos volvieron / incrédulos / estrambóticos / soberbios, en esa comunicación delirante con su antiguo y desaparecido compañero de aventuras Gustavo Garzón.


Pero persistir es un riesgo, pues todos bogan hacia otras fuentes; Alfredo no deserta, emprende con lo que tiene a mano, con la misma ferocidad con la cual enfrentó aquellos antiguos molinos del desencanto, ahora arremete contra las lanzas doradas de los fascinados, de los obnubilados por el poder y el prestigio. La historia ha depositado sus infelices huevos en las piedras sempiternas de la urbe que tiene la firma arquitectónica del analecta. Pues Quito tiene otras versiones, otras formas de escapar y de enmudecer; son los tiempos del consumo, de la desmedida pasión por el ego, por la autosatisfacción a pesar de tantos menesterosos que nos insultan por nuestra condición de nuevos dolarhabientes; por nuestra premura para llenar nuestras estanterías de todas aquellas cosas que no nos hacen felices pero nos vuelven más importantes aún a los ojos de nosotros mismos: La caminata es lenta y distraída por la vereda / más poblada: almacenes coreanos, / restaurantes chinos, más y más ventas / ambulantes, ópticas donde unas estudiantes / quieren echar pinta con nuevos ojos azules / o verdes o tipo gato para sus proyectitos en el / Nobar. Pero el poeta sobrepasa la ciudad, el tiempo, la soledad; se refugia en sí mismo para caminar más libre, más dueño de sus proyectos en reconstitución; pues la poesía no deja de habitarnos por más desacuerdos que tengams con la historia: Esta realidad es tan solo una muletilla para regresar del extravío, o lo que es lo mismo, tomar el camino hacia la clarividencia, a la virtualidad, como si espíritu y cibernética se confabularan, pues interiormente giran en múltiples espirales en una espiral nodriza los microchips de mi vida. Renacer, volver a cero, a inventar el universo a partir de las manos vacías, a conocer la magia de la creación a pesar de los otros funámbulos de la oportunidad; Alfredo desbrida su caballo, lo arma para el nuevo tiempo, para arremeter contra los falsarios y los charlatanes de las nuevas eras, contra los políticos agoreros de lo mismo, contra la ventrilocuencia de la modorra y los sueños obtenidos por decreto; contra los profesionales de la palabra que han quitado la lumbre a la poesía para volverla lienzo de burócratas de éxito o escritores de postín y de gabardina para cualquier ocasión. En la poética de Alfredo, se restituye la poesía nuevamente como un centro vertebrador de los más irreverentes sueños, ahora sobre la magia de los íconos propios, sobre la retomada senda de los viejos sabios, no de los elocuentes, no de los eruditos; de los sabios, de aquellos que tenían la capacidad de descifrar todas las profecías, todos los deseos debajo de la más insignificante de las pieles; a volver a los orígenes, a la rabia que todavía nos puede llevar a la desmesura, a la incendiaria voz que nos conmina a seguir: Aquella luminiscencia hizo que nunca me faltara / alguien a quien caerle a machetazos / en pleno corazón de la urbe / mientras Genet / mi padre / alababa la vasta poesía de mis delitos.


Ahora regreso al amigo, al solitario as de corazones, al irreverente y apasionado poeta que construyó su obra sobre su misma soledad pero en medio de los sólidos pilares de esperanza, rabia y paciencia; aquello que llaman sabiduría, para no dejarse tentar por los cánticos de las sirenas que le invitaban a transigir en su grito, en su angustia; pues el mundo está todavía por construir, la esperanza está detrás de las puertas de los burócratas de oficio –ahora hasta pagan por hacer la revolución-; camina impertérrito a pesar de los desaires de sus antiguos camaradas, apoltronados ahora en mullidos asientos; camina terco e indeclinable con su vocación, con su rabia y su iracundia, con su voz que rompe aquellas melifluas voces que reniegan de lo que no está dentro de nosotros, enconchados y temerosos tratando de evitar aquella carne de los niños drogadictos que / brillan con luz propia / y me ciegan de blancura / aun cubiertos con cartones y periódicos / la carroña más hermosa / la vista más placentera / que busco para mis criaturas / que han de convertirse en las aves emisarias / de mi antropofágico destino.


¡¡Salud por la poesía, por la vida y por la amistad, sobre todo por la amistad!!


Quito, 17 de junio del 2009

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lunes, diciembre 08, 2008

CONSTRUIR Y DEMOLER

Caminar con el morral lleno de sueños, convertir el mundo en una esquina y al ser humano en un ser total; comparar la grandeza del universo con la mínima escala que representamos en el mundo y, a pesar de ello, imaginárnoslo; trastrocar el negocio del terror por el amor para evitar las invasiones y el genocidio; considerar la desproporcionada fuerza de una hormiga o la capacidad del camaleón para hacer que el mundo se vea de su color; comprender y asumir que apenas somos en la medida en que nos inventamos y pensamos y que no significamos más que una libre interpretación de un sueño; asumir que somos finitos y que no poseemos nada; considerar que el tiempo es una percepción continua más que el horadar de los segundos en nuestra conciencia; asimilarnos en el otro porque somos todos para superar ese concepto de alteridad que nos encapsula y nos divorcia.




Convocar, provocar y demoler; para mirar asombrados que aquellas verdades con las cuales crecimos no son más que una de las múltiples vertientes del discurso. Que la vida y el universo están en nosotros como un resumen que recrea y potencia el macroformato; no somos una casualidad; hemos inventado el mundo para habitar nuestros sueños.

Por eso citamos y provocamos, por ello no formamos parte de ninguna secta; somos una comunidad de comunidades de escritores; cada una es el centro, cada quién tiene su propio canon y su propuesta; cada quien habita su espacio y lo fecunda; somos una organización de rizomas; una sociedad de caórticos que lucha por crear otras formas de vivir; pretendemos aquello que suena imposible: integrar la vida en el arte para ello contagiamos e inoculamos el virus de la sospecha y reactivamos el de la imaginación.

Son tiempos de cambios, de demoler el canon impuesto, las reglas, las leyes y las instituciones que nos desvalorizaron que nos impidieron reconocernos en nuestra potencialidad que nos coartaron la posibilidad de soñar con nuestros propios mitos; es el tiempo de la reconstitución de las historias, de los paradigmas y las formas de relacionarnos; que cada quien construya su propia teoría; que se aprovisione de sus más preciados sueños que comenzamos la travesía de la incertidumbre y el apertrechamiento propio; no existen ni maestros ni iluminados lo único que se presenta en el espacio-tiempo son las oportunidades y el silencio; la propuesta y la construcción de nuevas sensibilidades; no queremos festinarnos este cuerpo azul celeste que vaga por el espacio; no tendremos otra oportunidad.

Para ello es preciso que se extienda la magia hacia todos los rincones, que la fuerza nos permita desarticular los negocios funestos y nos impulse a reconsiderar el camino; que nuevos vientos arrecien en contra de los saqueadores financieros para que las posibilidades de vivir bien sean ciertas; estamos aquí nuevamente como hace miles de años, con la misma pasión para recorrer el mundo, para asombrarnos de la levedad de las ensoñaciones y la profunda huella de las pesadillas.

Somos todos los senderos que nos llevan hacia el exilio voluntario y todas las voces de los que nos quedamos; todas las visiones que nos permiten creer en el ser humano; no estamos y nunca nos hemos desencantado; no hemos renunciado ni pretendemos retirarnos del escenario de la palabra porque nuestra es la vida[1], como diría uno de los espíritus más vigorosos que está con nosotros y nos acompaña; porque tanta vida y jamás...[2] como aseguraría otro; tenemos la certeza de que no inauguramos nada; que nadie pretenda la consagración porque el festival de incensarios está en otra parte; que nunca nadie ose determinarnos las consignas tenemos las nuestras, aquellas que nos permiten batallar por la subsistencia sin declarar jamás la derrota a pesar de morir en los suelos baldíos de alguna urbe con pretensiones cosmopolitas; somos y seremos como la paja de páramo que vuelve a crecer –aún a pesar nuestro-.

Esta propuesta es el resultado de un largo trajinar; de una serie de eventos fallidos y de libros nunca publicados; en nuestra bitácora de sueños está la magia que habita en todos nosotros; tenemos la fuerza para continuar en la creación del hipertexto; con las voces de aquellos que nos precedieron y con el violento despertar de todos aquellos que transitarán después de nosotros.

A pesar de todas las provocaciones, los olvidos y las ausencias; o por esos mismos síntomas persistimos, no cejamos en nuestro empeño; que los textos se los lleve el olvido o la reluciente mirada del asombro; pues la poesía no camina de la mano de los profesionales de la palabra; está en todos nosotros y nosotras.

Que así se mantenga.

Quito, 28 de noviembre del 2008



[1] Poemario de Rafael Larrea. Quito, 1943-1995
[2] Antología poética de Alfonso Chávez Jara. Riobamba, 1956-1992

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lunes, octubre 06, 2008

AL PIÉ DE LA LETRA

Elking Araujo
PREMIO Aurelio Espinosa Pólit, 2008


En medio de la constelación de luminarias que han obtenido el “Aurelio Espinosa Pólit” inscribe su nombre Elking Araujo. Desconocido en medio de la farándula literaria, conspirador a sueldo en contra de la Endémica Academia de la Lengua, con un libro más fresco que la Constitución elaborada entre expertos españoles y los insobornables e inclaudicables ex revolú de las décadas de los 70 y 80; con un humor que recrea la capacidad de cuestionar y de reír, de poner en duda hasta la seriedad de los académicos que estudian a esos seres extraños atrapados entre las dos tapas de un diccionario.

Un giro completo a la seriedad de nuestras letras, a la tragedia y a la manera de abordar el relato, una apuesta por la cotidianidad y la ironía, por el absurdo convertido en patrón de vida.

OXÍMORON
Inteligencia militar


Como para recordarnos que vivimos un momento especial de constitución y deconstitución, pues es sobre la base de las palabras que se asienta esta revolución ciudadana donde, obviamente, son los ciudadanos y ciudadanas más ilustrados e ilustradas los y las que hicieron la revolución o la están haciendo. La patria ya es de todos, dicen pero uno no sabe dónde mismo queda la patria y quienes son todos y todas (me imagino). Si solo lográramos configurar en el imaginario de los funcionarios de gobierno que la patria puede limitar con la exclusividad de los barrios amurallados y bien apertrechados o con las calles infectas y la inseguridad de los barrios marginados entonces podríamos revolucionar su burocrática insubordinación contra un orden de cosas que escapa a su comprensión de incentivos y a su política de subordinación a base de subsidios y propaganda. Pero eso es materia de otro análisis pero viene a cuento pues el Elking (oxímoron él mismo) está empeñado en cuestionar a esos libros más sagrados que las cuentas del notario Cabrera:

“Los diccionarios suelen estar precedidos de un prestigio y una credibilidad per se que ninguna otra obra disfruta. Los usuarios admiten la información del diccionario como verdad pocas veces rebatible. Sin embargo, ¿merecen los diccionarios contrastivos, y los diccionarios en general, esta aceptación sin objeciones? (...) pretendo demostrar la falta de veracidad de los diccionarios contrastivos ecuatorianos, debido principalmente a una equivocada aplicación del método de recolección de lexías.”

Es decir que se faja contra aquello que los ecuatorianos y ecuatorianas hemos tomado como una realidad inamovible e incontrastable: la lengua. Casi que nos vendieron la idea de que es imposible atentar contra las normas de la Academia so pena de pasar por incultos (para poner un ejemplo nada más: J. E. Adoum en su best seller Señas particulares hace una aclaración al explicar que pone Amazonía pero que él sí sabe que se debe decir Amazonia, como que los argentinos o uruguayos tuvieran que pedir a cada momento notas de pie de página para decir que ellos escriben como hablan pero que sí saben que se dice no jodas y que, no jodás está mal); pero en fin, que el Elking, luego de una experiencia en los antiguos talleres de la Casa de la Cultura, donde le dijeron más o menos que se dedicara a hacer otras cosas, recrea y renueva la narrativa con un estilo fresco y sugestivo:


EL TIEMPO QUE AMARILLA LAS HOJAS

Sabía que había llegado a la madurez gramatical porque tenía los verbos conjugados en amarillo, los adjetivos superlativos de dureza y los sustantivos antepuestos de perfume y primavera. Solo le faltaba descubrir en qué fruto rojo, azul o dorado se convertirían los puntos suspensivos que encontró al final.


dando cuenta de la diversidad de formas y temas con los que está trabajando la literatura ecuatoriana actual; desmitificando la seriedad postiza y el existencialismo a destiempo y a destajo.

Al pie de la letra, título de su libro es una reflexión sobre esas manidas y masticadas palabras cuyos significados, de tanto usarlos, se han perdido en los pliegues de la desmemoria. Y entonces cobran nuevos significados y adquieren más grandes resonancias,

NOMBRE DE PILA
En cuanto llegó a sus manos, lo abrió y lo revisó. Estaba ensalivado y deforme por las marcas de dientes. Tuvo que admitirlo: su nombre andaba de boca en boca.

Aquellos lugares comunes se vuelven sitios de reflexión para caer en cuenta que nos hemos olvidado de los giros sintácticos propios de los hablantes del Ecuador, que esa forma terrorista de escribir de los años 30 se convirtió en una fórmula para devenir cartel, para rellenar el currículum con la finalidad de ostentar los cargos burocráticos en la esfera de la cultura o para deambular por los alfombrados pasillos de la cancillería en dirección a los cargos a discreción de los gobernantes de turno.

Y entonces no hay las declaraciones líricas de merecido premio para algún ministro multipartidista con incalculable experticia en Educación, o las sorpresas porque desde la lejanía viene algún despistado exiliado a ganar un concursito en tierras ecuatorianas, o alguien más que únicamente le falta el podio en la categoría de teatro y poesía. En fin que el Elking descorre el velo sobre el juego metafórico de la palabra, ese juego siempre de representación y falsedad, de nombramiento y elusión, de nominación y evasión.

Fotografías: Elking Araujo, la primera tomada de su blog Catarnica; la segunda de una página web de un colegio del Opus Dei que mejor no digo su nombre y que tuvo la buena iniciativa de no renovarle el contrato para que se ponga a trabajar en los textos de Al pié de la letra

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lunes, junio 23, 2008

La CCE “Benjamín Carrión” en la encrucijada

Los cimientos sobre los que se erigió la Casa de la Cultura Benjamín Carrión están por colapsar; el proyecto hegemónico de una concepción mestiza de la cultura[1] –homogenizante e integradora- debe dar paso a una concepción de la diversidad y la pluriculturalidad. Es en medio de este dilema que entra al debate la autonomía de la Casa de la Cultura.

Como telón de fondo y como contrapartida una revolución ciudadana que se diluye en los estrechos márgenes de la constitución o reconstitución del aparato estatal desde una posición académica muy lejana a la realidad y a la cotidianidad, al imaginario y a los símbolos de lo popular. Un proyecto reconcentrador y organizador desde el centro para convertir a la periferia en el escenario en el cual se cumplan los designios de los planificadores para impulsar el vagón de la patria hacia el desarrollo sobre las rieles del buen vivir –concepto entresacado de la concepción ancestral y agregado a la nueva constitución -.

En qué medida la Casa de la Cultura ha agotado su concepción y su quehacer en estos más de 60 años de funcionamiento. Erigida como la institución desde la cual se reconstruiría el maltrecho orgullo nacional seccionado por la oprobiosa derrota del 41 y aquello que se denomina de manera entre revolucionaria y religiosamente “La gloriosa”, para construir aquella patria pequeña pero con espíritu grande según su mentalizador. Un proyecto estatal e intelectual para que, desde una casa donde se dé cita lo más alto del pensamiento, “robustecer el alma nacional y esclarecer la vocación y el destino de la patria”, en otras palabras refundar el cuerpo de la nación ecuatoriana, generar una identidad y reconstituir las relaciones simbólicas de pertenencia, cuyo eje medular correspondería a la narrativa de la “nación”, sentando las bases y las condiciones institucionales para la generación de una intelectualidad estatal[2].

A pesar de los intentos de los ex impugnadores que se tomaron la Casa de la cultura en 1966 aprovechando la caída de la dictadura, la revolución cultural terminó en una restauración. A partir de allí el derrotero de la Casa de la Cultura ha estado marcado por el auspicio a cierta intelectualidad y a determinados artistas para fomentar aquello que se denominó “identidad nacional”. Pero en la década del 90 aquella visión hegemónica e integradora de la realidad se hizo trizas con el aparecimiento en escena del movimiento indígena como sujeto político y con un discurso propio que cuestionó en esencia al estado y la organización social excluyente sobre la cual, sin advertirlo, se había constituido este país; y reclamó su presencia y su legítimo derecho a participar activamente en la reconstitución del Ecuador. En parte la Constitución de 1998 es fruto de aquella impugnación.

Qué sucede ahora. A partir de aquello que se autodenominó el “movimiento de los forajidos” se deslegitima el régimen de los partidos políticos –régimen auspiciado por la extinta Democracia Popular y aprovechado al máximo por los Social Cristianos-, arriba al gobierno un sector de la pequeña burguesía intelectual y académica que pretende reorganizar el aparato estatal y darle nuevos fundamentos a las relaciones sociales pero sin el acompañamiento de la efervescencia popular, en parte porque no se acomoda al discurso académico y racional y en gran parte porque para los sectores populares el poder es lejano e inaccesible. Como una forma de subsanar ese vacío de apoyo popular (apoyo popular real más allá del folclórico y ritual depósito del voto) se implementa una política subsidiaria para contrarrestar los efectos de la crisis bancaria y del desmantelamiento del aparato estatal, planificado y ejecutado de manera sistemática, en las dos décadas precedentes.

Esa concepción académica que compartimenta, segrega y separa el todo para entender la realidad creó el Ministerio de Cultura separándolo del de Educación. Es decir la cultura entendida como un quehacer específico de los gestores culturales y para ellos creó una plataforma de proyectos a ser financiados. Pero la perversidad de la realidad demuestra a diario que la cultura lo atraviesa todo y está presente más allá de las estrechas paredes de las instituciones que pretenden ser los ejes rectores de la cultura y deviene en alucinantes figuras calcinadas del rock por falta de espacios adecuados para desarrollar sus actos y en propuestas vigorosas de las diversas naciones y pueblos indígenas sobre la recuperación de los símbolos enmascarados en las ritualidades sincréticas de las fiestas religiosas y reclaman la recuperación de sus monumentos históricos a contrapelo de las regeneraciones urbanas realizadas en Quito o Guayaquil donde los indígenas han sido considerados únicamente como mano de obra de lo colonial y republicano pero de cuyas zonas recuperadas ha sido borrada toda referencia a la barbarie ejercida sobre su humanidad para construir esa misma monumentalidad que se muestra ante los ojos atónitos de los turistas de toda laya.

En este contexto no creo que se solucione el problema cambiando únicamente la denominación de la Casa de la Cultura por la Casa de las Culturas sino que es preciso demoler las bases sobre las que fue construida para integrar el arte y la literatura en la cotidianidad de los seres humanos. No es posible que parapetados en el discurso de Benjamín Carrión se den casos tan opuestos como el de los artistas abandonados a su suerte –Bruno Pino nos puede contar su historia arrojándonos su desprecio por los espacios institucionales- en contraposición al auspicio insultante que han recibido ciertos escritores y músicos que ahora están en el gobierno.

La cultura es una constante y abarca todos los ámbitos de la vida; el arte y la literatura en cambio, en este proceso de super-especialización, es realizado por individuos de una “sensibilidad especial”; o eso nos han querido hacer creer, cuando en realidad todos los seres humanos estamos dotados de esa capacidad creativa pero que el proceso de educación y de integración a la producción van castrando para hacer del ser humano un individuo productivo pero no imaginante, un individuo al que se lo mide por la cantidad de cosas que elabora pero no por su capacidad de imaginar.

La realidad actual es muy distinta a aquella que justificó la creación de la Casa de la Cultura; el proceso de globalización y el desarrollo de nuevas tecnologías nos demuestran que el papel del artista como el individuo de sensibilidad exquisita está desapareciendo y, como contrapartida, emerge del anonimato una cantidad increíble de creadores que elaboran otro discurso y otras manifestaciones artísticas por fuera del canon y la regla, por fuera de la academia y las instituciones, en la marginalidad y en el anonimato solo por el gusto y el placer de elaborar sus propios sueños y su propio discurso porque, el que es emanado desde la academia o los medios masivos de comunicación, no les pertenece ni les identifica. Todos los intentos por racionalizar, funcionalizar y uniformar el discurso es desbordada por estos creadores, pertenecientes en la mayoría de los casos a comunidades autogestionarias, a quienes no les interesa el destino de la Casa o del Ministerio de Cultura porque saben y están seguros que los auspicios nunca les llegará y que, en caso de llegar, desvirtuarían la naturaleza de su trabajo.

Esta nueva realidad repliega a ciertos escritores y artistas a refu­giarse en los círculos, a considerarse sacer­dotes que defienden el templo de las hordas salvajes que arremeten contra el arte y la literatura. El templo, símbolo de los iniciados en cualquier culto, al que no tienen acceso los profanos, es el reducto del cír­culo y la representación del poder por delegación de la divi­nidad. Estos nuevos sacerdotes son los detentadores del “saber”, los que poseen “la verdad” para difundirla entre los impíos, los que encarnan el conocimiento y defienden la estructura social, son los cuidadores de la forma porque también ella reviste la jerarquía.

Los rituales de iniciación son actos para demarcar la repartición de los conocimientos; la ocultación está siempre presente en el carácter de lo sagrado y eterno. Demostrar la imposibilidad de cambiar las estructuras es la misión de los sacerdotes, impedir que los fieles o devotos de la divinidad interpelen o cuestionen el orden de las cosas es su tarea fundamental.

Pero la literatura y el arte se presentan en la vida y se expresa en la obra de aquellos que cuestionaron a toda hora, tanto en la cuestión formal como en la concepción del arte, la función de los tem­plos; en los sur­realistas que quebraron con sus propuestas la utilitaria división entre la vida y el arte.

Ninguna manifestación artística puede alcanzar grandeza si no está comprome­tida con la vida no con el templo, no con el círculo; porque no se puede criticar la estruc­tura de poder siendo parte y benefi­ciario de ella.

La propuesta más radical, es destruir el templo, hacer que exista el arte y la literatura entre la espalda y el esternón de cada ser humano, des­mitificar el hecho creador y socializar las técnicas de creación. La crítica no se la hace desde la oficialidad, tampoco desde los círculos de amigos para las publicaciones ni desde la reverencia a la forma, sino, desde una propuesta contraria a la que ha tenido la burguesía (disculpen el anacronismo de la palabra); desde una posición consecuente con las aspiraciones del común de la gente y no en devaneos con los dueños del poder y de la figuración.

Aquellos que se levantaron contra los grupos preciosistas ahora se yerguen como los defensores de lo bello y de los templos; sin considerar que lo hermoso está en la vida no únicamente en la pala­bra, que la esperanza no es bella por estar retratada magis­tralmente en una obra literaria sino, que es hermosa, porque surca el límite que existe entre la resignación y la insubordinación, que la convierte en tirajebe[3] o sometimiento. Eso es lo maravilloso de la palabra, de la literatura, del arte y de la vida.

Es preciso, urgente que la Casa de la Cultura se transforme radicalmente para dar cabida a las múltiples manifestaciones artísticas de los diversos grupos y sectores sociales; basta de sumos sacerdotes que nos dicen dónde está el canon y cuál es la regla; el espíritu de los creadores, la obra de los artistas deberían dar color y sentido a esta revolución cuya obra máxima parece la redacción de una constitución que, de la forma como se la elabora, podrá ser cambiada de la misma manera por algún otro grupo que se suceda en el poder. Solamente si la gente, el común de las personas, se moviliza y se apropia y crea la propuesta será perdurable, de lo contrario, más temprano que tarde vendrá la restauración para escribir la historia con los mismos dueños del poder y de los sueños.

[1] Síntesis asimétrica de elementos indígenas y blanco-españoles.
[2] Polo, Rafael. La narrativa mestiza del Ecuador.
[3] La popular cata pero en el habla de los lojanos, honda según la RAE, pero más cercana al tirachinas (Urug. y Arg.)

Pablo Yépez Maldonado

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jueves, junio 12, 2008

JOAQUÍN GALLLEGOS LARA O EL ESTUPOR FRENTE A LA REALIDAD

Nota aclaratoria:



Por la muy difundida y autopromocionada teoría-tesis-sofisma del denominado Síndrome de Falcón, reproduzco un texto escrito hace casi 10 años, sin cambiar nada con el compromiso de actualizarlo más adelante para contestar a tan "sabia" teosofía. Creo que muy pocas cosas han cambiado, en especial la parte pertinente a los "intelectuales".



La búsqueda de la otra parte, el mirar hacia adelante para tratar de encontrar el resto; el mecanismo que permitiese evitar los cadáveres, tan a boca’ejarro, tan cenizos bajo el sol de a perro de todo el Ecuador. Pero; qué hacer frente a la imagen, frente a sí mismo, desnudo e inerme en medio de una sociedad clasificada por la cuna, el dinero y el abolengo. Nada más temerario que asirse de las ideas: Dios debe tener una sabia concepción de los equilibrios; a quien no tiene piernas le provee de alas y fuego y temeridad, porque jugarse el cuerpo en los fogosos campos del avatar político, cuando aún tenía vida, daba la posibilidad de soñar con asaltar el cielo. Ahora, a lo máximo que se aspira es a transformar su olor rancio por los aromas más elaborados de los banquetes, de las curules congresiles.

Nada más humano que aprender a soñar cuando el cielo está tan lejos. Y esa imagen, de centauro del tercer mundo se hará luego novela para terminar en película, para beneficio de su autor o de su director. Pero cuando el cuerpo se convierte en mito, se deja de lado sus contenidos y se lo extrae como simple símbolo que puede significar todo menos lo que fue.

“Joaco” es la expresión más clara, disonante, cuestionadora, interpelante, y humana de los escritores del Ecuador del Siglo XX. No es solamente la actitud como preconizaban antiguos militantes de la palabra y conmilitones de la revolución en desdibujados cafetines, donde la bohemia consumió todo su trapío sin el cual, ahora, se los puede mirar deambulando de institución en institución para alardear de sus antiguos discursos incendiarios; tampoco es solamente el oficio, como el de los disidentes de la corriente anterior que se apuraron a espulgar sus poemas para esperar-esperanzados su admisión en las academias y en los homenajes. ¡Más que eso! Gallegos Lara es el planteamiento irrenunciable de la posibilidad de soñar y soñarse, de elaborar sobre el muñón el más alto proyecto humano sin temor a denunciar la dependencia; ese extraño mal que todavía sufrimos.

Debajo de las procelosas aguas de la conciencia nacional; ahora que se hacen ferias con honoris causas, subyace el discurso afiebrado de Joaquín Gallegos Lara; esas ganas inmensas de rehacer el mundo con los materiales al alcance de la mano; esa desesperada conciencia de conocer las posibilidades ilimitadas que dan el sueño y la mente a pesar de estar en un cuerpo maltrecho. Y que la pasión es el arquetipo de la moral, y que la moral no es un discurso de convento o de viejas logias; y que el amor, ese caos que agita el fuego, no puede ser entendido únicamente desde la razón; y que la patria, ese mapa con todos los colores posibles no es (o no debería ser) una hacienda patibularia. Pero nada. A pesar de haber transitado 69 años desde la aparición de “Los que se van”; se siguen yendo, y no pararán de irse a pesar de los coyoteros, a pesar de la migra, a pesar del alza del dólar: nada detiene este desangre, a pesar de las financiadas campañas electorales; a pesar de los medios de comunicación comprables o vendibles. A pesar de las supuestas armonías y los diversos tiempos. Si no caminamos con nuestros propios pies, o con nuestras manos si es necesario, el Ecuador se dividirá en tantas haciendas cuantos mayorales existan.

El bautizo de sangre ya tuvo su confirmación; ahora estamos en la mayoría de edad; y, sin embargo, nada más lejos de la conciencia creadora; nada más escuálido que nuestro aspecto de país subsidiador de banqueros mostrencos.

Hay una constante en la literatura de Gallegos Lara: la patria. Esa patria estructurada en diversos personajes; nada más amado que esos personajes propios, con acento ecuatoriano, que tienen conciencia sobre lo local como afirmación de pertenencia; los otros, los globalizados desde antaño; los que pretendieron vender el país o ponerlo bajo protectorados de distinto tipo; todavía andan sueltos con su desvarío y su talega de monedas. Antes y después, el sueño; antes y después la conciencia; antes y después la ría con sus panaderos, obreros, y mujeres caminando del brazo del futuro, de la esperanza. Ahora, acaso todo referente sea inútil; pero tal vez por eso sea más urgente su prosa; tal vez, por eso sea más notoria su ausencia. Si no existen referentes es preciso crearlos, es necesario inventarlos a pulso, con el tesón de aquellos que han esperado la vida entera para asomarse al espectáculo del futuro.

¿Es necesario rescatar la memoria de Joaquín Gallegos Lara? Tal vez... para dedicarle algún monumento y explorar el arte declamatorio para alarde de los discurseadores, de los profesionales de la palabra. Tal vez... con la posibilidad de rescatarlo puro, sin contagio posible con las ideologías del pasado, esa ideología de los dinosaurios según nuestros prestigiosos columnistas de los medios de intoxicación. Tal vez... para sacarlo del contexto y convertirlo en símbolo aberrante de teorías novedosas pero incompletas según las cuales la literatura del Ecuador sufre el “Síndrome de Falcón”. O. Tal vez... para hacerlo hablar como viejo oráculo de los obscuros acontecimientos que se avecinan.

Yo creo que no es necesario rescatar nada, que la conciencia y la actitud de Joaquín Gallegos Lara no está en los círculos literarios, ni siquiera en los círculos políticos; está en la tenacidad del pueblo que crea y recrea sus condiciones de vida para transitar la existencia; está en la multiplicidad de actores que tienen su propia voz y que no requieren de intermediarios para hacerse escuchar; está en la poesía más pura que se contrapone al proyecto hegemónico de una transnacionalización salvaje que pretende borrar todo vestigio de lo popular pues no concuerda con el verbo globalizar.


Noviembre, mes de bautizos y derrumbamientos, de gritos alucinantes. El 15 se cumplirán 77 años de la masacre inicial de obreros (que de las de indígenas ya nadie lleva la cuenta); cabalístico número si se es afecto a la numerología; el 16 ya habrán transcurrido 52 años de la muerte del “Cojo genial”; el 9 en cambio se cumplieron 10 años de la caída del Muro de Berlín. Para aquellos que no se dejan llevar por los festejos y los onomásticos el Siglo XX se inició con la matanza de Guayaquil y se cerró el 9 de noviembre de 1989 con el inicio de la caída del socialismo real. Dos hechos; el uno local en el marco de una conciencia que rompía sus relaciones con el pensamiento feudal hacendatario y el otro universal con el cual el capital transnacional lanzó su grito de triunfo sobre el supuesto cadáver de la historia. Pero ni lo uno ni lo otro. La ideología del dominado todavía pesa en las altas esferas de la política y, si el lojano Pablo Palacio trató de desvirtuar la realidad, otro lojano, pero de ascendencia fenicia, pasará a la historia como uno de los artífices que no solo la desacreditó sino que la corrompió, la desequilibró, la endosó, la desfinanció; es decir, hizo de la realidad ese pastiche que se llama crisis; y que constituye el drama amargo de todos los días ahora matizado por el parto de los volcanes como confirmación de nuestra condición telúrica, ígnea.

Es necesario hacer una distinción entre el hombre y el símbolo. Joaquín Gallegos Lara es la imagen misma de la realidad ecuatoriana. Mutilado y en medio de la angustia existencial de afirmarse sobre bases inexistentes. Pero también está el otro lado, esa capacidad para fantasear y hacer, de nosotros mismos, ese imaginario lleno de héroes anodinos y fabulosos, ingenuos hasta el desparpajo.

A Joaquín Gallegos Lara, capaz de decir que en “Nuestro infeliz país, toda alegría se la robamos a alguien. ¡Aquí no podemos ser dichosos sin ser canallas!”, lo queremos, entero, sin que se convierta en el tótem sagrado, en el icono vacío; sin que pretendan acomodarlo en el altar patrio al lado de los héroes, los santos o los mártires. Es el intelectual atento a la realidad del país; el que pretende indagar las causas y exponerlas, sin el maniqueísmo fácil que impide al lector acercarse a la obra. Es el crítico que discute tendencias, lúcido y frontal, sin que la militancia partidaria le impida confrontar puntos de vista; es el político que cuestionó la corriente browderiana a pesar de estar en minoría al interior del aparato político. Pero, sobre todo, es el recreador de la realidad, sensible y apasionado que retrata al Guayaquil de inicios de siglo y que pone en escena al intelectual como testigo para que cumpla su cometido. Ese mismo intelectual que devendrá en víctima, en protagonista incomprendido, cuando la pequeña burguesía tenga acceso a espacios del poder; tanto como para exigir su derecho a estar en otra realidad, a esperar que, a su retorno, el común de los mortales pueda comprender sus complejas elucubraciones teóricas y estéticas. Hasta devenir en el desencanto; es decir, la confirmación por parte de nuestra romántica intelectualidad de que la realidad es más extraña y ajena que nunca; y, que a pesar de todos los esfuerzos civilizatorios, es imposible concretar los sueños.

Luego de un siglo, el ciclo de la literatura ecuatoriana se cierra casi con el mismo espíritu; el escritor encerrado en su torre de marfil alejado de la cotidianidad ramplona del ciudadano de carne y hueso. La posmodernidad, que recupera el mito de Narciso, es el espacio que permite justificar esta actitud. Pero la realidad es más terca que la belleza individual y si frente a Narciso se levantó Némesis para castigar tanta arrogancia; en América Latina y en los países dependientes existe una corriente subterránea que incorpora a los nuevos actores, a los nuevos protagonistas. Es la expresión de la pluralidad; nadie pretende representar ni expresar las opiniones de los demás; que cada quién tome el espacio que le corresponde para completar el rompecabezas de los actores sociales. No existe la necesidad de hablar por los demás; la expresión más clara es el papel asumido por los indígenas en nuestro país; es impensable que en el futuro se puedan realizar los famosos diálogos nacionales sin su presencia. Hace setenta años la realidad fue otra. La necesidad de descubrir al país, de retratarlo de cuerpo entero, impulsó a los intelectuales de aquel tiempo a tomar la palabra en nombre de los demás. Tal vez, ese desplazamiento, explica su nueva actitud; perdido su protagonismo el intelectual se ha refugiado en las ONG's como mediador en el diálogo entre la sociedad civil y el Estado, cumple el mismo papel de los apuntadores en las obras teatrales, sabe el texto y el desenlace pero no conoce al público pues están de cara a las escenas creadas por su pluma y de espaldas a las reacciones que provocan sus intervenciones.

No es casual que se pretenda recuperar ciertas tendencias y dejar en el olvido otras; en el debate ético y estético no existen actos gratuitos; la ingenuidad ha dado paso a la más profunda sospecha. Luego del boom petrolero y un mini boom literario en nuestra comarca, la disputa por los micro espacios de poder al interior del aparato estatal, en el sector de la cultura, se han agudizado. Es que la vía "democrática" del neoliberalismo exige construir la apariencia de amplios consensos. Para ello, son importantes los espacios culturales para revestir de racionalidad y belleza a un proyecto que carece de solidaridad y entiende, únicamente, las razones de la rentabilidad y la ganancia. No es contradictorio por lo tanto, frente a esta realidad que los intelectuales participen en "las sabatinas del poder"; no solo en este régimen sino en todo este largo trayecto de transformación del Estado, desde la dictadura hasta el gobierno de las armonías y de los descarados subsidios hacia la banca.

Pero también es cierto que existe otra corriente; aquella que da continuidad a un proyecto popular, alternativo, creativo, solidario, múltiple, polifacético y lúdico que recoge la tradición de los grandes de la literatura y el arte en general para ejercitarlo en los espacios anónimos de lo cotidiano. Y, debajo del vacío cascarón de las formas, emerge fantástica una conciencia que se nutre de la cosmovisión andina sin negar los aportes del pensamiento crítico occidental; recoge la tradición solidaria y la práctica colectiva; incorpora el colorido y las múltiples escalas en esa mágica partitura que constituyen los diversos pisos ecológicos, sociales y culturales.

La literatura y el arte para ser tales, deben ejercitar una especie de revolución permanente. En la década de los treinta, en contraposición a la visión del indio, del montubio, del campesino y del obrero desde el punto de vista del patrón o patrono; se puso en escena, a los mismos personajes, desde la perspectiva de la intelectualidad pequeño burguesa, comprometida con un proyecto político y social que irrumpía en la historia nacional para disputar espacios al clero y aún a los liberales.

Noviembre, mes para hacer balances, para depositar ritualmente las cruces sobre el agua o hacer un festival con otro ladrillo en el muro de Berlín.

"Porque se va el montubio, los hombres ya no son
los mismos. Ha cambiado el viejo corazón
de la raza morena enemiga del blanco.

La vitrola en el monte apaga el amorfino
tal aguaje largo los arrastra el destino
los montubios se van pa'bajo del barranco."

Los que se van, el libro que, según Benjamín Carrión, le permitía presentar algo nuevo de la creación ecuatoriana en sus tertulias literarias en el extranjero, fue calificado como "crudo, brutal, exagerado y pornográfico"; según los críticos de esa época, que no difieren mucho de los actuales.

Joaquín Gallegos Lara en cambio, como oposición y contrapartida, saluda el aparecimiento de la narrativa de Jorge Icaza y afirma que ”Es bajo el signo del crecimiento del movimiento de las clases trabajadoras que se realiza el avance literario. Los escritores jóvenes conscientes, influidos por la lucha nacional revolucionaria de las masas populares, no quieren seguir siendo los serviles instrumentos de las clases dominantes de su país y del imperialismo extranjero, como sus antecesores en las letras lo han sido, y abren los ojos y se enfrentan a la realidad y se enfrentan a la vida con auténtica fuerza humana”

“Las novelas de Icaza no son falsas. Son la auténtica expresión de nuestra realidad humana. ¿Os espanta el cuadro? Debierais avergonzaros de ser los domésticos letrados de la clase social que es capaz de cometer los crímenes cotidianos que Icaza narra y que por más polvo que queráis levantar no podréis ocultar. La explotación bestial a la que se somete al indio desde la conquista, después de haberle robado todas sus tierras es innegable. No debe haber ocurrencia más idiota que aquello de que debemos ocultar que esto existe (...) para que la burguesía extranjera no se asuste y venga a viajecitos de turismo, creyendo que todo en el Ecuador son lagunitas de Otavalo y prostitutas pintadas en la calle Machala de Guayaquil. No, majaderos y lacayos: Ecuador no es un país de turismo sino de tragedia.”

Para completar esa valoración del quehacer literario de su tiempo, con toda la fuerza y honestidad que le daba su estatura moral es capaz de señalar que, por su parte ha podido "anotar una cuestión que es quizás sustancial en Icaza (...) no percibe la psicología del pueblo indio, no es capaz de penetrar en la intimidad del alma india, y por ello, con raras excepciones, sus escenas son siempre de afuera para adentro. Los actos del indio, su fisonomía social son esas, en verdad. Icaza no cambia nada. (...) Pero ¿Lo de adentro? ¿Qué piensan, qué sueñan, cómo aman, cómo se acercan con ternura a los hijos? De esto no sabemos nada.” Eso lo dijo hace 63 años y aún estamos sin conocer esa realidad que impide integrar nuestro espíritu nacional; porque sin ellos será imposible completar nuestro ser.

Y, para hacer más visible su actitud frontal, aquella que impide entrar en los círculos báquicos de los contemplativos, le dice a Raúl Andrade, uno de los periodistas más notables que ha tenido nuestra pacata prensa, con motivo del pedido que este hiciera para que “aunque sea se abalee al pueblo, con tal de impedir que Velasco Ibarra llegue al poder”:

Raúl Andrade era el espíritu de la neblina, que se enreda en los techos y desdibuja en las calles, en las tardes encharcadas de Quito. Soñaba como un noruego y escribía como un francés. Sin duda para muchas almas románticas habrá sido un cruel desengaño hallarlo en el papel de carabinero. (...) La razón que el da no son, naturalmente las escasas ayoras y el mal rancho, inherentes al oficio. El habla de un planazo que le arrearon los velasquistas el año 35.
¿Tanto rencor por un planazo? ¿O es que se lo acertaron en los ojos y lo dejaron ciego ante la realidad del Ecuador? ¡Asegura también que teme por la tranquilidad de las familias; como si fuera una vieja solterona, él que fue un bohemio!”


Parece que cambian los personajes pero no las circunstancias. Hay tanto que decir en el Ecuador y tanto silencio cómplice. La calificación de intelectual se ha convertido en el requisito indispensable para entrar en el baile de las donaciones, de los financiamientos.

¡No!, para decirlo como Machado;

“No quiero cantar ni puedo
a ese Jesús del madero
sino al que anduvo en la mar”

No es posible rescatar a Joaquín Gallegos Lara únicamente desde la perspectiva de la literatura o de la política; es necesario entenderlo en la pasión, en esa capacidad para cuestionarlo todo; para asir la historia y las condiciones con las dos manos; para vivirla intensamente ya sea desde su puesto de vendedor de boletos o inspector de canteras. Nada es ajeno a su espíritu sensible. Incluso el amor llegó para envidia de los que se suponen elegidos, predestinados. Yo no quiero al héroe ni al personaje, quiero al hombre, con todos los equívocos que pudo tener, pero sobre todo con la valentía suficiente para arrostrar su destino, actitud que les pesa a aquellos intelectuales que escriben desde sus mullidas sillas y respaldados por nombres de plástico. Toda obra responde a las necesidades de la época. Y los grandes gestos corresponden a los iluminados. Qué contraste con la actitud pueril e impúdica de quienes hacen sonetos a las armonías y a los tiempos. Debe ser que por haber sido secretarios todavía les hace falta el jefe que les dé la pauta.

Pablo Yépez Maldonado
Quito, 11 de noviembre de 1999

Ilustración y fotografía de Guayaquil (noviembre de 1922) tomadas del Diario El Universo

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miércoles, junio 11, 2008

UN TRANVÍA LLAMADO DESENCANTO

El 16 de enero de 1994, con grandes titulares, Raúl Pérez Torres, en el diario El Comercio, describió las características y las circunstancias de "La generación del desencanto". A pesar del bautizo masivo nadie -hasta el momento-, ha renegado del nombre ni de sus connotaciones. "Una Literatura de la ambigüedad, de la angustia, de la incertidumbre, del desencanto del hombre y de sus instituciones, una literatura que, sin embargo, busca la identidad perdida, la inocencia, el gesto, el otro rostro de una existencia urbanizada y encementada."

¿De dónde proviene el desencanto? En 1988, año en el que la socialdemocracia ganó el gobierno –“por una nariz”-, al populista Abdalá Bucaram, se realizó un encuentro denominado "Cultura entre dos crisis"; en donde se exaltó a los veteranos reductores de cabezas y se puso al día su iconoclastia, su irreverencia y su capacidad de seducción en los puestos de administración cultural. Desde la otra orilla (hay algunos que niegan las orillas, el río y la realidad entera), Rafael Larrea, decía: "Mientras estemos vivos, hablaremos. Y muertos también. No hemos nacido para morir. (...) No habrá jeques ni alfombrazgos si no hay poetas que se inclinen ante el rey de pacotilla."; en su postrer intento por rescatar el poder de lo irreverente: "Fuimos y somos enemigos de los opresores, de los falsos estetas, de los falsos poetas, de la mediocridad y el servilismo." En ese año los entonces jóvenes integrantes de los Talleres Literarios se sentaban a la mesa de los conferencistas para señalar que ya no pretendían reducir cabezas pues, "el tiempo nos ha ahorrado el trabajo", y cuestionar acre e irónicamente la actitud burocrática y la retórica de papel de algunos de los desencantados.

La condición desencantada se presenta como una posición extrema, la única factible entre el decoro, la honestidad y el oficio del intelectual. Parece imposible, para la generación que teorizó la revolución, dejarse de mirar en el espejo de la derrota, les resultó más fácil recrearse como personajes de novela o escribir prólogos, o disculpas que asimilar sus engendros:

"Pero no, el tiempo no ha vuelto; ha girado, sí, pero en una espiral. Hoy parece lo mismo pero es diferente. Alfredo, el ideólogo, el caracterizado representante de la cordura y el saber revolucionario, el que apoyaba a Fabián en el propósito de organizar un movimiento popular, de verdad popular; el que había luchado hasta el fin contra los exaltados que desconfiaban del pueblo y abogaban por las guerrillas; el que se oponía a los soñadores de poemas afirmando que la palabra cultura sólo tiene sentido cuando es coreada por las masas; el que mil veces había hecho oír su voz de barítono sobre el aullido insensato de las asambleas desenfrenadas y noveleras; el sabedor de todos los vericuetos de la dialéctica y de las trampas de la estrategia, él tampoco es el mismo: el tiempo y el cansancio le han hecho otro; ha devenido sociólogo, experto en textos consagrados e inquisidor de falacias, desvíos y herejías. (...) Ha terminado detrás de un escritorio, arrimado en el respaldo de su sillón, con aire de tonto solemne, revolucionario jubilado, leyendo y escribiendo Informes Importantes, dictando cátedra de materialismo histórico en la Universidad y creyéndose capaz de diagnosticar el error táctico de los que pregonan su hambre exhibiendo carteles en la puerta de la fábrica cerrada; ex-defensor de la vinculación con los obreros, ex-opositor de la alternativa terrorista, ex-orador de motines y asambleas; ex-disidente, ex-preso, ex-liberado, ex-sinempleo, es ahora funcionario de alto nivel técnico, con libre acceso al despacho del señor ministro, asesor y hombre de confianza, intelectual de izquierda, solemne porquería."

Fernando Tinajero. El desencuentro.


El escritor se arrogó funciones de Demiurgo, se convirtió en el Dios inmisericordioso capaz de arrojar del paraíso a sus criaturas más amadas.

"No hemos sabido perseverar, nos hemos dejado llevar por la comodidad, por lo más fácil, hemos buscado pretextos para dejar de actuar, hemos caído en la trampa y muchos hemos abandonado el país porque era un país de cerdos y hemos viajado a Europa porque allí sí nos entienden y alaban nuestra finura y nuestra inteligencia, e inclusive podemos pescar una francesita descuidada para elevar nuestro status. (...) No hemos roto nada. Generación de la pose. Hemos salido de los brazos de mamita para buscar otros más débiles. Seguimos siendo tan mediocres como nuestros padres. La vida del mediocre es lineal, simple, incapaz de transgredir normas (a lo más enmascararlas) de romper reglas, huele a devocionario, a pan guardado, no tiene alternativas, se va engordando de las vulgaridades cotidianas, de su falta de pasión, de esa monotonía asquerosa de tres comidas diarias y pasta dentífrica, suprimiendo quizá la pasta dentífrica, a fin de demostrar que no somos iguales. De comunistas hemos pasado a consumistas."

Raúl Pérez Torres. Teoría del desencanto.

La literatura se convirtió en el campo virtual de la revolución donde fue posible instalar a los existencialmente atormentados héroes, incapacitados para romper su dependencia vital e intelectual. A falta de héroes reales, la novela se alimentó de la imagen del intelectual-centauro y lo convirtió en el héroe; héroe que siempre osciló entre la incomprensión de las masas, del partido, de la familia, del mundo en general. No es nada extraño que los héroes abandonen su papel (o la patria), aspiren estar más maduros para comprender este país iridiscente o a la espera de que cambie la realidad para que tengan cabida todos sus sueños.

"Elegimos un camino pero no llegamos a recorrerlo, ni siquiera dimos el primer paso, nunca llegamos a existir. Todo fue un simulacro, entiendes; una representación que sustituyó a lo real y que la vivimos como si fuera la propia vida... la tragedia de los actores que ensayan una, dos, tres, cien mil veces la gran epopeya y mueren el día anterior a la primera representación real... (...) Fuimos los héroes, los mártires anónimos de una guerra que nunca se dio, de una causa que nadie llegó a conocer... No, no existió la dinamita social... Fuimos la pólvora que explotó solitaria... Oh, el doble ascetismo de la muerte... Morir sin haber existido jamás. Somos los nonatos (...) los nonatos de la revolución."

Alejandro Moreano. El devastado jardín del paraíso.

La autodenominada "Generación del desencanto"; maneja una propuesta estética desde la derrota, refuerza la constatación de la imposibilidad de cambiar la historia. La mayoría de sus integrantes participó o simpatizó con los movimientos titulados revolucionarios que luego cayeron en la orfandad al derribarse el Muro de Berlín. Una literatura de la nostalgia y el recuento, de la lamentación. Los géneros preferidos fueron la novela, el cuento y el ensayo; en los inicios de su actividad literaria se sumaron a la corriente transformadora que recorría América Latina, en sus estertores, su discurso lo desarrollan desde el recuerdo; no entienden la realidad actual: hostil, vertiginosa, individualista, identificada con estereotipos de la metrópoli más que con la esencia de lo nacional. Su grandilocuencia se ha convertido en una suerte de expiación de culpas. Entablaron a la literatura con una serie de reflexiones filosóficas y la trataron de abordar, esencialmente, como construcción de la dicotomía entre reforma y revolución; constituyendo, lo revolucionario, el mundo de las ideas encarnadas en el intelectual-mártir, capaz de cuestionarlo todo y de cuestionarse entero pero incapaz de convertir los sueños en realidad; su lucha es un enfrentamiento desigual con sus fantasmas y sus progenitores; una literatura de la derrota a pesar de estar coqueteando (desde esa época hasta la actualidad) con el poder y sus meandros[1].

Pero en contra de todas las evidencias "... quienes se instalan en el desencanto y lo racionalizan como un nuevo valor. Aparentemente radical, esta actitud es profundamente conservadora: prefiere adaptarse al curso supuestamente natural del mundo. Parece que el temor a las desgracias en que desembocaron nuestros sueños nos censura en los deseos. El desencanto genera hastío y nos acosa la fatiga. Basta mirarnos y recordar al poeta:

Os digo que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte (...) Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quien quiera diría que, no siendo ahora en otros tiempos fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino"[2]


COROLARIO

Frente al cinismo y la ingeniosidad de los teóricos de la posmodernidad[3], frente al desencanto y sus variantes que nadan en el vacío o la levedad del ser; el panorama de la literatura ecuatoriana y latinoamericana en general tiene nuevas vertientes, vigorosas voces que expresan una nueva realidad. Agotado el filón del "Boom" -del cual el Ecuador nunca participó-, que exportó a Europa el mundo mágico de la imaginería popular, existe una nueva oleada que se nutre de la mitología y sabiduría de los pueblos y nacionalidades indígenas, de los grupos con diversas opciones sexuales, de los migrantes y su caleidoscópica visión del mundo.

Uno de los aspectos más sobresaliente es la clara división entre la literatura realizada por hombres y mujeres. El protagonismo de las mujeres, en todos los ámbitos del acontecer humano, ha cuestionado el papel predominante del hombre, incluido el de la sexualidad. La mujer es el personaje principal de la literatura; a pesar de tener una carga demasiado fuerte aún del "happy end", estilo Corín Tellado, y de proyectar un estereotipo de compañero ajeno a la cotidianidad y al medio (tierno, solvente, inteligente y casi sin ninguna demanda de tipo sexual)[4]. El hombre, mientras tanto, aparece disminuido y cuestionado por culpas actuales y pasadas, reducido a la accesibilidad de los amores contingentes, acorralado por su conciencia autocrítica. Incapacitado momentáneamente para elaborar una propuesta alternativa; arrinconado en su concepción de pecado no puede salir de las cuerdas para rebatir las pruebas históricas de su culpa.

Un panorama desconcertante, rico en sus múltiples tratamientos y formas de presentación. Una realidad compleja que no puede ser abordada con los mismos métodos de hace dos décadas, con irrupción fuerte y permanente de movimientos sociales que tradicionalmente no tuvieron acogida en los movimientos políticos de vanguardia. Expresados literariamente en la superposición de géneros: novela policíaca, negra, ciencia ficción, erótica; con o sin personajes definidos; cuestionando al lector, al editor, al narrador; etc.

Pero en el Ecuador todavía existe una marcada tendencia a creer que la literatura únicamente llega hasta la “generación del desencanto”; tanto por la ineficacia de las instituciones encargadas de la difusión cuanto por los mismos personajes que se autopromocionan sin dejar que la luz descubra las nuevas tendencias y a los/as nuevos/as escritores/as. Es que, paradoja de paradojas, aquellos que luchaban por el poder a través de soñar una revolución ahora lo poseen por el prodigioso poder del mimetismo como ya lo enunciaran en sus obras narrativas...

Pablo Yépez Maldonado

[1].- El caso más conocido es el de Jorge Enrique Adum, quien, en palabras de Alejandro Moreano, demuestra la decadencia de un excelente poeta -autor de "Los cuadernos de la Tierra"-, tradicionalmente comprometido con los partidos de izquierda ahora participando de las "sabatinas del poder".
[2].- Norbert Lechner. Un desencanto llamado posmodernismo. Debates sobre modernidad y postmodernidad. El poema es de César Vallejo: Trilce, LXXV.
[3].- "El Estado y/o la empresa abandona el relato de legitimación idealista o humanista para justificar el nuevo objetivo: en la discusión de los socios capitalistas de hoy en día, el único objetivo creíble es el poder. No se compran savants, técnicos y aparatos para saber la verdad, sino para incrementar el poder." Jean-Francois Lyotard.
[4].- Véase, por ejemplo, la narrativa de Marcela Serrano.

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jueves, mayo 22, 2008

Cercanía, metrópoli, cosmopolitismo e imaginación

La caótica forma de concebir y ordenar el mundo por parte de los europeos, de poner el universo de cabeza para nosotros y arriba lo que supuestamente deseamos, nos ha obligado a crecer en alas de la imaginación y hurgar sobre nuestras precarias formas de adorar al sol más que al dinero y practicar la sana costumbre de los abrazos antes que el chat. Esa desmesurada forma de reconocernos sacrílegos en nuestra cosmogonía y en la non santa pasión nos ha relegado hacia la periferia de las metrópolis y los centros industrializados. De allá se emanan los cánones y las teorías, las propuestas para tratar de descifrar nuestro desorden y nuestras entelequias. Casa adentro sucede lo mismo, nos reconocemos en las limitadas voces de ciertos vates de Quito, Guayaquil y Cuenca –en el mejor de los casos-, el resto del país es invisible, no existe para las escasas casas editoriales –más que editoriales se debería hablar de imprentas nada más-, el escuálido presupuesto de las casas de la cultura provinciales no permite sino atender gasto corriente y uno que otro acto para promocionar las figuras y figurines de la comarca provinciana. Pero al margen de todo ello, fuera de las metrópolis y de los deseos de ser reconocidos por las antologías y los antologadores se produce literatura de una sensibilidad que está en peligro de extinción (si las editoriales gorbernaran el mundo):

DECISIÓN AL ESPEJO…

alguna vez tuve que vivir…

las cigarras cegaban el silencio en mis manos
quieren ser el telón de mi jazz de papel
y fusilan mi eco de saxo fumador

pero decidí nacer muerto…

caminé cuando plantaba corcheas fucsia en tu espalda
serán domingos de ombligo al sol
y esa bujía negrajoven quema vírgenes para sí

polvo que cae del eclipse de pianos ferrocarril
talvez disecaban sus motivos de hielo dulce
para enfermar las alas que recibiré por correo?

total jamás descansé de no pestañar…

el augurio cuaja un mensaje en tu pierna derecha
¿será la cortada profunda de la risa?

la sensación de beber clavos en el cafecito de tu memoria
o fue cambiar huellas por presencias?

ahora que recuerdo lo que tuve
recojo mi oreja del bolsillo
y dejo de ser al espejo…


Ó

¡QUISIERA!

lengua de fuego en el olvido
al salir el sol
cantarnos alegrías,
pero solo me extingo
en el disco duro
de este perro ocaso.

TRAGICOMEDIA

Todo se me acabó
en una sazón de canciones tétricas
y Tú
caminas descalza
sobre mi lomo maltrecho
cuando cayeron mis escuadras férricas,
mis pies ya laberintos
en este camino extraño
donde esas bolas de hielo
destrozan todas mis hojas amplias.
Cazaría palomas de fuego
para existir,
pero me abstengo
no sé por qué?
¡o sí!

Por agua tibia.

El primer poema de Patricio Cárdenas H. y, los dos últimos, de Juan Píntag integrantes del taller de literatura Magnitud nadie de Riobamba. Constatación de que el sur también existe y tiene una forma propia de expresar esa relación perversa (o virtuosa) entre la periferia y el centro; entre las ganas de estar inscritos en el cosmopolitismo y la sensibilidad que crece como el pasto a la vera de las autopistas de alta velocidad.

¿Qué es el centro, qué es occidente; qué es el canon? Todos aquellos conceptos constituyen construcciones para iniciar la reflexión del otro a partir del yo, de lo que conozco, de la certeza de mi existencia dentro de ciertas normas fijadas por mí o por mis iguales. Pero occidente se ha desplazado de manera constante; ya no queda en Grecia ni en Roma, dejó de habitar la Francia ilustrada o la España monárquica e imperial; ahora está en los EEUU a pesar de todos los esfuerzos por evitarlo y, en el futuro se desplazará más hasta llegar a la milenaria China para… ¿empezar de nuevo?

Y, en medio de esta invención de la civilización y la demarcación con los bárbaros está la noción del centro, como eje fundamentador del equilibrio, el que nos permite corregir los desbalances del cuadro para evitar vernos descolocados, fuera de foco o de la porción áurea, porque nosotros (si tenemos la fortuna de habitar el centro) somos los que determinamos la posición correcta, las normas del bienestar (y toda su desvergonzada teoría de la pobreza y sus oprobiosos mapas de la miseria), de la decencia y de la buena literatura; es decir estamos en capacidad de determinar lo que se debe consumir para alimentar el espíritu en la dirección correcta (claro). Y la estética del cannon esa concepción del arte y la literatura bajo ciertos preceptos en los que no caben (no podía ser de otra manera) la desmesura y la racionalidad de los afectos; porque poseemos otra escala, otra dimensión de las cosas donde el ser humano no es nada más que una parte del cosmos con tanto derecho a existir como la paciente tortuga o el enigmático helecho; y, el tiempo no es money ni nada que se le parezca sino el espacio donde se despliega el placer en su mágica cromática construyendo y deconstruyendo identidades, pasiones, cercanías y similitudes; es decir que el estar no es definitivamente, para nosotros, igual que el ser.

Estamos y somos o parecemos pero no siempre porque en nosotros está la máscara y la representación, la ambigüedad y la unicidad. Nunca constituyó para nosotros un dilema El hombre unidimensional de Marcuse, ni la agonía existencial –cercana al nacional socialismo- de Heidegger; tenemos la capacidad de hacer varias cosas a la vez –por ejemplo escribir, ser burócrata, poeta, intelectual, consejero del príncipe y amigo de los súbditos-; o nos burlamos de nosotros mismos, no nos problematizamos en el sentido estricto de la palabra, ironizamos acerca de nuestra condición rupestre, pedestre y campechana, porque no tenemos otra salida y, si acaso tenemos alguna a la mano nos evadimos (el problema con los evadidos es que constituye la auténtica preocupación de los carceleros); no somos los proscritos por vocación propia como aquellos que se ponen al margen porque no desean el bienestar de las sociedades opulentas (como en Suecia); somos proscritos porque nos pusieron ese emblema en la fábrica central de producción de letreros: la academia. Ya, en 1949 nos bautizaron como “subdesarrollados” como inspiración del presidente Truman para dar coherencia a la política de las entidades financieras y de “ayuda” a los países que carecíamos del nivel tecnológico y productivo de los países desarrollados; y, antes, nos negaron el alma cristiana como pretexto para el saqueo y el adoctrinamiento.

La verdadera confrontación entre parecer y ser se da entre la razón (la academia) y la sensibilidad (la cultura, las artes y la literatura); la primera pretende sentarse en la misma mesa que los grandes teóricos del mundo occidental complementando el vademécum de términos que describen de mejor manera la realidad (aquella que no entienden ni es muy cercana a ellos sino es a través de las cifras y las estadísticas); y, la segunda que recrea y goza la realidad; tanto la goza que llega a tal extremo del realismo trágico –sin el esquema de la tragedia griega pero con los mismos resultados: la muerte-.

Entonces no nos queda más que embarcamos en los sueños para construir otra patria fuera de los linderos estrechos de este país de ficción y asediamos al norte para poner en jaque su filosofía de la existencia encarándole su falta de sensibilidad, su extraordinario amor por la comodidad y la seguridad (tanto las aman que se inventan pretextos para invadir tierras que les asegure el combustible para sus automóviles sin que les importe los cientos de miles de víctimas civiles agrupados en eso que llaman asépticamente: daños colaterales); y la figura de Nietszche y su crítica de la moral llegan al absurdo porque “occidente” no llora ni se disculpa por los horrores que es capaz de generar a través de sus fuerzas de ocupación sino que se solaza criminalizando a los desertores de ese gran naufragio que es África o pateando sudacas en sus metros.

Pero el espejo tiene una cualidad: nos devuelve enteros en nuestra miopía porque pretendemos construir las alternativas a partir de esos escombros. Y desde esa racionalidad absurda demarcamos y canonizamos. Es decir los felipillos de la comunidad intelectual actúan de intermediarios en el enmascaramiento de esta realidad bullente, mágica, contradictoria e inequitativa. Y, con la voz de los académicos, se desprecia la rudimentaria incomprensión del “interés estatal” para hacer de este país un centro minero para realimentar (otra vez la misma historia) las fauces voraces de “la industria”.

Nuevamente recaemos en el discurso de la periferia, las metrópolis y ... la falta de imaginación que, como en el caso de los dos poetas de nuestra periferia nos demuestran que lo que sobra es la imaginación pero que aún está ausente en los obscuros y fríos círculos del poder; y, que la cercanía es una condición que nos impide reconocernos...

Pablo Yépez Maldonado

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martes, mayo 13, 2008

La Kbzuhela o la renovación perpetua

Cavilar de arriba para el centro, conocer el otro yo de la seriedad encuadernada, desenterrar los fantasmas y ponerlos a caminar, construir un acuerdo para renegar de él a la semana, asistir a los talleres casi con vocación mística de desahogo y reencuentro, vociferar y acunarse, acompañarse en su soledad voluntaria, en su hastío de las normas y las buenas costumbres, desbaratar los horarios solo por el gusto de hacerlo para luego sentir el temor de no pertenecer, estar siempre y no quedarse; ser y no parecer, vivir a plenitud al filo de una gillette, construir y derribar, barajar los días para constatar el persistente sonido de los segundos en medio del desasosiego y la incertidumbre. Parece un escenario conocido y, sin embargo, algo ha cambiado; ahora presentan sus obras, ahora tienen la oportunidad de enfrentar la crítica mordaz o la más absoluta indiferencia, la comparación y la constatación de los errores, pero fundamentalmente tendrán que soportar la lectura ávida de los lectores atentos que descifrarán sus textos y mirarán semidesnudos a sus autores; porque de eso estoy seguro, pusieron todo de sí en esta pasión que libera y aherroja, que nos convierte en perspicaces conspiradores de la realidad y sus vomitivos.

Este grupo forma parte de la generación pos 11-S y la paranoia antiterrorista; si es que cabe seguir hablando de generaciones, pues la sucesión es más rápida y la tendencia a la obsolescencia programada es casi generalizada. Cada tres años cambian los modelos tecnológicos, por eso el tiempo nos parece más vertiginoso, pues todo se construye para desechar y olvidar si no sirve a nuestros propósitos hedonistas. Este vértigo aparente responde a nuevas formas de cronometrar el tiempo, para que las facturas se ajusten a los segundos.

Nosotros somos una prueba de aquello (todos y todas para estar de acuerdo con el argot de género); repasamos los minutos cada vez que nos pasan la cuenta. A todos nos sobrepasarán las ediciones de nuevos libros de literatura y, así nos propongamos, nunca podremos abarcar el amplio panorama de lo que se escribe, edita y publica a diario en el mundo; ni siquiera lo que se dice, se aspira, se sueña en este país, en esta ciudad, en nuestro barrio; porque la información excede nuestra capacidad de comprensión; a todo ello se debe sumar la proliferación de los bloggers que están atentando –en buena hora-, contra los cánones, el deber ser y la forma correcta de escribir, y los mensajes por los celulares crean una nueva ortografía que descoyunta las sagradas reglas de la real-y-endé-mica-a-ca-de-mia-de-la-lengua debido, fundamentalmente a la economía del lenguaje y a la ley del menor esfuerzo.

Entonces ¿qué hay de nuevo en esta convocatoria? Todo y nada: es decir, el ciclo vuelve a empezar para que se ponga en evidencia que la imaginación y el sueño permanecen en nosotros de manera consustancial y que nunca (por lo menos eso esperamos) nos abandonarán. En medio de esta efervescencia de construcción y deconstrucción de identidades (cuando en realidad la identidad solo existe como concepto en matemáticas, es decir en la abstracción más pura), encontrar una razón para existir, escribir y publicar constituye un acto de confrontación con la literatura, el mundo y uno mismo, además de justificar nuestra existencia.

Qué pretende en medio de este caos el grupo La.Kbzuhela con su proyecto editorial, con sus cinco libros, tres de poesía y dos de narrativa y una novela en proceso de publicación; ¿qué es lo que atraviesa su propuesta, qué los convoca, los une, los retiene, los motiva, los repele, los vuelve a juntar? ¿Qué protervos motivos persiguen con la puesta en escena de sus particulares visiones del mundo, sus azarosos, procaces, profundos, ingenuos y a veces intrincados textos? ¿Qué nuevo reto plantean a los críticos, a los estudiosos de la literatura o a los comunes y corrientes lectores con la presentación de estos libros?

¿Qué es una generación? ¿Se puede hablar de generaciones en la actualidad cuando el universo de preocupaciones se ha diversificado tanto que es casi imposible hallar un punto de encuentro entre las comunidades de jóvenes, adolescentes o adultos de una ciudad o de un mismo barrio? Si descontamos las preocupaciones básicas por la subsistencia la cantidad de información que consumimos y la diversidad de fuentes de consulta, la particular forma de emitir respuestas y de enfrentar la realidad hace que cada agrupación de individuos constituya una cofradía –con sus propios y particulares códigos de conducta-, y responda frente a su específica condición en este mercado global donde cada quien pretende acaparar la mayor cantidad de bienes para disfrutarlos o, más bien para exhibirlos, frente a los demás. Solamente como aproximación a una particular manera de concebir y entender el mundo de un grupo de personas y con los riesgos de la didáctica se puede hablar de una generación; además, hay que considerar las limitaciones de la cronología y la casi nunca especificada relación con la realidad concreta; ahora cada vez más diferenciada y a la vez con una tendencia a la homogenización.

Pero ¿cuáles son las fuerzas centrípetas que logran que un grupo de jóvenes se reúna casi religiosamente y de manera semanal durante más de tres años para confrontar textos, debatir propuestas, para torear la soledad, para compartir el vino de la existencia? Para contestar esta pegunta es necesario remitirse a los textos para encontrar aquellos ejes que articulan el discurso propio de una generación nueva, con una personalidad absolutamente distinta a las precedentes y, sin embargo, en esencia, con la misma expectativa.

Si, para abarcar el universo, es preciso condensarlo en una palabra, ello también es pertinente en este proceso de comprensión; Pravda, contiene el cuerpo, su reiterada referencia a los elementos físicos del ser humano es una constatación de que el último reducto, donde se libra la más feroz batalla es en ese espacio donde nosotros mismos somos los contendores; Pravda es la vocación por la sensualidad, el erotismo, el placer por la soledad y el contacto con el otro; Zaratana, en cambio es la obsesión por el mar, por la libertad, el olvido y la soledad; es la mirada obnubilada por la grandeza y la magia del mar que encierra todo ese mundo donde cohabitan los seres mitológicos y otros no tan mitológicos ni tan mágicos como nosotros mismos; por su parte Certezas híbridas es el diálogo entre las evidencias y las citas conocidas y la incertidumbre; la soledad construida sobre los andamios del erotismo y su objeto de deseo –casi nunca encontrado-, es el descrédito del discurso para reconvertirlo, es un atentado a la sintaxis del amor y su recreación.

Esas son las líneas fundamentales en los tres libros de poesía como una primera y muy breve aproximación; en cuanto a los dos libros de cuentos o relatos cortos; Cuentos involuntarios es la constatación de la dualidad, es la reconstrucción del espejo para ver y vernos en nuestras dos dimensiones absoluta y diametralmente opuestas, es decir es la recuperación de ese vizconde demediado que deambula entre nuestro parecer y nuestra conciencia, es una eficaz y condensada fórmula para regurgitar nuestra pertenencia –no somos animales puros ni pretendemos serlo-; por su parte Kaleidoscopio es la búsqueda de aquellos seres atormentados por la idea de la muerte y la soledad, aquellos que expiaron su originalidad a través del suicidio o la locura –esa aparente locura que cuestiona el orden establecido, pero a la vez es la demostración de que la imaginación tiene un poder que sobrepasa lo efímero de la vida y la esquizofrenia de la rutina.

En pocas palabras esos son los temas recurrentes de estos cinco escritores, claro que no pretendo con esto quitar la magia a las interpretaciones individuales y muy personales que cada lector haga por su cuenta. Pero este ejercicio, complementado con otra obra que está por publicarse, esa novela –famosa desde ya-, Chicos de casa sin piscina, configuran una propuesta, vigorosa, cuestionadora, madura a pesar de la juventud de sus perpetradores, conmovedora por la lucidez en su quehacer literario, alejada de los pretendidos cánones en los que supuestamente se desenvuelve la literatura de esta tierra mitológica.

A contrapelo y como contrapunto de aquello que se llamó “Cinco como un puño”, este grupo, como exponente de su generación, tiene seis o siete exponentes, tal vez como expresión de las mutaciones genéticas muy en boga en estos tiempos de guerras bacteriológicas y misiles “inteligentes”. Entonces se nos puede llenar el morral de citas para explicar su propuesta, que Ciorán, Morín, Nietchzche, Kafka, Virginia Wolf, Easton Ellys, Miller y todos aquellos que deambulan por las estanterías de las librerías de libros usados y las páginas de Internet; sí, ellos y muchos más: está presente la literatura ecuatoriana y su vasta selección de poetas casi inéditos y peor leídos, está en escena la novísima literatura latinoamericana con esa visión desgarrada que raya en lo trágico –pero debo hacer una salvedad, en el caso que nos ocupa no es una tragicidad profesional, un goce del infortunio en sí mismo, sino como constatación de que las puertas escapatorias no existen como se pudo comprobar dramáticamente en la Discoteca Factory, que las soluciones a las crisis no se halla en el desenfrenado consumo como lo evidenciaron los afectados por el feriado bancario (y el que está por comenzar). Todo de nuevo: cíclica y mágicamente. Ya no es factible la evasión ni el desencanto, solo la posibilidad de vivir las circunstancias y paliarlas con todos los métodos imaginables que se tenga a mano: a nado hacia Europa para caer en los espejismos del bienestar de las sociedades “satisfechas” (¿de qué?, vaya uno a saberlo); a horcajadas sobre la soledad y sus escondites mágicos donde cohabitan el orgasmo y la rutina; de frente a la realidad virtual y su fría pantalla de plasma, ejercitando la crítica acerba sobre los sitios donde desgastamos nuestros cuerpos; pero siempre y como último recurso la ternura donde nos refugiamos para redescubrirnos enteros pero fragmentados, cínicos pero humanos, frágiles pero optimistas frente a nosotros mismos; porque de eso se trata, de reconstruir este universo con el material que poseemos, con el lenguaje elaborado por nuestros peculiares y particulares músculos con los que nos inventamos la vida.

Este grupo, de esta generación, pone en cuestionamiento a las mismas instituciones en las que desarrollaron su trabajo –porque el paraíso y las promesas son ficticias-; estos escritores abocados a una realidad donde la reciprocidad es más valiosa –si se quiere sacar adelante los auténticos y más profundos sueños-, que las dádivas y los compadrazgos; estos jóvenes escritores dan fe que la pasión es más decisiva que la propia razón y las constituciones y, que las revoluciones –está comprobado-, si no lo transforman todo no cambian nada.

Entonces bienvenidos y bienvenidas al mundo mágico donde cada uno de nosotros porta el código para rehacer el mundo, para reconstruirlo en su múltiple y cambiante realidad; como aquellas estructuras fractales donde cada uno es, en sí mismo, una parte y a la vez el todo. Bienvenidas Johanna y Andrea, bienvenidos Paul, Freddy, Marco, Santiago y Juan Pablo porque es demasiado violenta la esperanza para refugiarnos en el desencanto o en el secreto; ahora que los vientos soplan tan fuerte como invitándonos a reedificar las sociedades sobre bases más sólidas, más auténticas y más diáfanas, más profundas y humanas.


Pablo Yépez Maldonado
Quito, 8 de mayo del 2008

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lunes, mayo 05, 2008

EL PLACER AÚN YACE DEBAJO DEL ASFALTO

El tren se escapa
mientras el sol cae a plomo
sobre el sonido de los graffittis
el deseo late debajo de los adoquines
nadie ha colocado aún el epitafio final
a pesar del olor a gas y a los claveles
que escaparon al cerco del autoritarismo
a la muerte gélida del individuo
o al asalto en Higuerillas
(el humo del cigarrillo
el constante acceso de tos
y sus ojos apuntando fijos a la vida)
revolución escrita en hojas de napalm
aliento que recorre la columna
dorsal de Tlatelolco
y cae en la universidad Libre de Berlín
pero el tiempo es su peor aliado
basta
para que el único rey negro
caiga debajo de las barras y estrellas
y los jóvenes revoltosos de la época
se vistan de burócratas
tranquilo De Gaulle
que conoce los caprichos de la historia
fuma mientras el gran oso de la tundra
calcula su deseo
y se evade del mejor orgasmo de la humanidad.

Desembarco en pleno help de los de Liverpool
manos tinturando el cielo
manos transitando de la marihuana al LSD
para desabrochar el cerebro
tantas veces
pero tantas veces como fuere posible
para volar al son de Woodstock
y sus 1400 megatones de potencia

Debajo de los adoquines está la playa
debajo del tiempo la magia
y la desazón
porque todos llegaremos a viejos
todos colgaremos nuestros huesos
en la cremallera de Janis Joplin
o en el largo cuello eléctrico de Jimi Hendrix

La revolución en contra de los bibliógrafos
Nanterre pirómana relee a Marx
desde la ternura de Rimbaud
y
ante la urgencia del amor
las plazas se transfiguran en tálamos colectivos
las aulas son piezas del rompecabezas erótico
el amor sale a proclamar su derecho a existir
libre
fuera de los muros convencionales
haz el amor
haz el amor
siempre que puedas haz el amor
siempre que te permitan los años haz el amor
siempre que tengas oportunidad haz el amor y nunca
nunca renuncies al sonido crepitante del orgasmo

Checoslovaquia (gran pasión para la levedad del no ser)
y su primavera
cortada a medio tallo
y a un tris de echar simiente.

La mente analítica
no procesa las diferencias
la ciencia es aún un largo discurso
con algunas faltas de ortografía
y el mayo francés
es un collage de Danieles Rojos o Jeans Azules
o Sartre vendiendo cien escuelas y cien flores
la revolución cultural fue apedreada
en los periódicos europeos
¡¡prohibido prohibir!!
es el epitafio
a nuestros minusválidos estados nacionales
emocionales.

Nosotros
ingenuos como siempre
arrimados a la cola del cometa
para ver qué sucede
para ver cómo se desarrolla el mundo
con anarquía incluida
para sentirlo como un chip en la garganta

Contacto en Francia
contacto en Londres
en México
Santiago Buenos Aires Berlín
en Siberia
para no derretirnos
el gran oso mientras tanto
jugaba la final con la paciencia amarilla
y nada
todos en medio de la atmósfera posmoderna
detrás de las cámaras y las sonrisas
coito interruptus de fin de siglo.

Mayo como un pez se desliza por los pliegues de la memoria
mayo
como el sedal para los sueños
mayo
cartílago espiral para nuevos juegos
para nuevas posturas existenciales
mayo francés
para la locura de Althusser
y su deseo de ser libre
no de la filosofía sino de la cotidianidad
y Poulantzas
con su estructura a cuestas
en medio de la complejidad del nuevo salvaje
ese Leví-Strauss reivindicador de Calibán
pero nosotros
recién rompiendo el candado de las universidades
para inaugurar el nuevo milenio
con cientos de cadáveres de atraso
con cientos de páginas
sin escribir
sin editar
sin soñarlas siquiera
-incluso para soñar se debe tener valor-
(DURMIENDO SE TRABAJA MEJOR; FORMEN COMITÉS DE SUEÑOS)
porque debajo del deseo está la constancia
y en su hueso principal
la pasión como el motor único y primario.

Y nunca se habló del futuro
el tiempo se congeló
en el violento palpitar de la sangre
corriendo desbocada hacia el azar
esa dimensión extraña donde todo es posible
-nosotros mismos somos posibles-
porque desde ese momento se acabaron las certezas
y cada quien diseñó su vida
con lo que tenía a mano
con lo que sobraba en su morral.

Amor fugaz como las consignas
amor de barricada y en medio de los gases
amor que nunca buscó su perpetuación
(para evitar el negocio de las agencias de bienes raíces)
amor ardiente de hemisferio izquierdo con el sexo central
sexo que descubre nuestra pasión por el placer
el placer que descubre nuestra ilimitada
posibilidad de amar
el amor rompe barreras en el mercado
el amor se descobija de la razón
para ser
para acurrucarse en mitad de la vida
en medio del pan amargo de todos los días
y los textos aburridos de Platón
o Diderot
para buscar desesperadamente
la puerta escapatoria del aparato y la funcionalidad
de la cordura
-lado visible de la represión sistemática-.

En mayo debería llover a cántaros sobre la memoria
para expiar la culpa por no haber estado presentes
por no asir la lujuria y la pasión sin miedo
sin temor a ser contaminados
ahora nos refugiamos en la monogamia
por asepsia mas que por consideraciones antropológicas
huimos del fuego
para salvaguardar nuestras escleróticas alas
tememos a la imagen porque el espejo nunca nos retrató
mayo del 68
antesala de la razón global
redonda y chata
supersticiosa y cabalística
han pasado años luz de la masacre en indonesia
la euforia de los cirujanos se coaguló
el tumor no fue extirpado de raíz
en lugar de libros
-síntoma de los tiempos-
se saquea micromercados
y se apedrea autobuses en las capitales de las sociedades “satisfechas”
(¿de qué? nadie lo sabe)
para llevar la realidad virtual al dormitorio
sobre el amor
la imagen
sobre la pasión
el control remoto
debe llover a cántaros en este país árido de lujuria
el cálculo sobre el pan
el calendario sobre los actos culturales
debe llover a cántaros sobre la imposibilidad y los límites
sobre la modorra y el sentido común
debe llover sí
sobre el silencio y sus paredes
sobre la música y sus lágrimas
sobre los volcanes
retratados como iconos vacíos de magma
debe llover
a cántaros
o como se le ocurra
para despertar el instinto
el violento deseo
la perversión permanente
de ser felices.

Pablo Yépez Maldonado
Quito, mayo 2008

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viernes, abril 25, 2008

Certezas híbridas

poemario de Johanna López

Nos conocemos demasiado para tener esperanza...

Constatar la soledad únicamente reafirma la actual condición humana; desafiar y deconstruir, desarmar y provocar, criticar y afirmar; todos los elementos para la poesía actual, posmoderna –pos: en búsqueda, en desvarío; moderna: proposición arcaica de felicidad e igualdad, fraternidad y libertad-; elementos constitutivos para aseverar que estamos solos y que todo es inútil –menos la poesía que confirma el desatino y, a la vez, el acierto de la existencia. Porque, paradoja de paradojas, existiendo se puede negar y escribiendo se puede reafirmar la ¿inutilidad? de la existencia.




Entonces el universo se despliega en su mágica contradicción, en su tierna y estremecedora variedad de sentimientos, escenas, acciones y desacatos. La poesía es un arma cargada de... referencias, de elementos híbridos que nos hacen caminar –casi por inercia- hacia la vaciedad y el desencuentro; porque, dónde es posible construir esa arquitectura de la pasión si el otro no está o no permanece; dónde podemos anclar nuestros sentimientos si la estructura endeble de nuestras formas de ser no permanecen ni nos garantizan un mínimo de firmeza. Johanna López desestructura el discurso poético tradicional para llevarnos de la mano –a regañadientes claro-, hacia una nueva forma de percibir el mundo bajo la marca de la incertidumbre, por eso su reiteración en los pesimistas ascéticos para redondear una obra donde la soledad se transmuta en erotismo en el profuso caminar del desencuentro y el desenfado.

¡¡No te pierdas donde no estás!! /no destruyas el espacio /que no está construido... plegaria de los náufragos hacia aquellos que se supone constituyen esa parte donde la certeza nace de sus potenciales actos, o de sus demenciales actos de poder. El cuerpo constituye el último reducto de afirmación de la libertad, la trinchera que nos queda para lanzar la ofensiva final hacia... nuestra derrota; porque no se pretende la victoria –esa constituiría la verdadera derrota-, lo único que se aspira es a dejar constancia de la lucha, que no nos digan que marchamos sin enfrentar el reto. En la poesía está la bitácora de las batallas emprendidas y del calor con el que las enfrentamos... Nada está perdido y sin embargo nada nos pertenece, porque no queremos poseer ni que nos posean, no pretendemos conocer sino dejar constancia de nuestra infinita ignorancia y de nuestra hermenéutica.

Estuve callada por mucho tiempo /hoy reorganizo mi farewell, /hoy escribo mi epitafio sencillo: /”aquí murió la que nunca fue”; la poesía desestructura, cambia nuestra posición en relación al mundo, pero no nos lleva a terrenos más confiables, nos conduce al laberinto de los espejos del que brotan todas nuestras inquietudes. Porque no nos mostramos más enteros, nos percibimos fragmentados, porque no nos pensamos más cuerdos, nos entendemos más dementes y más audaces en nuestras refutaciones. Porque, quién puede afirmar en este momento que tiene las respuestas (si es que algunas vez las hubo), quién es el osado que las pergeñe por lo menos. Desactivadas las revoluciones sociales ahora nos refugiamos en las revoluciones ciudadanas para convocarnos a través del cel o la internet para desafiar nuestra poca consistencia y nuestra provocativa subversión del lenguaje, pero nada más... es que ¿hay algo más?

Tal vez, y esa es la apuesta de la autora quien, a pesar de conducirnos con inusitada maestría por su laberinto, nos deja sueltos y solos y sin ningún hilo que nos auxilie para que nos reencontremos en nuestro desvarío como lo demuestra ese diálogo entre Bartolomé y Bernardo que se ha repetido desde el fin de la modernidad y, en nuestros países, desde inicios del siglo XVI. Globalizados pero sin descargar nuestro morral de localismos, viajeros del mundo sin abandonar la pacha mamita (como dicen los shamanes que hacen su trabajo en Europa y viven del cuento y alimentan el PIB).

Johanna López recupera los profundos causes de nuestra historia, pone en escena aquel universo que apenas se tocó en nuestra poética (solo dos alucinados lo entrevieron: César Dávila Andrade y Hugo Mayo); demasiado preocupados de encontrarnos nos perdemos; demasiado preocupados de inventarnos nos clonamos, demasiado proclives a lo foráneo nos desconocemos. Ahora, cuando las tendencias cambian en nuestros países pero aún no se redimen a las víctimas, la poética se inaugura con diversas y distintas preocupaciones. Desacreditando el discurso y reconvirtiéndolo, dislocando la sintaxis del amor para recrearlo; dueles y no sé qué tanto /lo último que deseo es / mirarme en tus ojos / para destrozarme de nuevo, /nuevamente, /novatamente... la persistencia en la recuperación de aquello que nunca se tuvo y la constatación de la soledad como único designio de los tiempos; pero, para qué más, si nos basta con tenernos para reinventar el mundo ¡¡y de qué manera!! Tercos y deslumbrados nos volveremos a perder.

Certezas híbridas es un largo batallar de la voz poética por desanudar la inercia, los cenáculos, los discursos poéticos del siglo de las luces ¡nucleares!; las propuestas políticas que nunca cuajaron y, si lo lograron, se derrumbaron ante el bip de los ordenadores y los ergonómicos diseños de los celulares. Es que no existe ninguna certeza, es que la hibridación puede producir vástagos estériles o generar nuevas especies. Es que el mundo está cada vez más cerca y el calentamiento global no nos permite hacer muchas conjeturas sobre el futuro, es que el ansia de poder y la disputa de los recursos naturales es despiadada, es que la declinación de la única potencia militar global nos puede arrastrar hacia la catástrofe mundial, es que la fe depositada en dios o en las encuestas de opinión ya no es suficiente; es que –en definitiva-, nos conocemos demasiado como para tener esperanza...

Pero a pesar de ello ¡persistimos, soñamos y escribimos!; y nos escrutamos, demasiado descarnadamente: abductor del caos de la ebriedad pasajera, /Abba Patris en el juicio /en las vértebras de Eva /Leviathan encima y abajo como cuerpo humano, / inhumano… porque ya no creemos más en los discursos del ser humano, tan solo en su intuición, en su loca obstinación por el amor y la ternura y su correlato: la soledad y el hastío. Es que no ya no hay más que... certezas híbridas.

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jueves, abril 24, 2008

Es abril Marco y el silencio rechina en nuestros costillares

El Machángara, el milenario testigo del cambio de esta alcoba de patojos, el que se lleva todas las inmundicias y los secretos mejor guardados de los habitantes de este ombligo equinoccial, el que puso en evidencia que la ciudad no puede pasar por alto el curso natural de las aguas; el que tiene incrustado entre las riberas un gigantesco molino de sueños y tiempo, el que conoce de las alcantarillas y los perseguidos –los que se arrastran miserables sin ningún Jean Valjean que los redima ni los recree-; este río, hace veinte años, recibió el cuerpo de Marco Núñez Duque luego de ser torturado y asesinado por los cuerpos represivos de este estado que no cambia a pesar de todas las asambleas que los ciudadanos realicen y discutan para cambiar esta realidad terca y alucinante.

Cuerpos represivos de los que nadie quiere hablar pero que existen por las evidencias en las contusiones múltiples, en las vejaciones, en las desapariciones; no se evidencia hasta el momento ninguna intención de revisar esos lúgubres documentos –que con seguridad deben existir- donde debe constar la historia de tantas víctimas anónimas escupidas en la calzada de cualquier perimetral o en las quebradas donde se construyen los parques lineales para que la gente olvide la linealidad de la existencia.

Son veinte años desde aquel aciago día en que lo encontraron en el Machángara durante los cuales Marco ha permanecido inmutable. Hay quienes creen que lo mataron sin saber lo que hacían, que desconocían el ser fantástico que tenían entre sus manos; yo creo que tenían perfecta noción de sus actos. La locura no existe sino en una sociedad, no existe por fuera de las formas de la sensibilidad que la aislan y de las formas de repulsión que la excluyen o la capturan… la gran protesta lírica que se encuentra en la poesía es un esfuerzo por volver a dar a la locura una profundidad y un poder de revelación aniquilados por el internamiento[1]. No existe demencia más grande que aquella que cuestiona todo en los escenarios más extraños de la vida. Es en medio de la locura y el caos que el Marco está presente entre aquellos que lo quisimos como fue, sin pretender convertirlo en el icono de las letras ni en el nuevo canon hacia el cual la literatura debería derivar.

Es abril Marco y el silencio rechina en nuestros costillares, nos hace falta tu risa y tu mirada penetrante, así desnudándonos en nuestra forma tan aséptica de entender la literatura, porque a pesar de no llegar a configurar parte del canon creo que constituiste ese referente para desacreditar el papel(ón) de escritores en medio de la bohemia y el desparpajo. Jugábamos a ser felices en ese momento político en el cual gobernaba el dueño de la hacienda –luego llegaría el mayordomo nomás y se notaría la diferencia-; pero ya los efectos fueron irreversibles, ya no estabas, te desaparecieron y te reaparecieron pero como cadáver, como una cifra más de los que son víctimas de la delincuencia común, en la perimetral o en las quebradas.

Pero qué nos dejaste si no habías producido casi nada, aparte de la tesis de grado del colegio acerca de la teoría de la relatividad y esos textos creativos, crípticos, irónicos y lúdicos que luego constituirían “Entre Bakunin y Jackeline en blue jean.

Creo que la certeza de que las cosas cambiarían, de que aquellos revolucionarios tan cuerdos y tan serenos, aquellos de los que te burlabas y a los cuales parodiaste en tus textos, alcanzarían el poder tan ansiado; ahora lucen de ministros, asambleístas, asesores, subsecretarios, es decir toda la intelectualidad de la izquierda modosita y acomodada está en el proscenio del poder y nosotros seguimos en la periferia, es decir seguimos sentados en las bancas de El Ejido, observando cómo se construye (cómo se debe de construir) el país, la constitución, el socialismo, la égalité, la fraternité y la liberté. Pero entonces cómo nos burlábamos de sus famosos tonos revolucionarios, claro que nos punzábamos nosotros mismos porque también teníamos uno que otro integrante con las mismas veleidades; y te acuerdas de Doris, Julia, Alexandra, del Germánico; todos están de una u otra manera saboreando las mieles de lo conseguido.

Muevan las industrias, las industrias, muevan las industrias; esa canción de Los Prisioneros chilenos que tarareabas cuando llegaste al Matapiojo, a modo de inútil reclamo para detener el sangriento reacomodo del proceso productivo en la patria de Víctor Jara, en esa época bajo la bota de Pinochet; y, claro, también el Baile de los que sobran que anunciaba la época de la privatización de la educación y el crecimiento sostenido de las universidades light privadas. Las cosas no han cambiado mucho a pesar de los nuevos vientos que recorren estas tierras.

“Ni vos mismo te crees” pero es cierto; aquellos jóvenes de entonces ahora de la mano de la revolución ciudadana están dentro del palacio y nosotros, como te digo seguimos fuera. ¿Entonces qué ha cambiado? Muchas cosas no han variado, continúa la apatía de las instituciones que se supone deben apoyar el quehacer cultural (de los otros ámbitos ni hablemos porque no existen ni siquiera expectativas); pero de aquellos gestores culturales, activos militantes de la época solo nos quedan los recuerdos, ahora son proyectistas exitosos de eventos culturales que no tienen mayor trascendencia porque se hacen al amparo de las ONG’s cuyo discurso ya sabes para que servían y para qué siguen sirviendo. No existe una correlación entre el nivel de la esperanza y la realidad de los objetos del sueño, ninguna relación entre la cantidad de ilusión invertida (a pesar de la retórica exacerbada) y las realizaciones artísticas; me parece porque toda se apuesta a ese híbrido de Constitución a medio camino entre el socialismo del siglo XXI y la encíclica rerum novarum; es decir un bodrio para ser cantado en medio de aires semimarciales (al estilo Paquisha de los ahora tecnocumbieros Pueblo Nuevo) en medio de la consternación general porque los subsidios tendrán que acabarse pues no hay cama pa tanta gente y esta Asamblea no se atreverá a decir “este cuerpo es mío” en relación a la píldora del día Después para no contrariar a la misma secta de sectarios que expulsan a las chicas que se atreven a gozar antes del sagrado matrimonio y no toman las debidas precausiones (abstinencia predican los más pulcros pederastas, pero cómo abstenerse si el cuerpo divino est). En fin Marco que el tiempo ha pasado pero que de la generación de los talleres, no se conoce más que a 2 o 3 poetas, pero que la onda sigue pues como te encantaba soñar vamos a construir el M29 a través del comité central con el cual nos tomaremos el poder y, cuando eso suceda... nadie se habrá dado cuenta.

Como te dije Marco: Sin novedad en la frente

[1] Michel Foucault

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viernes, septiembre 28, 2007

ENTRE BAKUNIN Y JACKELINE EN BLUE JEANS...

Recordando a Marco Antonio Núñez Duque
(Quito 1967-1988)

Por: Diego Velasco Andrade*


" el público subido en la tarima
los poetas en los asientos
los poetas piden autógrafos al público
el público declama los poemas

los poetas aplauden..."

Marco Núñez Duque









Poner de cabeza al mundo, a un mundo que independientemente de nuestra conciencia, ya vive de cabeza, quizás esa fue la constante de Marco Núñez Duque, en sus textos y en su vida; porque su vida y literatura fueron inseparables, como su poesía de la cuántica, o su teoría de la relatividad de la utopía...

Y poner de cabeza a su propia cabeza, aquejada de una lúcida esquizofrenia; de una utopía galopante sin lugar y sin nadas, sin coordenadas: ésa fue también su batalla; poner de cabeza a un mundo razonante y "razonable", desnudando a Marx de su racionalidad ortodoxa y también a sus cuerdos revolucionarios criollos, para dejar que el ácrata Bakunín saliera de su tumba a hacer el amor, con la despostillada Jackeline de su obra póstuma "Entre Bakunin y Jackeline en blue jean..." (Colección matapiOjO 1989).

Y así, poniendo de cabeza aquel mundo, que "ni él mismo se creía", Marco Núñez pudo sacar la lengua al poder y empezar a inaugurar en su cabeza, un otro orden más tierno, pro "imaginante", hecho de azares, pretextos y ucronías; poblado de escuadras espirales y de físicas sin volante; ese mundo marciano y antipoético : "Sin novedad en la frente", donde "la ortografía es una mandarina", como ya lo dijeran otros locos en el París del sesenta y ocho, que Marco tanto admiraba.

Y, quién sino Marco Núñez Duque, para cuestionar el poder desde la antipoesía, cuestionarlo sin que el mismísimo poder se diera cuenta, "cuando nos tomemos el poder nadie se dará cuenta", decía...; así que ¡a cuestionarlo desde el anonimato¡ y a emprender en el proyecto de su novela siempre inconclusa que parodiaba a la de Jorge Dije Agú…; cuestionarlo a dentelladas y centellas, a zanahoriasos y rebanadas de queso, a hachazos sin ache. Quién sino Marco Núñez Duque "el cuerdo de remate", el superhéroe en calzoncillos del matapiOjO; y, para sus amigos de la juventud comunista, alias el ''autocomandante'' Baku...

Eran los 80: ¿la década perdida?; entre leones y borgistas, entre chinos y camarones, entre radicales y revisionistas, unos cuantos locos se estrellaban cual mariposas contra las luces y barrotes de la oligarquía; la utopía se pintaba roja en los muros y se recogía cenicienta en las cuevas de los torturadores. Una generación trunca entre el Che, Alfaro y Jarrín era vigilada bajo la lupa de la ''inteligentzia'' (militar). La fría lógica del poder mezclaba en un solo saco a mendigos, poetas o guerrilleros, y los lanzaba sin más a las gélidas aguas de una laguna o los enterraba a los pies de un árbol de puma-maqui ; y andar como Marco o Baku, repartiendo volantes y recitando poemas y cuentos incoherentes, con pasamontañas y pañuelo rojo, era "sospechoso", obviamente "subversivo", ya lo habían advertido en la víspera, los viejos robles del león (el ministro Robles) y los tordos buitres oficiales ("el torvo gorday")...

Marco Núñez Duque llega un viernes de 1985 a la biblioteca de El Ejido y se fascina con el descubrimiento de un clan utópico interesado en eliminar al insecto que se reproduce en la calva de la pobreza (¡matapiOjO vive, espantajos¡). Viene de enredar a la física cuántica con la teoría de la relatividad en una aventura politécnica frustrada; viene sin saber cómo diseccionar un texto, ni especular sobre paradigmas y sintagmas... ; mas, él se ilumina con la utopía de "socializar los medios de producción literaria"; con reproducir el taller en núcleos de niños, jóvenes y ancianos ; con distribuir entre las más amplias masas, la chistera del mago, el muro descascarado y los cadáveres exquisitos: ese ''surrealismo a la criolla'', con que Nicanor Parra, nos había hecho "ensoñar"...

Venía de egresar del colegio Juan Montalvo; de lanzar granadas gaseosas a los "chapas" en la indoamérica; de recibir una esquirla en la pierna, como su mejor medalla de cuasi guerrillero adolescente; venía también buscando un amor... un amor que pudiese calmar todas sus ganas de amar... ; mas, solo encontró un amor colectivo, un amor de grupo; y entonces el gato félix, pablinsky, edwin, makarios, walter y susana, y luego vitorius, paco benavides, gorter, el fabianus, los lulupos: leopoldo tobar y alfredo pérez y cómo no: jackeline, magdalena, ruth, silvia, aleyda y soledad… fueron los musos y las mesas, los mozos y las misas de sus textos de cabeza ; de esos collages equilibristas, mezcla de filosofía anarquista, geometría analítica, física cuántica, patafísica pura y sobretodo, gran soledad...

Y así, Marco Núñez Duque, decidió ser un matapiOjO dispuesto a imaginar contra el poder, un "escarabajo utópico" que se burlaba de la muerte tecleando a contraluz de su padre (viejo empleado del basurero municipal) sobre una vieja máquina colegial ; dibujando una hoz y un martillo en su premonitorio "Fusilamiento maquinado". Marco era una liebre antidemocrática jugando en ''La cueva de Zoonderet"; un Romeo cuántico haciéndole el amor a la Física sobre un plano inclinado.... Hasta que, un 13 de abril de l988, tras su "peligrosísimo seguimiento y captura" por la CIA, KGB y el SIC reunidos, nuestro inefable "autocomandante" desaparece, y solo aparece días después, flotando en las turbias aguas del Machángara.

***
Hoy, a casi veinte años de su muerte, vuelven a cabalgar sobre las hierbas de El Ejido, su superhéroe en calzoncillos: Bakunin y también Jackeline: su rota Dulcinea en blue jeans... ; son la peor ofrenda para cualquier cineasta que no desee ser famoso con su historia abducida, ni convertirlo en una tierna leyenda de la década perdida: los 80; una historia de superhéroes de carne y hueso como la de aquellos cientos de fantasmas de muertos, torturados y desparecidos, que aún no terminan bien de recoger sus pisadas...



Física: Otra vez tendré que acostarme contigo...
Marco Núñez Duque


En los bailes, la distancia de las parejas es directamente proporcional a1 ritmo de la música. ¿quién baila con más velocidad : una tortuga o una pareja de enamorados?

Sin demora contesta Alexandra: la tortuga. Respondo así: la distancia de los enamorados es directamente proporcional su velocidad, por lo tanto si la distancia tiende a cero, la velocidad también; de ello se deduce que la tortuga baila con más velocidad.

Entonces Física, tomas la forma de una chica de ojos color ultravioleta, cabello de vidrio fusible, tu pecho en forma de representación espacio - tiempo, pasas la lengua por tus labios infrarrojos, dices: lo que hablas es bellísimo; hacemos el amor con movimiento armónico simple, recostados en las páginas del texto; al terminar te acaricio, hablo suavemente de la teoría de la relatividad y tú, excitada, muerdes mis labios y respondes con cálculo los cables y en cortocircuito salgo con la longitud de onda de un cuantum.

Voy donde Alexandra y le digo: "sabes que desde que te vi me gustaste y quisiera ..."; ella responde: "no puede ser, eres un politécnico y yo soy humana; mientras tú calculas la cantidad de movimiento del bus urbano, un chico normal me besa apasionadamente”; en vez de acariciarme dirías: "salió el problema 250 libros/segundo". Entonces, le lanzo mi indiferencia de rayos catódicos. Te encuentro desnuda... recostada en el plano inclinado..., otra vez tendré que acostarme contigo.


*Escritor y miembro fundador del matapiOjO en el Quito de los 80, junto a Pablo Yépez, Hernán Hermosa y Makarios Oviedo. Actualmente es miembro del grupo K-Oz, y dirige los Talleres de Literatura de la CCE.

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martes, septiembre 25, 2007

"LA MEMORIA CONSTANCIA DEL OLVIDO"

Comentario a la selección poética de MIGUEL DONOSO PAREJA
Libro de K-Oz

Por Diego Velasco Andrade*

“toda invención es real
solo si hay alguien
que la sueñe”
M.D.P


Es el mar, es el incesante bambolear de las olas fluyendo en su rítmica espiral de azares...es siempre el mar, el rítmico paisaje donde se perfila con nitidez la obra poética de Donoso Pareja. Y es también el mar, la metáfora sinuosa de “lo imprevisible” en donde se desarrolla la búsqueda de su inalcanzable musa Gudrum, perdida en las turbulentas aguas del amor, pues el amor como el mar, es solo constancia de la memoria y del olvido...

I
PAISAJE MARINO CON NIÑO JUGANDO JUNTO AL MUELLE



Años 30: un niño juega en primerísimo primer plano en el muelle de Puerto Rico, puerto petrolero junto a La Libertad, antiguo territorio valdivia: escenario azul de la infancia de Miguel Donoso Pareja. El azul del mar como telón de fondo, es un cuadro de Magritte, humedecido por el incesante ir y venir de las olas, con su rítmica espiral de azares...

Y es en el mar, la metáfora sinuosa de “lo imprevisible que nos trae la vida”..., ese paisaje en donde se desarrollan los textos de Miguel Donoso, metáfora espiral en la búsqueda incesante de su musa Gudrum en las aguas turbulentas de la memoria y es también G, la letra difunta de su amor, porque el amor es a la vez para el escritor, memoria y olvido.

II
G, ESPIRAL INTERMINABLE

“G espiral interminable”, forma dinámica y primigenia del embrión, del vegetal y el animal, del microcosmos del ADN o del macrocosmos de la Vía Láctea...Forma que adoraron los antepasados valdivios del poeta: el spóndilus sagrado, que simboliza a la creación.

Para nuestras culturas de tradición, la vida natural, la vida cósmica y la vida social, estaban ligadas por una espiral que siempre permanece y regresa incesantemente y a la que los andinos llamaron pacha kutik: espacio-tiempo que vuelve y pone de cabeza al mundo y sus formalizaciones de la realidad, cada quinientos años...

Y G también, es Guayaquil, la ciudad originaria de Miguel, la simbiosis de la G de Guayas y la K del tsafiki Kil, lenguaje del Ki o centro del mundo en la desembocadura y mestizaje de las tierras altas y bajas del Ecuador, en el húmedo útero del golfo de Guayaquil: simbiosis de las culturas andinas y costeras en el caudaloso delta del Nilo ecuatorial.

G es también la octava letra del alfabeto, la nota musical inglesa y el número 8, el lambda griego y el infinito que no tiene principio ni fin y que en el texto de Donoso Pareja, representa a la memoria: ese paisaje utópico en donde “no hay amor sino amores y no hay dolor, sino dolores”.

IV
“MEMORIA CONSTANCIA DEL OLVIDO”

La memoria es la brújula del marinero que evoca en el presente-pasado, esa “certeza indescriptible del vacío/ memoria irreparable del olvido”, porque... “si G es memoria/ solo queda/ su vacío/ la /oscura sensación/ de recordar borrándonos/ sustituyéndonos por otro en el camino/ paladeando/ los olvidos sucesivos/ la invención/ que hicimos de nosotros”... así, “la memoria, como constancia del olvido”, es para Miguel el reino caleidoscópico en donde nunca puede reinar lo absoluto, siempre lo plural, lo imprevisible y caótico, lo diverso...

V
EXILIO Y NOSTALGIA O
“LA EXISTENCIA DEL DECAPITADO”

En las noches de luna imaginaria en el país de la gran Tenochtitlán, el joven valdivio, ya convertido en Henry Black el marinero, -alter ego y personaje arquetípico de Donoso Pareja a lo largo de toda su obra-, reemprende la búsqueda de la mujer amada en el espacio espiral de la memoria; imágenes sonoras y sinestesias persiguen la silueta de Gudrum por todos los rincones de GEA. Donoso es el navegante que somos todos, en el imprevisible vaivén de la memoria, aunque la mayoría de nosotros a la deriva y
Sin conciencia poética de aquello: uno al otro inventándose/ en la angustia, miserable del desasosiego”

Y en su viaje de circunnavegación Henry Black busca a la mujer y busca al eros como “centro abisal de todos los sentidos”, busca a Gudrum “atento a lo brutal de su esplendor/el lomo de la iguana/ el grumo de la esperma”. Porque “en la devoración del otro y la ansiedad de lo absoluto” en “la suave imbricación/ del dos” en “la erótica cumplida”, está también presente la búsqueda y travesía hacia nuestro puerto final, hacia “esa noche que no tiene despertar”... hacia ese gélido “instante del relámpago”.

VI
SELECCIÓN POÉTICA Y TEXTO PLURAL

Este libro es como el mismo autor lo ha querido: un “texto plural con todas las entradas y ninguna”, abierto al mirar y admirar de sus páginas, quizás guiados por las olas del azar, a una “lectura y escritura simultáneas”, en donde la espiral de la memoria, de la mujer, de la erótica y de la muerte, desean fundirse en aquel templo de lo fértil femenino que porta Gudrum como su símbolo sacro: “el templo de su pubis / espóndilus sagrado”... “todo después de tí/después de siempre/amor invulnerable/presencia de luz de lo imposible".

Henry Black o Miguel Donoso o los dos a la vez, solo hicieron un alto en su puerto valdivio para meditarlo, releerlo una y otra vez mirando a veces a la estrella polar y en otras a la cruz del sur y quisieron echarlo a bogar en el mar de la memoria como una botella de náufrago a nuestras orillas. Miguel sabe que para todo buen navegante de la escritura, al final de la travesía solo le queda su obra, esa “gélida sonoridad guerreando sobre el mar”... “en el lecho amortajado/ del oleaje”... allí donde “solo el silencio prevalece” y como su intuición poética nos advierte

“al desovillar la espiral nos daremos cuenta”
que tan solo “somos la constancia del vacío”.


*Escritor, miembro fundador del colectivo K-Oz; dirige los Talleres de Literatura de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

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viernes, septiembre 14, 2007

“Mirando brotar de las orugas simples mariposas…”

o, palabras necesarias para leer
AHI LOS VIDRIOS,
selección poética de Alfredo Pérez Bermúdez,
querido “perro ebrio” que hoy busca,
nuevos y solares senderos.

Diego Velasco Andrade*


AHÍ LOS VIDRIOS, selección poética 1982-1998 (K-Oz Editorial, 2007), comienza con unos pocos textos de su primer libro INICIALES (1982), cuyas hojas mimeografiadas fueron echadas a volar a manera de avioncitos poéticos entre los funámbulos artistas del tradicional barrio Las Casas, allá a finales de los 70, hoy descabezado por la autopista occidental; poemas compartidos entre amigos de la bebida, de la poesía maldita, de las barbas de Marx, de la ganga de Bob Marley y de la danza; por ello, no han sido reconstituidos por el autor, sino a través de húmedos papeles amarillos y débiles colillas de memoria:

“Las horas transcurren/como pétalos transparentes e invencibles/ …Los nocturnos compañeros de la soledad rehusan a escapar de sus celda de / amapolas/…La música de la oscuridad/ lira moribunda”, dice el inexperto poeta y confiesa en voz alta su afán de integrarse a los cánticos de Rugama, Borges, Cardenal, Roque Dalton que llegan al país desde una convulsionada Centroamérica: “ en mi adentro/flotan campanas/que evocan con su boca de bronce/los embrujos de mi propio sonido de gigante”…/Bárbaras criaturas/ sobre mis bábicos tejidos/ La lenta lánguida médula/de una muértela tristela”…

El ilusionado poeta de la juventud comunista, aprendiz de danza y admirador de las puertas neuróticas de Jim Morrison, tanto como de las frescas canciones de Patricio Mans y Alfredo Zitarroza, ensaya neologismos, danzando sobre las palabras, como queriendo jugar con los sonidos que le traen los vientos nuevos que llegan desde El Salvador y Nicaragua : “Sobre su cuerpo la música de todas las partes/…La dramática aventura de la palabrala”… ¿o quizás de la palabra la ?…

***

PARA ENCANTAR ESTA MUERTE, (1992) inaugura la etapa de oficio y de conciencia poética -antes que política - de su autor, que se interpela sobre su misión preguntándose qué es un poeta ?...“un marica que escribe sobre la espuma/ o un soberbio que desprecia/ la leche toda de su mami/ tan buena protectora/ de quien concibe la virtud del vicio/ la manera de jugarse la ruleta rusa/ antes que le atraviese el plomo”…

Han terminado los 80 y el poeta ha visto esfumarse a Marco Núñez Duque, Gustavo Garzón y a tantos otros… y sabe muy bien responder a pregunta tan poco solemne: ¿Qué es un poeta?/sino un helicóptero/ al que algunos imbéciles insecticidan”...En especial sabe que adentrarse en la literatura, es también internarse en un laberinto del que muchos ya no volverán ilesos:

“De manera que he dado en el lugar/ exacto/ donde habían decidido/ mi última y definitiva muerte”…

Pero también el poeta se indaga sobre la identidad, aquel animalito escurridizo que nos ronda y picotea desde la escuela, primero como un fantasma patriotero, heredero de los viejos himnos militares de generales y brigadieres de antiguas e imaginarias tiwintzas pero sobretodo como tabla de supervivencia, puesto que para saber a dónde ir, el poeta primero quisiera saber de dónde vino:

“Antes de ser ecuatoriano/ fui concebido en la imaginación/ de una madre furtiva/ quizás era un tubo de ensayo/ por medio del cual/ debí ser un osado astronauta/ para traer los anillos de sourt a la tierra/ con los que permaneceríamos unidos/ toda la vida”¡ qué aburrida! la muerte también”

Y quizás más allá del “poeta como héroe” o como víctima, Alfredo Pérez asume lo inútil del oficio y su fugacidad en una época antilírica, mercantil y nada heroica, cuando las viejas utopías han sido derrumbadas y la gran mayoría de ex poetas y revolucionarios de cafetín y ratitas de barco, buscan una nueva justificación para su cómoda existencia:

“No hay razón para escribir/ estos injustos versos/ versados en la nada/ sólo sé que he mirado al cielo/ y apenas he alcanzado a tocar/ el timbre de tu casa/ Nadie ha contestado”…

“Dirás porque me viste/ en la peor de las cantinas/ que soy un vulgar borracho que entre viejos alcohólicos/ y drogadictos/ estuve oliendo a demonios/ como si los demonios olieran a eso/ Comentarás el dato raro/ en el círculo de amigos tan bonitos/ de quienes ya me cansé”

Entonces el poeta se hunde también en los vericuetos alucinados de la ensoñación de Castaneda, de las nuevas sicodelias y de la casi muerte: “El amor es mi adicción”, -dice- y nos describe sus pesadillas:

“Hormigantes pisadas/ como pumas negros/ que en estampida de perturbación abandonaron las batallas/ botan tóxicos”… “desde un montículo de/ inservibles tarros/ una petrificada y oscura voz/ farfulla:/ bienaventurados los borrachos/ porque sólo ellos ven a Dios... dos veces”.

CRUZADO y SIN CRUZ, crucificado en su gólgota urbano el poeta curioso y metropolitano del Quito noventero, otra vez sin sueños ni utopías “municipal y espeso” como lo describiera el decapitado de inicios del siglo XX pero ahora a fin de siglo; destrozando su espuria humanidad en miles de vidrios dispersos en las veredas del centro colonial, en la falaz gringolandia o en el serpenteante Guápulo, reducto de bohemios, poetas, músicos, aprendices de shamanes, “bridgeros”, peyoteros mexicas y charlatanes de toda laya, de ahí que podamos comprender el sentido polisémico de titular su selección poética: AHÍ LOS VIDRIOS:

“AÑICOS

Hay que estar/ alucinado/ para ver un poema/ en un conductor de moto/ a alta velocidad estrellándose/ contra un muro”...“Fui cayendo como una hormiga/ en un océano de aire/ o más bien dicho/ de compuestos químicos…

Fue toda una experiencia/ Quisiera detallarte en lo más mínimo/ pero estoy algo confuso/ porque bruscamente desperté / con tu peluca en los brazos”…

Quizás por ello la conciencia vital del poeta actual que conocemos, sea el reconocer en su pasado haber tocado el límite, haber chocado contra el muro de la propia lógica social, de su propia conciencia de supervivencia;

“Que cómo estoy?/ ya verán/ aquí/ hipotecando el cuerpo/ vendiendo mi alma al diablo/ saciando la sed de todas luces/ caminando las plazas del teatro/ día y noche/ rescatando huérfanas/ metáforas/ alumbrándome/ desde hace siglos con la bronca de dios”.

***

En PERRO EBRIO (1998), el poeta se transforma en can, habla con boca de espuma, es un perro de filudos caninos, que deambula sin norte por calles, plazas y avenidas; mas no el miedoso "perro de rico" y de pedigrí; es el mismísimo poeta urbano, que buscando un hueso o un pan en el asfalto se pregunta: “¿de qué sabor será ese dinosaurio?”

Es el perro emputado y emputecido, perro cínico, perro asesino en potencia, el que somos todos (y “todas” diría alguien con conciencia de género) cuando nos vemos cotidianos y sin maquillaje. Es el perro poeta borracho que asalta versos y esquinas robando a los sátiros, se mete en lupanares y hace el amor con deliciosas perras nocturnas. Es el mismo perro poético de Jacques Prevert en "le chien á la mandoline", o el mismísimo “perro tocando la lira” del Euler Granda tzántzico.

Y no nos asusta este perro borracho, porque sea como nos dice el mismo autor: un "fantasma exquisito complicándolo todo", nos asusta por sus ladridos, por sus mordidas en el ojo bizco de nuestra moderna hipocresía y, peor aún, porque no parece tener ningún interés en ser reconocido por La Realísima Academia Ecuatoriana de la Lengua, peor aún por La Sociedad Protectora de Animales.

En continuidad con su poesía fabricada en los 70 y 80, aquella de escepticismo social, de crítica mordaz, sarcástica y sin utopías, el poeta de los noventa ahora se limita a sintonizar con su olfato el basurero que olemos a diario, y aunque pareciera desinteresarse de lo que va más allá de su pelaje, en su canina poética subsiste la crítica social no como una evasión, ni tan siquiera como un alegato, ni como una búsqueda erótica, espiritual o existencial ( otras vertientes en la poesía ecuatoriana de fin de siglo XX) sino más bien como un solitario aullido a la luna, como un ladrido sin eco en los muros de la noche...

En estos textos el perro hablante asume la primera persona,- que no corresponde al poeta-, sino al yo perro ebrio y voz poética que nace, crece y desencarna, en un mundo donde no hay resurrección a la vista, ni futuro, ni salida posible, pero siempre habrá algo inconcluso moviéndonos la cola. Sucede que el poeta perro ebrio, ya no se atreve a ser anunciador de paraísos sociales y democracias al uso y abuso y, con su olfato de diez leguas a la redonda, es el único que se resiste a llevar escafandra, ante la corrupta pestilencia que paulatinamente nos invade:

" abro mi ventana/ para que el viento de la nuit/ refresque mi comunista y sufrida cabeza" , nos dice y se muestra convencido de que " amar es como matar a una mujer", el poeta ebrio, perro maldito, salteador insomne de “fast foods”, paria incomprendido, deambula lunático entre gays, discotecas, boutiques y otros perros decentes ladrando :

"...ah! estás intrépidas gentes químicas/ no comprenden el perfume/ ni el agua"…todo aquello mientras, un “dios vocifera en los televisores…es un caníbal/ que atiza el fuego en los lupanares".
Entonces, el poeta perro se desata de collares y arriba a su madurez poética y "libre como un paria", con " la cara magullada de tanto limpiarse y parecer decente", solo le queda la angustia terrestre, tirarse de los pelos y auto-expulsarse del paraíso, para luego despellejarse, porque en el futuro ya no hay esperanza...

En derredor de perro ebrio "tornan devotas víboras/ a depositar sus huevos en las bocas", y granizan ángeles prófugos como una "llovizna en la oscuridad”; son ángeles caídos a las alcantarillas desde el limbo de la modernidad global, aquellos seres que no quieren permanecer sin Dios, eternos y perfectos, que mueren por bajar a la tierra a divertirse un poco: "Señor no quiero que te caigas y me dejes solo/ aquí/ arriba señor/ en esta ciénega azul...”

Porque el poeta perro, aunque ebrio, al igual que los niños y los locos, aún intuye las nociones del bien y del mal, pero a diferencia del autonombrado "poeta social" de otras épocas, no busca, ni propone ningún Edén, ninguna pócima milagrosa para cuando llegue el 2007...

"Asumo el viento que se cuela por mis muchas narices” ...nos dice el poeta can, a quien no le corresponde dar sermones, ni rezar cuatro avemarías a la virgen de las lajas; solo le cabe golpear, aullar, rasguñar, tañer las campanas del basurero, hociquear rabioso aullando a la luna, a ese satélite luminoso que es pista de alunizaje para otros ángeles tan prófugos del paraíso y tan cuadrúpedos como él.

Y el perro neurótico que vagabundea sarnoso y tan campante y que a muchos apesta, quisiera lanzarse a las ruedas del trole quiteño, dedicándonos su último estertor y estirar la pata: ..." yo jean boxer siento la necesidad del infinito: acaricio con dulzura esta arma plateada que no puedo” ... "desgarbado e incongruente/ me debato entre las aspas de la modorra/ tengo un incurable alucinógeno en cada pestaña”..."yo no tengo diez dedos en cada brazo con los que pueda suicidarme”...."hurgo el puñal ajeno que el creador ha puesto entre mis manos mientras la humanidad/ gastronómicamente enferma vocifera/ viva la infamia/ viva el delito/ abajo el amor del cerdo/ y que me lo sirvan como un tomate”.

El perro-poeta crucificado en la encrucijada de siglo, el perro peatonal atrapado por el consumismo y ya no por el dinosaurio comunismo; el poeta-perro sin veterinario al alcance, se interpela, se cuestiona, se “problematiza”, en aquella realidad pretendidamente "sobria", globalizante e inhumana en donde asiste “al fin de la Historia”:

"No quiero ser analizado/ No soy una taza de café/ No estoy impreso en una camiseta"…"me brotan mariposas de las axilas/ me zumba un moscardón/ en el hueco de la cabeza ... / incrédulo me palpo el rostro "..." soy un sobreviviente de Auswitchz / tengo pezuñas de cerdo”

Espeluznante, se interroga sobre el sentido de la existencia en medio de los estragos de su propia borrachera y como cualquier perro solitario, sabe que puede terminar atropellado o envenenado en cualquier esquina:

…"¿y si me sucediera esta noche para siempre la felicidad ?...", entonces el perro poeta se lame la herida y se alienta a sí mismo, y aunque solitario, huérfano y desarraigado, aún indaga por su padre y por su madre, es decir por algún hogar y, escarbando su último hueso entre los escombros, recurre a la hamaca de su abuela para mirar “brotar de las orugas simples mariposas”; así, reconociéndose como un ser perruno, vivo y vulnerable buscará otra vez nuevas infancias :

"Tengo miedo padre/ de no haber nacido aún/ del vientre de tu esposa: mas/ hoy que cumplo 33 años/ en la caparazón de mis cobijas/ me masturbo y lloro..."

***

En el último libro de esta selección AHÍ LOS VIDRIOS (2007), que confiere precisamente el título general al volumen, la ciudad con su universo multidiverso aparece como el ruidoso escenario en el deambular del poeta, que se despide de una etapa subjetiva de su vida y de su creación:

“La ciudad es una opera espontánea, disléxica, anacrónica, dirigida por el diablo que agita la batuta de su cola… ríe y goza haciéndonos cómplices de sus partituras” , el poeta se abre ahora al gentío y a la gente que “es una fiesta en algarabía contaminada de polución y nervios”; todo esto ocurre en una época antilírica y antiheroica para el hombre, para el mundo y también para la literatura, cuando “La historia ha depositado sus infelices huevos en las piedras sempiternas de la urbe que tiene la firma arquitectónica del analecta”...

Es fin de siglo, en aquella infeliz y numerosa ciudad perdida de sí misma, donde el poeta y la voz poética, el observador–creador, el loco-lúcido y desorientado vate, deambulan simultáneos y paranoicos… “sin saber/ a qué lado del escenario he estado”, en donde la muchedumbre sin lumbre, es la actriz colectiva del libro abierto de la ciudad, esa selva inhóspita de neón y grisáceo cemento que el poeta registra de manera insólita :“La muchedumbre atraviesa los escenarios como un gran renacuajo saltando en sus monumentales cuatro patas”…

Y en medio de aquella ciudad postmoderna es ahora el tiempo, el nuevo dios impenitente e insufrible, que se desploma como sol canicular sobre seres de “carne y piedra”; es el tiempo sucesión de sonidos y de horas, sucesión de luces y de palabras, babel de tiempos gramaticales que el poeta escucha a la diestra y siniestra del padre: “siempre en ese maldito tiempo gramatical, bajo la misma inflexión en que la gente vive anegada en el mar imperceptible y sin embargo macroscópico del vulgar lenguaje”…“Pero el reloj sigue su implacable marcha, en su horario y en este espacio fundido en el dintel del tiempo”…“sólo caben pretéritos o futuros imperfectos”...

Y es el tiempo urgente, la sola divinidad del tiempo es oro y ahora dólar, deshaciéndose fugaz en pedazos de hierro y serpientes de lata que desfogan vapores de un fétido incienso, lugar intemporal donde “El trole se detiene. Como un grosero gusano abre sus pestañas y excreta una masa lóbrega que cae a la estación y se dispersa. Inmediatamente se enlata engullendo toda vestimenta”…

Y es también allí la soledad, la única compañera omnipresente del poeta en su serpenteante y larga travesía urbana:

“Yo soy la carne devorada que anda sobre
/los pies de la soledad
como un hombre con el semblante
/elevado y radiante
sobre la tierra”.
…………………
“La soledad cabe en el ojal de la aguja del
/universo
con la que está clavada la mariposa
cuyo aletear produce la tormenta que hoy se desata en mi corazón
mientras las serpientes se sirven
de la leche de mis senos
para alimentar a los orfeos que crecen en
/sus vientres.”

Sí, la ciudad contemporánea parece tragarnos, echar fuegos contaminados y al fin va a terminar tragando también al poeta terrestre y meditabundo que ya no puede echar vuelo como antes, pues ha perdido como las aves domésticas, su capacidad de volar, solo: “Los jilgueros urbanos y las palomas realizan sus últimos vuelos, son aviones que a esa hora aterrizan en sus aeropuertos, dejando libre el espacio al enorme pájaro de la noche.”

Sin embargo, hay otros seres e insectos, otras aves y gentes, que echan vuelo y se evaden de otras formas en la oscuridad: “Oh misteriosos voltios que brillan/ en el rimmel oscuro de la ciudad/ luciérnagas que embellecen el cementerio/ de los edificios en este agosto a media noche”… “Algo en las tinieblas se mueve por dentro:/es la carne de los niños drogadictos que/ brillan con luz propia/ y me ciegan de blancura/ aún cubiertos con cartones y periódicos.”

En medio de aquel paisaje lóbrego, el poeta es solo instrumentista de un solo de soledad, un solitario más entre la gente, tocando su solo de saxo, sin eco ni respuesta posible, sin ningún toquecito en la espalda de todos aquellos innumerables otros seres que circulan vertiginosos a su lado:

“Paso a paso, en su mediocre ebriedad, el poeta ignorado se pierde en el sendero conocido; la noche con su frío aliento le zumba en los oídos, lo besa”...pues “A estas gentes químicas un pepino que les importa mi búsqueda. ¿Qué diría si alguien me preguntara? acaso que todo es alusión, seña secreta; que en esta ciudad de los ecos todo nos hace signos y todo se calla y se oculta.”

En el CANTAR DEL REY CENIZA, uno de los más bellos textos de todo el libro, el poeta parece vencido frente al mundo lluvioso, nada sensible e inclemente que lo rodea, parece fabricar su propio epitafio de vocales y escribir no con pluma fuente, sí con garfios de hielo, su ansiado testamento:

“Era yo un caballo bajo las patas de la lluvia/ que desbocada tiraba de mis crines/ barranco a barranco/ Sin que nadie lo supiera mi relincho atravesó el asfalto/ y en cada casco me herían con sus ojos los tristes…La proyección urbana de lo oscuro/ me había lanzado en dirección opuesta/ a los radares/ y me hallé solo/ esperando el regreso de mi sombra/ para que me circundara el pie/ hasta alcanzar mis ojos/ en cuyo iris habíase embadurnado la luz/ y la melancólica leche de los dioses”…

El fin de una etapa suicida y asesina en la poética de Alfredo Pérez Bermúdez se aproxima y el poeta, cavando en su propio camposanto (que más tiene de campo maldito), anticipará su rechazo al irremediable tanatos:

“Ángeles zarrapastrosos/en su verde oliva/ arrastrando sus atuendos infantiles/ Entran/ en mi cámara mortuoria/ como Pedro a su casa/ Me levanto, los conjuro/ y escupo.” Porque el poeta no parece tener ganas de despedirse pronto hacia otras dunas solitarias, ni cree en profetas, ni en dioses ambientales que van a llegar a salvarnos:

“El hueco de ozono es el vacío/ por donde se va/ a las catacumbas/ abdominales del creador” y mientras: “Los peces del diluvio caen/ sobre las cabezas de los transeúntes”... “Soy la única bestia humana/ que se deleita poniendo el corazón al/ fuego y baila en su sepulcro/ mientras llueve/.../ Uno de los animales ha de embarcarme hacia/ el crepúsculo para el naufragio y ya en él/ me arrojará/ mis muertos definitivos.”

Pero se advierte al final de esta estadía poética en el infierno como hubiese soñado Rimbaud, que el poeta anuncia, otro tiempo esperanzador; la llegada de su hija Camila Anahí y el arribo también de serafines que le anuncian otros posibles cielos y de otros territorios celestes que lo harán devenir padre; el tiempo luminoso de los serafines, que a manera de información a los escépticos, aún existen y que con palabras del poeta dejamos constancia.

LOS SERAFINES

a Camila Anahí

El fin de semana hay niños que juegan
construyendo castillos de barro
con el cielo de la tierra
o trepando al único árbol del patio
a tumbar limones
o correr los pollos que tan tiernos compró
/madre
para que no se desplome la columna de la
/casa
o lo que es lo mismo que padre se
/recupere de la trombosis
viendo revolotear
los pajaritos de tres generaciones

- Hazme caballito papi...
dice la de dos años
y trepándose al lomo
me desprende la corona de espinas
para que por toda la casa la corretee
hasta que me rompa la dorsal
y aun así me pide que no pare y la
/complazco
porque extenuados nos desbocamos
con ternura de ángeles sudados-

En mi casa hay niños que despliegan alas
y se confunden con serafines
que abuela decía existen
y en verdad
existen”.

Así, el asombro infantil, la vida y la ternura, podrán dar a luz en el poeta a un nuevo serafín que sobreviva en medio de tanto escombro, el tiempo ha pasado vertiginoso y cuando el siglo XXI ha comenzado a disolver las hojas de sus primeros años el poeta reflexiona: “Cuando las palabras se me ofrecieron/ como en una tinaja/ llena de frutas de oro/ envejecí/ como un niño prematuro”.

Iniciará entonces la búsqueda de un nuevo cielo posible y en medio de la perdida y otra vez recobrada poesía, buscará renacer de las cenizas de fin de siglo y de sus ebrios y de sus dementes actores milenaristas; habrá que esperar mucho más de Pérez Bermúdez y en especial, una vital e incesante búsqueda de nuevos senderos que le hagan desembocar en las nuevas y luminosas poéticas del libro que el autor no ha querido aquí incluir, pero que tenemos la fortuna de conocer “Bajo el umbral de la mariposa”.

“Nosotros/ que vaciamos el vino/ terminamos bebiéndonos la sangre”-sentencia para la generación de fin de siglo Pérez Bermúdez -casi al terminar AHÍ LOS VIDRIOS-; sin embargo agregaríamos, siempre esperanzados en el oráculo de sus propias palabras:

“En mi corazón arde el verano
Un verano de altura y de águilas.”


Julio 1998 / agosto 2007
*Escritor, diector de los talleres de literatura de la CCE

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jueves, septiembre 13, 2007

POESÍA ECUATORIANA DE LOS OCHENTA


Fernando Nieto Cadena


a Miguel Donoso Pareja, ya se leerá por qué.

Desde mi primera lectura del Bestiario de Julio Cortázar, comprendí que todo escritor debe cultivar, mantener y atesorar su propio bestiario personal (valga el pleonasmo). El título de la antología (10/80) me parece sugerente y me conduce a los eriales de la nostalgia. Recuerdo que en el único número de Puño y Letra que logró publicar Carlos Calderón Chico (entonces el chico Calderón), en la entrevista que me hizo al preguntarme si era parricida Sicoseo le contesté que no, que pretendíamos ser raticidas para liberar de las ratas que carcomían a la literatura ecuatoriana (palabras más o menos literales porque la memoria siempre mejora los recuerdos).

Tal vez por eso me entusiasma escribir sobre esta antología que bien pudo ser de once poetas por aquello de establecer la alineación futbolera ideal de la poesía ecuatoriana surgida en los ochenta aunque se hubiera perdido el juego iconoclasta que se agazapa como 10/80. Creo que está bien así.

Son diez. Por supuesto no creo que son los únicos diez que podrían enlistarse pero responden los diez antologados a lo que sus antologadores prefiguraron para mostrar lo que nuestra poesía fue capaz en esos años y en los actuales. La antología me permite, además, reconocerme como uno más entre ellos aunque aparentemente estoy en otro casillero. Lo del reconocerme aquí debe ser porque los acuartelamientos generacionales siempre me han parecido sospechosos y mecanicistas por lo miméticos que solemos (sabemos, supongo se sigue diciendo por allá) ser a la hora de embestir y vestirnos con las modas al calce de la crítica moderna.

A la mayoría de los antologados los he leído aunque sea parcialmente antes de esta mañana frente al río Grijalva en Tabasco. A unos pocos los conozco personalmente. Y a unos cuantos los estoy conociendo en sus textos. Sin embargo tengo la impresión que a todos ya los conozco. Sucede que algunos -los de entonces- seguimos siendo casi los mismos. Por eso al leerlos estoy aprendiendo un poco más de un país o una ciudad que alguna vez fueron nuestros y míos y ya no existen.

Pero no se trata de refocilarme en la saudade en pro de aquel tiempo pasado que para mí, como todo tiempo pasado, siempre fue peor. Al fin y al cabo el mejor tiempo que tenemos es el presente por el simple hecho de saber que estamos vivos. Perogrullidades aparte, la lectura de 10/80 me reconforta porque despeja unos cuantos prejuicios que -al calor epistolar de unos amigos- me estaban creciendo la idea de que la poesía ecuatoriana a partir de los noventa cruzaba los arenales de la inanidad con el regocijo de uno que otro avestruz que se niega a mirar lo que en realidad estaba/está pasando. Por fortuna Fernando Itúrburu y la editorial K-OZ me volvieron a otra grata realidad. Fernando es doblemente responsable porque me puso en contacto con la gente de Buseta de Papel y con la gente k-óztica. Como era de esperarse la mayoría son de Quito y Guayaquil. Pero también aparecen de otras ciudades lo que me permite comprobar que los años no pasan en vano. Lo importante es que se trata de diez poetas que con sus muy personales voces líricas ofrecen en calidoscopio un panorama satisfactorio de la producción poética ecuatoriana surgida en los ochenta. Mantienen su vitalidad creativa con la misma intensidad (más diestros en el manejo del lenguaje y equipados con herramientas teóricas más sólidas por supuesto) con que llegaron a este oficio de apesadumbrados contrastes y paradojas, rumbeando desde y entre la confusión ideológica-estética hasta la lucidez sin falsas modestias ni almidonadas vanidades.

Estos diez poetas son una feliz imagen de ese espejo trizado que debe ser -pienso, sueño- la poética de una región, un país o un continente. La multiplicidad estilística va de la mano con las propuestas coincidentes desde sus muy particulares miradas que escrutan y excavan las múltiples realidades de una cotidianidad no siempre resignada a ser chivo expiatorio de las indagaciones y experimentaciones del discurso poético, en apariencia cada vez más imbricado como bricolage lingüístico. Por aquí puede desmadejarse la piolita que permite llevar el trompo en la uña para ejercer una diestra habilidad para sumirse en la magma del lenguaje y no fracasar en el intento.
Esto significa que nuestra poesía, la ecuatoriana, ha dado un paso más hacia quién sabe dónde, eso no importa, porque mantiene un rejuvenecimiento y una revitalización que construye puentes comunicativos entre las pasadas poéticas y las que se avecinan. Dogma del docto doctor Perogrullo, sin la poesía de los ochenta (que extiende lo generacional hacia los noventa, mediados de los noventa por lo menos) no podrían haberse dado propuestas tan significativas como la del grupo Buseta de Papel, por ejemplo ni se explicarían los vasos comunicantes de algunos grupos actuales con Sicoseo, La Bufanda del Sol y los Tzántzicos, grupos por otra parte sobredimensionados con fervor legendario en trance de mitificación narcisista.

Todo esto para saludar a los diez de los ochenta que se muestran como ellos quisieron, con textos donde se ven y se reflejan y quieren ser vistos. La gama de propuestas es intensa y diversa. Cada uno jala para su propia costilla. Los unifica acaso el desparpajo para decir las cosas como las perciben, sienten y exteriorizan. Si bien se unifican en la intención de socavar los cimientos de un lenguaje siempre pacato y recatado en nuestras muy occidentalmente cristianas fontanas, cada quien se mueve por su propia sombrita descomponiendo y al mismo reconstruyendo un mundo particular que sirve como retrato hablado de quienes se lanzaron contra viento y marea a descubrir su cosmos poético por la única vía posible, la entrega absoluta a la exploración y experimentación del lenguaje a partir del descreimiento del oficio poético como ejercicio de videntes traslucidos y trasnochados y, deudas son deudas, del descrédito de la realidad que avizorara don Pablo Palacio.

Pienso no fallar si apunto que los diez han pasado por la experiencia del taller, la mayoría -además- por un taller coordinado por Miguel Donoso Pareja, lo que de por sí ya es una cierta garantía de que lo bien aprendido ya no se olvida nunca. Esto para señalar que esta muestra sirve para desvalorizar la conseja de ancianos precoces que niegan las virtudes -con todos y sus a veces graves defectos- de los talleres a los que lo menos que les acusan es de ser fábricas de escritores y en el peor de los casos de laboratorio de clonación de escritores a imagen y semejanza del coordinador de turno. Cada quien se quita las muelas antes de que les duela según sus propias limitaciones y egoísmos.

No sé si sea a la vez de exagerado aventurado decir que esta antología es testimonio, homenaje y reconocimiento de la bondad de los talleres literarios. Por supuesto no es la única manera para llegar a ser escritor pero es un buen espacio para ganar tiempo y superar con el apoyo de otros lo que llevaría el doble o triple de tiempo en el crecimiento como escritores. Aquí, en estos diez poetas que no se presentan como dos puños, se confirma que lo mejor que le pudo pasar a la poesía ecuatoriana en los últimos veinticinco años fue contar con la presencia de Miguel Donoso Pareja al frente de varios talleres, reproduciendo lo que ya hizo en México.

Por el momento, es cuanto puedo decir. Las fichas que acompañan los textos de los 10/80 resumen mejor lo que yo podría decir -circunstancialmente- y lo que podría opinar de cada uno de ellos. Lo que sí puedo adelantar es la alegría y satisfacción de haber leído esta antología que me permite restaurar mi confianza que, aunque no lo haya dicho nunca el viejo Quijote, si los perros ladran es
porque la joven/nueva poesía ecuatoriana tiene aún mucho que ofrecernos y sorprendernos. Como siempre, el camarada futuro -perdón por la nostalgia- tendrá la última palabra.

Villahermosa, Tabasco, México,diciembre 2006.

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El retorno de K-Oz

Luego de una interrupción más o menos involuntaria LABIOS MAYORES regresa al panel de la discusión antes de que la Asamblea se instale y desinstale el Congreso Nacional (que de nacional no tiene nada). En todo caso nos comprometemos a mantener este espacio abierto para enriquecer las propuestas culturales (que de eso se trata) y debatir abiertamente sobre los temas que nos atañen, apasionan, acercan y distancian a la vez. El colectivo de K-Oz editorial vuelve a sus andanzas y anuncia la presentación del libro de antología 10/80 VENENO PARA POETAS como un abreboca de lo que será la selección de 100 poetas del siglo XX.

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lunes, julio 31, 2006

¡EA! ¡POETA!

¡ARRIBA LOS POBRES DEL MUNDO!

A propósito de la próxima publicación de la ANTOLOGÍA DE POESÍA DE RAFAEL LARREA

En medio de las discusiones contemporáneas, nadie pone en duda que la tarea fundamental de un poeta es escribir. Y escribir bien si es que tiene la capacidad para hacerlo. Debajo de esta muletilla subyace aquella acusación que prende las mesas filosofales y derrama las vísceras de los contertulios cuando se despliega, sobre el mantel, la política, o el discurso de lo político para ser políticamente más correcto. Porque, si además de la prudencia que deben manejar los poetas en tiempos de crisis se les exige que se preocupen de los fantasmas sociales, esta exigencia resulta demasiado grande para aquellos seres constreñidos al enfrentamiento diario con el delirio, con la concupiscencia, o el desvarío.

Si debajo de la piel de América, de la nuestra se entiende; aplicamos un termómetro para medir el grado de pasión que existe; debido, entre otras razones, al deseo latino y a la crisis económica; coincidirán conmigo que es casi imposible no contagiarse de aquel mal que empieza con “pe” y no puede terminar peor que en “a”. Es entonces cuando los estetas se rasgan las vestiduras y piensan que la poesía debería, con esa forma de deber que es común a todos los tercer—mundialistas, ser pura como una pastilla de alkaseltzer; blanca como la conciencia de Fray Escrivá de Balaguer; críptica como todos los planes de atención social de los gobiernos y estar de acuerdo a los cánones establecidos por la franciscana lengua de Don Fray Gaspar de Carvajal. Esa, dicen, sí es poesía. Y de la buena.

Pero el gusto del intelectual pequeño burgués es ramplón y timorato, con un alto sentido de culpa (en unos casos por no ser lo suficientemente pobre y, en la mayoría de los casos por no poder ser lo suficientemente rico); intelectuales que agitan sus trascendentales palabras en el mar anodino del acomodo y la timidez; entonces llaman crípticos a sus intentos de resolver sus test, sus cafés y hasta sus complejos con la ayuda del lector que le permitirá trazar líneas maestras para comprobar lo que él ya sospechaba: que, en realidad, sufre de un gran síndrome de desadaptación lo que le impide subirse a la mesa de los antiguos mecenas sin sentirse avergonzado por sus malas maneras, su pobre indumentaria y lo que es más triste, por su lenguaje morigerado ante la necesidad de ser aceptado.

Frente a todo lo anterior, con menos frecuencia pero con mayor fortuna, existe otra tendencia para entender la poesía. Aquella que naciendo de la parte instintiva, se convierte en el eje rector de una racionalidad que se dirige hacia la ternura, la solidaridad, el amor, la pasión; pero por sobre todas las cosas, la fidelidad a sí mismos; esa posición indeformable que permite, a un individuo, asumirse tal cual es. Y punto. Sin pedir permiso a los críticos, a los dadores de fama y fortuna, a los editores dueños del catálogo de virtudes. Firme y apasionadamente delinean su vida al margen de las santas cofradías, de los grupos de autoalabanzas o loas cruzadas; sin importarles los críticos comprometidos con la lengua. Solos frente a su oficio, a la terca pasión por asirlo todo, palparlo, desacralizarlo; jugar con esa realidad fatua y esquiva en medio de sus labios proxenetas, lujuriosos ante esa casquivana concreta que deambula por el mundo agrandando diferencias y repartiendo inequidades.

Es entonces que es posible entender a los poetas que se encabritan que deconstruyen y reorganizan, sacuden el polvo de las neuronas de los críticos acartonados, de los cítricos críticos profesionales, o cretinos en el opúsculo de la palabra.

“De mi espalda
nace esta flor que envío al monte,
mi pariente,
a los lagos, a los ríos, al mar brindo esta flor
de dolor y sangre,
esta pestaña, esta roja entraña
de soles incendiarios.”

Es que existe una mágica realidad que nos atenaza del cuello y no nos quiere soltar. O asumimos una posición contemplativa para demostrar que, a pesar de que nos congelaron la sonrisa junto con nuestros dólares, tenemos aún el recato de vivir sin reclamar, sin dar a conocer que nos estamos comiendo la camisa; actitud de decencia dicen los poetólogos. O actuamos de otra forma ante la vida que intenta tragarnos con sus inmaculados dientes para convertirnos en un eslabón más de la cadena trófica; tomar la vida como es; sin contemplaciones, sin falsas expectativas. Sabiendo que cada día que pasa el ombligo estará más cerca de la espalda.

“Y aquí me quedo!
Me quedo en ti
tierra, pájara, mujer.
Y para decir ¡te amo!
me subo al cerro,
a la luna me empino para amarte,
para besar tus pies soy lengua de vaca,
cuchillo soy para acabar tus penas, ...”

Porque el poder no nos nace de cuna ni no nos viene con la tarjeta de crédito. El único poder real que poseemos, lo dijo Rafael, es el poder de lo irreverente. Porque más mortal para el sistema es la toma de Carondelet por espacio de tres horas por un indígena que la creación de un fondo millonario para repartir a las comunidades con la finalidad de bajar la temperatura. Porque en lo simbólico, en ese imaginario de lo sagrado, en el último reducto de su linaje, en ese sitio inmaculado está el talón de aquiles de nuestra clase dominante.

“Es un portal
la cama para todas las sombras,
la noche lame hueso
helado en mi país,
se reparten sin pausa
su camisa bordada,
pero zurcimos lomas
para nunca morir.

Es su pocilga, solo, aguilucho sin alas,
un obrero latino, en Nueva York, exclama :
!por Ecuador, carajo¡
y se bebe hasta el Ande, la orquídea y el estero
añorando con sangre una palabra humana,
una esquina de pueblo,
un viejo modo de ver, de ser, el suyo.

Y se mantiene vivo soplando los rescoldos.

En fin de cuentas somos
solo un rincón del mundo,
y como todos los pueblos
¡nos bañamos en llamas!”

Entonces, el violento despertar de las burbujas, ¡la champaña no es nuestra! Se nos han bebido toda la alegría. La fiesta de las mariposas, del futuro, de los niños. ¡No existe, es solo una quimera! Y los viejos y doctos críticos de la lengua. Bien gracias, deglutiendo empanadas gordas de aire y miel. ¿Y los poetas de la globalización, la posmodernidad, el desencanto? Afilando la lengua para cuando la crisis pase y nos podamos ver ya, sin la neblina del hambre o la urgencia de la angustia. ¿Y la poesía y su poder de subversión?

“Nosotros,
la luna,
los caballos ...
seguidores del sol y de la noche,
de las ideas bellas, imposibles,
inútiles,
nostálgicas ...

(.........)

Nuestro es el juego del alba,
no hay dique capaz de detener la vida,
hemos abierto todas las puertas,
una tras otra.”

Porque debajo del caparazón sensible o senil –depende del caso-, se acodera el andamiaje tosco de la vanidad, del acomodo; reminiscencias del viejo ritual de las capillas, nos hace falta el olor del incienso para elevarnos; unos dicen que para dejar ya de pertenecer al bando de los eternos perdedores, otros por simple molicie para ascender al peldaño de los ungidos, de los premiados.

“... por qué ha de ser tan lunes este día
en que me hundo con zapatos y todo
en el recuerdo de ese beso rojo,
de esos labios para morder,
solamente por ella quiero ver al sol
abriendo esta puerta,
salud,...”

Es el amor, ese amor promiscuo de pasión, el continente de la poesía de Rafael Larrea. No es el coito reglamentado por el orden o la asepsia, es la ternura que brota en el margen de la vida, donde no se establecen los libretos pregrabados. Es la posibilidad de asir la vida al paso, con una vocación que va más allá de la transgresión. Es un permanente redescubrimiento de la vida no de los altares, del amor no de los artificios. El asombro cotidiano ante “Cada vecino / (que) es una tragedia diferente.”

Es difícil catalogar las actitudes de los “otros” frente a Rafael Larrea; pero es necesario. No porque pretendamos tener el veredicto final e inapelable sino porque es preciso restañar distancias. Si el silencio es un arma, la utilizaron sabiamente; si el estigma es una confabulación, la armaron muy bien; si los calificativos deben tomar en cuenta los atributos del sujeto, violaron permanentemente las reglas. Pero a despecho de muchos, y como él mismo lo dijo :

“Adiós. Adiós. Tú también te quedas
con nosotros. Cuidaremos de ti.
De tu memoria.

No habrá jamás olvido, amigo mío, nuestro.”

Pues un poeta jamás muere.

lunes, julio 24, 2006

LABOR DEL EXTRAVIADO

Abrir un libro de poemas es correr el riego de no arribar indemne a la otra orilla. El texto que nos convoca es un desafío constante, es un cuchillo afilado que corta el resuello; es una violenta imprecación a la cotidiana manera de entender la vida y el oficio, es una construcción circular de los retornos y de los exilios, de las vueltas del reloj sobre nuestra garganta.

Ernesto Carrión pone a prueba la capacidad de mirarnos en el espejo despojados de nuestras máscaras, de los manidos rituales que nos inventamos para justificar nuestra existencia. Pone en duda la característica del lenguaje como encuentro; tal vez sirva únicamente para desterrarse; para vivir la otredad, la soledad y el desvarío; la violenta y eterna contradicción entre soñar y estar despiertos; entre ese hombre que escribe y aquel que se solaza mientras miente. Porque su escritura es ficción y es escarnio; es la realidad diseccionada por el diario avatar del destino (o del desatino); es el péndulo que asesina toda posibilidad de escape (porque no podemos huir de nosotros mismos a pesar de todas las puertas escapatorias que tratemos de inventar); siempre estaremos de frente a nuestra soledad o al acomodo (que es otra forma de soledad pero más brutal por ser colectiva).

En todos los lugares somos extranjeros; a pesar de habitar la palabra nunca encontramos la exacta aplicación de su significado a la realidad que nos circunda, nos circunscribe y nos demuele; a veces nos expulsa violentamente al vacío de las multitudes donde estamos a pesar de la imposibilidad de reconocernos. Es que el mundo es demasiado pequeño para nuestra impaciencia, para nuestra necesidad de romper los límites de la cordura. Hasta los pájaros se confabulan para demostrarnos cómo nos restringe el cielo.

Irse o volver casi da lo mismo; la diferencia es que volver es sinónimo de derrota; irse, en cambio, es exponerse a la sequedad embargable del olvido donde ni la palabra es recurso para reconstruir, asir o recrear la realidad. Solo lo inmediato es verdadero, toda pretensión de trascendencia queda anclada a la manida ritualidad de la existencia; aquella que nos obliga a reconocernos en la cotidiana manera de retornar a lo tangible; a las blancas almohadas más seguras que el descaro.

Imprecaciones lanzadas contra esa leyenda elaborada, paciente y cínicamente, por el ser humano para enrostrarnos nuestro lado obscuro, nuestra verdadera condición de exiliados. Por ello se han creado los manicomios, los hospitales, las cárceles y las casas de putas donde se puede vivir sin dar cuenta a nadie de nuestra inmovilidad, asombro o desvarío.

De este largo exilio también participa el dios hebreo con su capacidad envidiable de no tomar decisiones; Adonai es parte de la construcción circular del encierro de donde es preciso pero, a la vez, inútil escapar; árboles convertidos en cadalsos para nuestra manía innata de creer que somos a pesar de que todas las evidencias dicen lo contrario. Dios es víctima de la soledad y de los hombres que lo crearon a su imagen y semejanza; porque no existía otra posibilidad. Vagamos sin rumbo con los restos del naufragio; con el pesado cadáver del pasado tratando de reapropiarnos del útero de donde fuimos expulsados. Pero no hay vueltas que darle; todo intento es infructuoso, es la fantasía de los exiliados que regresan a mirar los rostros que dejaron pero que ya no son los mismos ni los miran de la misma manera.

Nuevamente volvemos al inicio de la teogonía, buscamos febrilmente aquel mantra que nos permita comunicarnos con el cosmos como dador de virtudes y puertas ilusorias. Nos queda, como último recurso, que la materia y la energía tengan la posibilidad de trasmutar hacia algo que nos redima y justifique nuestra burda existencia.

Círculo cerrado, perverso, impenetrable, inamovible. No hay resquicio para la añorada escapatoria. Hasta en aquellos espacios donde es posible conspirar o enmudecer llueve siempre. Una imagen de estos tiempos donde el ser humano deambula gastando su existencia en la búsqueda inútil de la felicidad o el reposo; la realidad nos impele unos contra otros para devenir marionetas de esa mano inasible que ahora denominamos mercado.

El extravío se hace evidente únicamente con la llegada pero no lo acaba; se prolonga en todos los sitios, en todos los momentos. Ulises solo importa por su larga aventura antes de arribar a Ítaca, el resto es silencio y molicie; complacencia por el trayecto recorrido pero ya no camino, sendero, tormenta. La certidumbre es el mal que acaba con el planeta; el regodeo y el amor de los saciados conspiran contra la duda que es el verdadero motor de la historia. Más daño hacen aquellos que saben dónde llegar que los que inauguran nueva casa en cualquier parte llevando, en su morral, toda la tristeza y el desánimo del mundo pero, a la vez, toda la lujuria de la vida.

La Editorial K-Oz leal a su nombre y razón de ser presenta este poemario para sacudir la inercia amodorrante de los poetas oficiantes del canon y el rating; para conmover la calma de los poetas de oficio pero sin propuestas; para agitar las aguas putrefactas de los círculos de iniciados y sus acólitos. Nada detendrá esta labor solidaria mientras exista aquella poesía que justifique nuestro papel; ningún discurso almibarado desviará el trayecto incierto pero instigador de la editorial K-Oz que una vez más recupera a aquel otro extraviado que nos dejó su Zaguán de aluminio como un mapa para imaginar una salida y como antídoto para evitar que el olvido nos corroa en sus entrañas.

domingo, julio 23, 2006

¿Una propuesta inicial?

Algunos escritores que se refugian en los círculos consideran su deber -cual sacerdotes- defender el templo de las hordas salvajes que arre-meten contra "La Literatura y el cannon".
El templo, símbolo de los iniciados en cualquier culto, al que no tienen acceso los profanos, es el reducto del cír­culo y la representación del poder por delegación de la divi­nidad.
Los sacerdotes son los detentadores del saber (del canon), los que poseen la verdad para difundirla entre los impíos, los que encarnan el conocimiento y defienden la estructura social, son los cuidadores de la forma porque también ella reviste la jerarquía.
Los rituales de iniciación son actos para demarcar la repartición de los conocimientos; la ocultación está siempre presente en el carácter de lo sagrado y eterno.
Demostrar la imposibilidad de cambiar las estructuras es la misión de los sacerdotes, impedir que los fieles o devotos de la divinidad interpelen o cuestionen el orden de las cosas es su tarea fundamental. Esta imagen devela la concepción ciertos "inicia­dos" sobre la Literatura.
Pero la literatura está más allá de los denodados esfuer­zos de nuestros druidas cacofónicos; se presenta en la vida y se expresa en la obra de aquellos que cuestionaron a toda hora, la función de los tem­plos; en los sur­realistas que quebraron con sus propuestas la cacareada división entre la vida y la literatura.
La propuesta es destruir el templo, hacer que exista la litera­tura entre la espalda y el esternón de cada ser humano, des­mitificar el hecho creador, negarse a ser parte de an­tiguos irreverentes claudicantes.
La crítica no se la hace desde la oficialidad, tampoco desde los círculos de amigos para las publicaciones ni desde la reverencia a la forma.
Aquellos que se levantaron contra los grupos preciosistas ahora se yerguen como los defensores de lo bello; sin considerar que lo hermoso está en la vida no únicamente en la palabra, que la angustia no es bella por estar retratada magistralmente en una obra literaria sino, que es hermosa porque surca el límite que existe entre la resignación y la insubor­dinación lo que la convierte en tirajebe o sometimiento. Eso es lo maravilloso de la palabra, de la literatura y de la vida.
Por eso nuestra irrupción dentro del mundo de los blog para debatir, cuestionar, criticar, confrontar, difundir, fraternizar, compartir. Una larga vida a este espacio...