

Convocar, provocar y demoler; para mirar asombrados que aquellas verdades con las cuales crecimos no son más que una de las múltiples vertientes del discurso. Que la vida y el universo están en nosotros como un resumen que recrea y potencia el macroformato; no somos una casualidad; hemos inventado el mundo para habitar nuestros sueños.
Por eso citamos y provocamos, por ello no formamos parte de ninguna secta; somos una comunidad de comunidades de escritores; cada una es el centro, cada quién tiene su propio canon y su propuesta; cada quien habita su espacio y lo fecunda; somos una organización de rizomas; una sociedad de caórticos que lucha por crear otras formas de vivir; pretendemos aquello que suena imposible: integrar la vida en el arte para ello contagiamos e inoculamos el virus de la sospecha y reactivamos el de la imaginación.
Son tiempos de cambios, de demoler el canon impuesto, las reglas, las leyes y las instituciones que nos desvalorizaron que nos impidieron reconocernos en nuestra potencialidad que nos coartaron la posibilidad de soñar con nuestros propios mitos; es el tiempo de la reconstitución de las historias, de los paradigmas y las formas de relacionarnos; que cada quien construya su propia teoría; que se aprovisione de sus más preciados sueños que comenzamos la travesía de la incertidumbre y el apertrechamiento propio; no existen ni maestros ni iluminados lo único que se presenta en el espacio-tiempo son las oportunidades y el silencio; la propuesta y la construcción de nuevas sensibilidades; no queremos festinarnos este cuerpo azul celeste que vaga por el espacio; no tendremos otra oportunidad.

Somos todos los senderos que nos llevan hacia el exilio voluntario y todas las voces de los que nos quedamos; todas las visiones que nos permiten creer en el ser humano; no estamos y nunca nos hemos desencantado; no hemos renunciado ni pretendemos retirarnos del escenario de la palabra porque nuestra es la vida[1], como diría uno de los espíritus más vigorosos que está con nosotros y nos acompaña; porque tanta vida y jamás...[2] como aseguraría otro; tenemos la certeza de que no inauguramos nada; que nadie pretenda la consagración porque el festival de incensarios está en otra parte; que nunca nadie ose determinarnos las consignas tenemos las nuestras, aquellas que nos permiten batallar por la subsistencia sin declarar jamás la derrota a pesar de morir en los suelos baldíos de alguna urbe con pretensiones cosmopolitas; somos y seremos como la paja de páramo que vuelve a crecer –aún a pesar nuestro-.
Esta propuesta es el resultado de un largo trajinar; de una serie de eventos fallidos

A pesar de todas las provocaciones, los olvidos y las ausencias; o por esos mismos síntomas persistimos, no cejamos en nuestro empeño; que los textos se los lleve el olvido o la reluciente mirada del asombro; pues la poesía no camina de la mano de los profesionales de la palabra; está en todos nosotros y nosotras.
Que así se mantenga.
Quito, 28 de noviembre del 2008
[1] Poemario de Rafael Larrea. Quito, 1943-1995
[2] Antología poética de Alfonso Chávez Jara. Riobamba, 1956-1992